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El Pritzker 2009, el galardón en la periferia

Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires/Reproducción
Buenos Aires acoge por primera vez la entrega del premio Pritzker.

Sol Lauria
Buenos Aires, Argentina

El premio Pritzker este año vino con sorpresas. Dos muy evidentes: el laureado y la sede de la ceremonia de premiación. Peter Zumthor y Buenos Aires. Un arquitecto suizo solitario y una ciudad latinoamericana alejada del lugar de las decisiones.

Zumthor, el ebanista que se convirtió en arquitecto, el creador de lugares más que de edificios, el moderno con calidez, es, por lo menos, inusual. Tanto como el rincón del mundo en que va a recibir el premio el próximo 29 de mayo: es la primera vez en 30 años de historia que se entrega en un país de América del Sur (solo una vez se realizó en un país de habla hispana, México). La periferia del mapa para la periferia de la creación.

Ambas rarezas son aplaudidas con insistencia por la totalidad de los arquitectos argentinos y especialistas consultados por Terra Magazine. Casi más la primera que la segunda.

Es que este hijo de carpintero que estudió diseño en el Pratt Institute de Nueva York antes de ser lo que es hoy, "no es un arquitecto del mercado, es más filosófico". Y la mirada embelesada de Julio Solsona, que también recibió su premio: el Konex por el mérito en esa disciplina, parece disfrutar lo mismo que las de Clorindo Testa, Roberto Frangella, Daniel Silberfaden, Juan Manuel Llauró, Alberto Varas, Alberto Bellucci y Mario Boscoboinik.

Todos ellos le dan el crédito que el propiciador de Las Termas de Vals (1996) aun persigue: "Quiero ser el autor de todos mis edificios", ha declarado Zumthor. Así es según Solsona, también profesor de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y autor de numerosos libros y artículos: "Cada pieza de Zumthor es inédita". Es más, considera que el hecho de que el dedo del jurado se haya posado en el artífice del Museo de Arte de la ciudad de Bregenz (Austria), deja un mensaje: "¡Atención! La arquitectura no pasa solamente por lo espectacular; pasa por el diseño, por el buen gusto, por las proporciones, por la composición, por una sensibilidad en relación a los materiales".

Y quien mira a Zumthor se pregunta por su mirada. Él, simple, sutil, evidente, dijo alguna vez que cree "en mantener la mirada capaz de ver y el espíritu capaz de cambiar".

Palabras claras para una meta algo complicada.

Si el premio tiene prestigio, para el presidente de la Sociedad Central de Arquitectos (SCA), Daniel Silberfaden, es Zumthor el que prestigia al premio. Y "la disciplina" también, "con un mensaje de gran sensibilidad y buenas ideas". Juan Manuel Llauró, otro reconocido arquitecto argentino, coincide y ensalza al hombre que "es la ponderación de un contenido de interioridad y proyección espiritual encuadrado en una tectónica estricta".

A los ojos del presidente del Museo Nacional de Arte Decorativo, Alberto Bellucci, Zumthor es sinónimo de "las pequeñas formas", de "una arquitectura madura, profunda, humanista".

El laureado será un solitario, por condición artística y por vivir en un pueblito suizo de 900 habitantes (Haldenstein), pero, al menos en Argentina, no tiene detractores. Tal vez se haya cumplido su presagio: "Las cosas buenas prevalecen, solo hay que tener un poco de paciencia".

Y vendrá a Argentina. En un "reconocimiento" por parte de la organización "a la importancia que lo arquitectónico tiene en el país y su proyección especialmente en Latinoamérica", para Llauró. Su colega Mario Boscoboinik agrega que es una "oportunidad" para "instalar en la agenda cultural de la ciudad el tema de la arquitectura". Y otro que se alzó con el Konex, el arquitecto Alberto Varas, también opina que "sí vale la pena entregar el premio Pritzker a la arquitectura en Buenos Aires. Es una manera de jerarquizarla como ciudad latinoamericana de cultura". Y no duda que el evento hará su aporte a la "cultura arquitectónica local", porque "provocará un debate más amplio sobre la arquitectura contemporánea y, también, sobre los procesos de globalización frente a las culturas locales".

Solsona festeja la coincidencia Zumthor- Buenos Aires: "Es un tipo que ha construido poco, pero todo está cargado de mensajes, de austeridad, de filosofía, de buenas ideas. Creo que va a dejar naturalmente de hecho un mensaje de austeridad, que no es aburrimiento ni pobreza. Es creatividad con austeridad, que me parece muy oportuna en un mundo y en un mercado como es el de Buenos Aires, siempre tan predispuesto al show. Contra el show y contra la preocupación por llamar la atención, viene un señor al que le dan un premio importante, que construye poco pero bien". Coincidencia que no asoma como tal en el marco de una resonante crisis mundial.

Todos de acuerdo. Que honor tenerlo en casa a Zumthor, pero ¿se podrá quedar el Pritzker en casa alguna vez? ¿Quién se lo merece?

Bellucci, casi en una íntima confesión, cuenta que ni bien se enteró que el trajín iba a ser en el país pensó en Cesar Pelli, el ideólogo de las Torres Petronas en Kuala Lumpur, "si se quiere, el más papabile". Aunque en su interior, le haría el homenaje al recientemente fallecido José Ignacio Díaz, "que ha revolucionado a puro ladrillo y corazón el centro de Córdoba, un hombre humilde y querido, de pura sensibilidad".

Silberfaden grita los nombres que muchos más soltarán después: Clorindo Testa y Mario Roberto Álvarez. ¿Las razones? "Han construido una trayectoria poco menos que irrepetible y han marcado con su obra a la arquitectura y a las ciudades donde se construyeron, muchas de ellas son paso obligado de turistas, arquitectos e investigadores. Cualquiera de ellos pueden ser un premio Pritzker sin desentonar", firma y reafirma.

Roberto Frangella asiente, porque Testa "alcanza un nivel de excelencia y originalidad que lo distinguen". Y de paso mete una sugerencia al jurado: "Me gustaría que también fuera reconocida la arquitectura que tiene preocupaciones por los valores solidarios, que se dedica a construir el hábitat social de los hombres en plenitud, que busca el bienestar común y el habitar para todos por igual".

Como sea, sin un escritor como Jorge Luis Borges para el Nóbel, Argentina se prepara. Al menos así se deduce de los preparativos que el gerente general de Palacio Duhau - Park Hyatt Buenos Aires, Antonio Álvarez, enumeró a Terra Magazine. Más de 200 invitados llegarán a la Reina del Plata ésta semana. No son curiosos ni improvisados, según este hombre que tiene a su cargo la organización: "Son reconocidos arquitectos a nivel mundial, ex-premiados, jurados, y referentes de la arquitectura". Los van a llevar a un tour arquitectónico por la ciudad el mismo viernes 29 por la mañana. A la tarde, dos de los edificios más bellos -la Legislatura porteña y el Palacio San Martín- serán sede de la ceremonia de premiación del galardón.

Al candidato local más señalado para ese merecimiento lo pone feliz la idea de encontrarse con sus colegas. Tal como es, un poco parecido a Zumthor tal vez, Testa se ríe un poco de la grandilocuencia: "Se eligió este lugar, cosa que está muy bien porque le da la oportunidad a uno de ver a gente que hace mucho no ve, pero no creo que signifique nada particular para la arquitectura local. Sucede acá como podría haber sido en otro lado".

Y la voz del Testa experimentado, sencillo, le gana terreno al arquitecto y al artista en una interpretación de la etiqueta que no podría ser de nadie más. Auto expresivo, evita la prolijidad superflua y lanza el comentario para la risa: "La tarjeta decía black tie... Yo no sé, creo que tengo un esmoquin de cuando tenía 16 años, dudo que me entre... ¿Me podré poner una corbata negra".

Las opiniones expresadas aquí son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente están de acuerdo con los criterios editoriales de Terra Magazine.

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