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EFE
Un hombre muestra material de propaganda alusiva al referendo revocatorio, en una plaza de Cochabamba.
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Helen Álvarez Virreira
La Paz (Bolivia)
El referéndum revocatorio de mandato encuentra a Bolivia con sectores de la población que en los últimos dos años han sido protagonistas de conquistas y conflictos ¿como campesinos, indígenas y organizaciones de trabajadores-, otros que siguen desplazados e ignorados por las élites políticas de derecha e izquierda y algunos más que avanzan en su empeño de visibilizarse.
En esos sectores visibles y mayoritarios de la población se ha manifestado también una polarización ideológica, lo que ha dado lugar a que, por ejemplo, los campesinos, por un lado, respalden las acciones gubernamentales con su presencia masiva en los lugares adonde han sido convocados por el Poder Ejecutivo y que, por el otro lado, los opositores de la administración de Evo Morales cuenten con el apoyo de algunas fracciones.
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Ha ocurrido lo mismo con diferentes sectores de trabajadores que han llegado al extremo de contar con direcciones paralelas. Es el caso de las centrales obreras departamentales, especialmente las de los departamentos donde hay mayor oposición al gobierno.
En el lado opuesto están otras organizaciones como la de trabajadoras del hogar que, luego de varios años, consiguió la promulgación de la Ley del Trabajo Doméstico Asalariado, el 9 de abril de 2003. Ahora en cambio están relegadas de la actividad política.
La secretaria ejecutiva de la Federación de Trabajadoras del Hogar de La Paz, Emiliana Quispe, cree que esa situación seguirá igual, con referéndum o sin él, porque no hay la voluntad política del gobierno de hacer cumplir la ley que les demandó años de lucha. Ella admite que, tras la aprobación de la norma, su sector no hizo un seguimiento de su conquista; pero también critica a quienes ahora ocupan cargos jerárquicos en el gobierno, como el mismo Presidente, que las apoyaron cuando formaban parte de la bancada parlamentaria opositora en la gestión del ex presidente Gonzalo Sánchez de Lozada y hoy en día no las toman en cuenta.
En su sector ha habido muy poca discusión sobre el referéndum revocatorio de mandato, lo que puede atribuirse, dice, a que las trabajadoras del hogar "casi no son políticas". A pesar de ello, Quispe votará en blanco, pues no cree en el proceso.
No obstante, ella también manifiesta su temor a que "gane la derecha", a la que identifica con los prefectos, máximas autoridades departamentales, que se oponen al gobierno de Evo Morales. "Si gana la derecha van a molestar a los indígenas", sostiene, aunque también considera que, sean cuales fueran los resultados, la crisis política puede empeorar después del revocatorio.
Otro sector que no cree en el referéndum revocatorio es la Asociación de Niños, Niñas y Adolescentes Trabajadores (Asonats) de la ciudad de El Alto, sobre todo porque el proceso ha significado la falta de atención a las demandas de diferentes sectores, sostiene José Luis Rodríguez, secretario ejecutivo de esa organización que está afiliada a la Centra Obrera Regional de la urbe alteña.
Primero ha sido la redacción del proyecto de nueva Constitución Política del Estado, luego las autonomías departamentales y ahora el referéndum revocatorio, mientras que todavía no se cumple la "agenda de octubre" de 2003 (nacionalización de los hidrocarburos y juicio de responsabilidades a Sánchez de Lozada por la masacre de 67 personas), reclama el joven que este año cumplió 18 años y que votará por primera vez al haber llegado a la mayoría de edad.
Para Rodríguez, el revocatorio está sirviendo para polarizar a la población: "estás con el gobierno o estás con el Prefecto". Sin embargo, también cree que es el momento adecuado para que los movimientos sociales reflexionen internamente sobre lo que más le conviene al país y que luego haya una coordinación entre organizaciones para hacer prevalecer los intereses de la población. En el caso de las Asonats, dice, lo que se busca es que los niños, niñas y adolescentes tengan más y mejores oportunidades de estudio y de profesionalización. Este tema fue discutido en el encuentro que tuvo la niñez y adolescencia trabajadora de El Alto.
El joven prefiere mantener el secreto del voto, aunque indica que lo mejor sería dejar las cosas tal como están, es decir ratificar a todas las autoridades.
Diferente es el criterio de Marfa Inofuentes, presidenta del movimiento cultural Saya Afroboliviana. Para ella el referéndum revocatorio es positivo y hay que apoyarlo, ya que forma parte del proceso de cambio que impulsa el gobierno de Evo Morales, pues ahora "existe la posibilidad de que el pueblo decida" sobre sus autoridades.
Aunque no cree que los resultados sirvan para dar solución a la crisis política, sí considera que servirán para que la misma población vea por dónde y hacia dónde avanzar, y también para develar los intereses económicos que existen tras de la oposición que pone todo tipo de obstáculos al gobierno.
La organización se reunió, hace unos días, para evaluar el referéndum y asumir una posición, y lo que determinaron es apoyar al proceso y a la administración de Morales, pese a que el Movimiento Al Socialismo (MAS), el partido en función de gobierno, los marginó cuando nominaron a sus candidatos para asambleístas. Eso ha cambiado, asegura Inofuentes, ya que ahora diferentes autoridades los convocan a encuentros donde se discuten temas que hacen a la definición de políticas nacionales.
La comunidad afroboliviana está integrada por unas 30.000 personas, aunque los datos no son oficiales, ya que el Instituto Nacional de Estadística (INE) no las tomó en cuenta para el último censo que se realizó en 2001. La mayor parte se encuentra en la región de los Yungas de La Paz y muchos han emigrado hacia los departamentos de Cochabamba y Santa Cruz.
En el lado opuesto está Juliana Maydana. Ella ha decidido "no participar en nada", aunque esta afirmación no refleja lo que ella hace, pues como estudiante de la Universidad Pública de El Alto (UPEA) y ex trabajadora del hogar, que padece una pérdida gradual de la visión, está organizando a las mujeres estudiantes con discapacidad visual para, entre todas, hacerse escuchar por los dirigentes de las organizaciones alteñas que las discriminan y las ignoran.
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