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Ignacio Echevarría: "Criticar bestsellers es una pérdida de tiempo"

Cortesía
Ignacio Echevarría es curador de la obra póstuma del gran escritor chileno Roberto Bolaño.

Maximiliano Tomas
Buenos Aires, Argentina

Ignacio Echevarría (Barcelona, 1960) es, quizás, el crítico literario más importante en lengua española. Por más de una década y hasta 2004 ejerció su oficio en el suplemento cultural Babelia, del diario español El País, hasta que escribió una durísima reseña de la novela El hijo del acordeonista, del escritor vasco Bernardo Atxaga. El libro había sido publicado por Alfaguara (que a través de Santillana pertenece al Grupo Prisa, al igual que El País), y era la gran apuesta de la editorial para esa temporada. Por lo que la crítica no sólo no cayó bien, sino que decantó en su alejamiento del periódico madrileño. Echevarría fue, también, el mayor difusor de la literatura latinoamericana en España: con sus reseñas dio visibilidad y circulación a la obra de autores como Roberto Bolaño, César Aira, Fogwill, Rodrigo Rey Rosa y Juan Villoro, entre otros. Algunos de esos artículos están recogidos en el libro Desvíos (un recorrido crítico por la reciente narrativa latinoamericana). Dos años antes había compilado sus intervenciones sobre literatura hispánica en Trayecto. Un recorrido por la reciente narrativa española.

Entrevista

Terra Magazine: Usted ha afirmado hace poco que el periodista cultural es la figura epigonal o residual de la del crítico literario. Lo que presupone que el de crítico es un oficio en extinción. ¿Qué cambios se dieron en las últimas décadas para que esto suceda?
Echevarría: Han sido cambios de toda suerte, motivados, antes que nada, por el sometimiento progresivo de la prensa a las consignas -y no sólo a las dinámicas- de la industria cultural, con lo que ello comporta de obviamiento de toda función crítica. Pero la pérdida de relevancia de la crítica literaria, en particular, tiene que ver, además, con un progresivo desplazamiento de la literatura hacia una posición marginal dentro del sistema de la cultura contemporánea. Y esa posición marginal no obedece tanto a la hegemonía de los medios audiovisuales, como tan a menudo se suele decir, como a la desactivación de la literatura (y, en general, de toda expresión artística) a consecuencia de su confinamiento en un terreno segregado de las tensiones sociales, un ámbito presuntamente autónomo en el que sólo le cabe cumplir una función recreativa o decorativa.

Terra magazine: También suele decir que la única posibilidad de salvación de la crítica es que "vuelva a encarnar en lo social". ¿Cómo sería eso? ¿Un retorno, tal vez, a la figura del intelectual público de los años 60?
Echevarría: No estaría mal eso último. Pero no, no creo en los retornos. Prefiero pensar, más humildemente, y más utópicamente también, en la posibilidad de una crítica dispuesta a romper con ese confinamiento al que acabo de aludir. Una crítica capaz de reencarnarse en los medios de comunicación (convencionales o emergentes, lo mismo da), pero no a modo de discurso superpuesto, epidérmico, ornamental, sino en igualdad de condiciones, es decir, con voluntad de dar cuenta cabal de lo que está ocurriendo, con voluntad de intervención, de constituir una comunidad de lectores abierta al debate político y estético, indistintamente, reacia a ser instrumentalizada publicitariamente tanto como a constituirse en simple vehículo de un hipotético diálogo mudo entre almas bellas y sensibles.

Terra Magazine: En uno de sus libros escribió que para ser reseñista no hace falta más que la voluntad de serlo. Y luego construir un lugar de autoridad, y la elocuencia para sostener ese discurso crítico. Pero también que el grado de cultura del reseñista es fundamental. En ese sentido: ¿cuáles son, según su opinión, los textos teóricos que un crítico profesional no debería pasar por alto?
Echevarría: Mi mayor referente sigue siendo Walter Benjamin, el crítico más excelente del que tengo noticia, y el que más me sirvió para orientar mi propio quehacer. Pero no tiene sentido hacer recomendaciones en este campo, tanto menos en cuanto todo crítico opera en una tradición determinada, con su propio horizonte de referencias, en función del cual debe encontrar sus propios modelos y antimodelos, sus propias afinidades y antagonismos, a fin de procurarse una retórica eficaz, adecuada a los ecos y resonancias con que van a ser oídas sus palabras.

Terra Magazine: Un verdadero reseñista, dijo, debe tener una suerte de voluntad de servicio, la capacidad y la decisión de orientar a los lectores hacia el interés de un libro por sobre otros, sustentada en una escala de valores éticos y estéticos. Lo que significa que para todo crítico existe la buena y la mala literatura. ¿Cuáles son los elementos que para usted diferencian una de otra?
Echevarría: Sería muy vanidoso, y revelaría una conmovedora candidez por mi parte, pretender dar respuesta a esta pregunta. Me limitaré a señalar -para contribuir al escándalo y a la confusión- que la crítica, al menos la de trinchera, la periodística y afines, opera con criterios móviles, cambiantes, oportunistas, en razón de la coyuntura concreta en que le corresponde actuar, en atención a los ruidos y a las interferencias contra las que le corresponde reaccionar, siempre desde la convicción de que su trabajo no está destinado a la posteridad, sino que es perecedero, que debe asumir la perspectiva del presente, afincarse en lo presente, en el aquí y ahora.

Terra Magazine: Años atrás las publicaciones culturales parecían ser consumidas por un público masivo. Sin embargo, usted dijo hace poco que esos mismos espacios hoy son pequeños guetos que los periódicos mantienen sólo por una cuestión de prestigio. ¿Eran, en verdad, tan leídos antes? Y si es así: ¿es que el público en general perdió definitivamente el interés por la literatura?
Echevarría: Ni una cosa ni la otra. La comparación con los tiempos pasados no puede hacerse en términos cuantitativos. De esa manera siempre sale ganando la cultura de masas, que se caracteriza precisamente por ser masiva. La satisfacción con que algunos editores y funcionarios culturales afirman que hoy se lee más que nunca, que se venden más libros que nunca, no desdice ni rebaja el justificado pesimismo de quienes -como Philip Roth, por poner un caso- piensan que estamos asistiendo al ocaso de cierto tipo de lector. Da igual cuánto se lean las revistas y suplementos culturales (poco, en cualquier caso); de lo que se trata es de su influencia y de su capacidad de oponer un criterio o una resistencia a las consignas de la industria cultural. Es desde este punto de vista desde el que cabe hablar de su inanidad. Y es desde este punto de vista, también, desde el que cabe hablar, como hacíamos antes, de un desplazamiento de la literatura a posiciones marginales, que no es lo mismo que excéntricas o alternativas.

Terra Magazine: ¿Por qué la crítica no se ocupa casi nunca de reseñar bestsellers seriamente, como hace con otro tipo de libros? ¿Estos textos se resisten a una lectura erudita o académica? ¿No sería uno de los mayores desafíos de un reseñista hoy?
Echevarría: Lo característico de los bestsellers es su obediencia, más o menos modulada, al gusto imperante, su carácter prefabricado, hasta cierto punto previsible. No pesa sobre ellos la exigencia de búsqueda y de superación que determina la verdadera conquista literaria, a la que permanece atenta la crítica, obligada, como decía Musil, a "a no consentir la repetición de lo mismo como no sea con un nuevo sentido". Es cierto que determinados éxitos terminan por constituir fenómenos sociales susceptibles de ilustrar tendencias del gusto, de la ideología y de la sentimentalidad de la época, y desde este punto de vista merecen ser analizados. Pero se trata siempre de casos excepcionales: dedicar la atención crítica a los bestsellers (al igual que, en tantas ocasiones, dedicarla a la literatura de género) constituye, en la mayor parte de los casos, una pérdida de tiempo. Cuanto se pueda decir de esos libros, ya está dicho en cierto modo, de igual forma que ellos mismos están, la mayoría de las veces, prescritos. Otra cosa sería que los suplementos culturales tuvieran una sección en la que se peritara desde un punto de vista técnico la mayor o menor aptitud de unos productos comerciales que constituyen para muchos lectores un sucedáneo más o menos plausible de lo que cabe entender por experiencia literaria, limitada tantas veces a un simple entretenimiento.

Terra Magazine: En España, como en muchos otros países, los premios literarios se convocan y fallan bajo un manto de sospecha, cuando no son lisa y llanamente operaciones de marketing y plataformas publicitarias de los sellos editoriales. Teniendo en cuenta el poder que ha perdido la crítica, ¿cómo podría construirse una nueva instancia de legitimación?
Echevarría: Esa es una pregunta a la que los críticos deberían tratar de responder sustentando ellos mismos su propia legitimidad a través de una crítica bien razonada, rigurosa, efectiva. Claro que es difícil que eso ocurra sin el respaldo de los medios de comunicación, que no parecen estar por la labor, más bien lo contrario. Así y todo, el talento individual de un crítico hábil y concienzudo puede ganar parcelas de legitimación sorprendentes, debido sobre todo a que, como no dejo de repetir, el mercado es bastante más necio y se halla bastante más desorientado de lo que presumen quienes tienden a demonizarlo. La cultura plebiscitaria, falsamente democrática en la que nos hallamos sumergidos, añora ella misma instancias legitimadoras, que no se construyen sin embargo por falta de confianza de quienes estarían en condiciones de crearlas, y por la inhibición que en la actualidad pesa sobre todo gesto de autoridad.

Terra Magazine: ¿Cómo ve a la literatura que se produce en algunos países de América Latina, como la Argentina, Chile o Colombia, comparada con la de la metrópoli, la española?
Echevarría: La literatura que circula internacionalmente, por lo general a través de la metrópoli, que impone una difusión radial de los autores que trascienden los circuitos locales, es bastante uniforme, salvadas las excepciones. La única diferencia notable la constituye la literatura argentina, que en mi opinión se halla a un nivel netamente más elevado que el de las restantes tradiciones hispánicas. Hay en Argentina un nivel de reflexión y de problematización del hecho literario que supera con mucho, en conjunto, el que se reconoce en otros países de habla española, empezando por España misma. Fuera de eso, hace ya mucho que vengo diciendo que ocurre un poco como en el fútbol. Hay selecciones que compiten en los circuitos internacionales, y luego está, dentro de cada país, la liga, que constituye un circuito propio, con sus dinámicas propias, desentendido del primero. Son cosas distintas.

Terra Magazine: ¿Por qué creés que un zapatero o un arquitecto pueden vivir del ejercicio de su oficio o profesión y, en la mayoría de los casos, para un escritor eso es imposible?
Echevarría: El problema reside en la presunta artisticidad de la escritura, en su carácter creativo, sujeto en cuanto tal a imperativos que se desentienden del favor del público y de la comercialidad. La tradición romántica, todavía latente en muchas de nuestras concepciones culturales, se ha despreocupado de la figura del escritor profesional, que no se ufana de ser exigente ni novedoso, y que sirve a necesidades que no siempre son estrictamente literarias. Ese escritor (a menudo encuadrado en departamentos editoriales, o periodísticos, o publicitarios) puede ganarse la vida igual de bien, o mejor, que un zapatero, y le resulta más sencillo conseguirlo que a un arquitecto. Otra cosa es que, encima, pretenda que se le reconozca como artista. Por ahí todo empieza a complicarse y a confundirse.

Terra Magazine: Como curador de parte de la obra de Roberto Bolaño. ¿Cuál creés que es el lugar que ocupa y que ocupará este escritor chileno en la literatura hispanoamericana?
Echevarría: Mi tarea como curador de la obra póstuma de Roberto Bolaño concluyó con la publicación de los cuentos y fragmentos recogidos en El secreto del mal. A partir de ahí, la administración del legado de Bolaño permanece en manos de su viuda, asistida por la agencia literaria de Carmen Balcells. Confío en que sepan conducir con todo escrúpulo la publicación de los textos todavía inéditos de este autor, que en cualquier caso -nadie se haga ilusiones- tienen un carácter residual en relación a los ya conocidos. Respecto al lugar que Bolaño ocupa en la literatura hispanoamericana, a la vista está que es un lugar bastante central, y que así será durante bastante tiempo, debido al concurso de muchos factores, algunos extraliterarios, pero otros ligados al modelo de literatura transgenérica y extraterritorial que Bolaño supo acuñar.

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