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Manisero argentino es exitoso comerciante en Nueva York

Reproducción
El Jacob Javits Convention Center, lugar donde se encuentra la concesión más importante de los gastronómicos argentinos Mario Osman y Alejandro Rad.

Pablo Calvi
Nueva York, Estados Unidos

No sólo no es imposible conseguir un buen locro en Nueva York. Ese guiso delicioso que combina granos de maíz, zapallo, chorizo y carne, y que es típico de la región andina en Argentina, encontró su segundo hogar en el distrito de arte de Manhattan. En la calle 26, entre las avenidas 10 y 11, la zona de la ciudad en la que se concentran la mayoría de las galerías de arte, Mario Osman, un licenciado en turismo nacido en Mendoza, Argentina, y devenido chef ambulante, ofrece al mediodía una variedad de sopas argentinas, guisados y hasta empanadas. Y no hay dudas, el suyo es uno de los paradores favoritos de artistas y merchants a la hora del almuerzo.

"Me vine en 1989", cuenta el mendocino mientras estira un crépe sobre la pila caliente. El turismo en aquel entonces no era negocio. "Y me pareció que podíamos empezar algo interesante acá", recuerda. Los comensales llegan de a tres o cuatro en la hora pico, y casi todos tienen un plato favorito. "Lo que más hacemos los martes es locro porque lo pide todo el mundo", dice Osman pausado, con un acento español casi neutro. En especial los días de sopa, Osman se levanta bien temprano para llegar a las cinco de la mañana hasta la central de Nuts 4 Nuts, la empresa de catering de su primo Alejandro Rad, y empezar a preparar su especialidad.

Pero la aventura del catering ambulante no empezó con el locro. "Yo no me aguanté tanto tiempo acá y me volví a Mendoza, pero mi primo se quedó y empezó con un carrito de garrapiñada", cuenta Osman. Hoy, Alejandro ya es dueño de casi un centenar de estos puestitos que no sólo están dispersos por toda la ciudad, sino que son además parte del decorado del Central Park los fines de semana. "Hay dos empresas de gastronomía móvil en el parque y una de ellas es United Nuts, la nuestra", dice Osman con orgullo.

Es cierto. Las almendras y los maníes acaramelados no formaron parte de la dieta neoyorquina hasta mediados de los 80. Fue entonces cuando los primos obtuvieron su primera licencia e instalaron el primer carrito en mid-town, pleno Times Square. "Ahora hay puestos en Wall Street, en los muelles, en el parque, en el distrito de arte y en el Lincoln Center" dice Osman. "Pero lo más importante es que tenemos una concesión muy importante en el Jacob Javits Convention Center", el centro de exposiciones más imponente en Manhattan.

Para Osman y Rad las cosas no fueron fáciles al principio. "Un carrito no gana mucho más de 140 dólares al día, dependiendo el clima", cuenta Rad. "Pero todo además depende de la calidad del vendedor y la locación. No es fácil". Para mantener su negocio, Rad compra más de 3.000 kilos de maní por semana y unos 1.100 de castañas y almendras.

"Claro que los mejores días son los fines de semana", cuenta el empresario, que además, según su primo, siempre se preocupa por ofrecerles trabajo a los compatriotas. "Siempre que se pueda", aclara Osman. "Es que es la tradición, ¿no? Como los tintoreros son japoneses o chinos, los maniseros en Nueva York son casi todos argentinos".

» Hable con Pablo Calvi

Pablo Calvi es un poeta, músico y periodista argentino. En 2001 fue el primer latino en ganar el Pulitzer Travelling Fellowship otorgado por la Universidad de Columbia. Ese mismo año obtuvo su master cum laude en periodismo en esa misma universidad. Reside en Nueva York, también lo hizo en París, Phnom Pen y La Paz.

Las opiniones expresadas aquí son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente están de acuerdo con los criterios editoriales de Terra Magazine.

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