Terra
Terra
 
 

Terra Magazine

› Terra Magazine › Cultura

Bolivia busca recuperar lenguas en riesgo de extinción

AFP
El proyecto de nueva Constitución boliviana propone, aparte del castellano, otras 36 lenguas con status de "oficiales".

Helen Álvarez Virreira
La Paz, Bolivia

¿Cuántas lenguas están en peligro de extinción en Bolivia? Ese es un dato del que no se tiene certeza, aunque se estima que están entre 28 y 32; empero, en esos números no están considerados los dialectos. La gente de los pueblos indígenas tampoco sabe de cifras exactas, pero es conciente de que sus lenguas agonizan y por ello, desde hace tres años, han emprendido la recuperación escrita de idiomas que son de tradición oral. Es el caso de los tacana, uno de los pueblos indígenas más antiguos que habitan la ecorregión de la Amazonia; en Bolivia, se encuentran en el norte del departamento de La Paz y en parte de Pando y Beni.

Según el Censo 2001, había 3.452 tacanas y aunque los especialistas indican que se necesitan más de 100 mil hablantes para que una lengua pueda sobrevivir a largo plazo, eso no los ha desanimado y ahora, con el apoyo de lingüistas y especialistas, están definiendo las normas para la escritura y enseñanza de su idioma. Ya aprobaron su alfabeto, están recuperando su vocabulario, y además han reunido a las personas adultas mayores para que nombren las cosas nuevas, explica la antropóloga Kantuta Lara, coordinadora de Fortalecimiento con Organizaciones de Base de la Sociedad para la Conservación de la Vida Silvestre (WCS, por sus siglas en inglés).

Simultáneamente, están haciendo las gestiones en el Ministerio de Educación para la incorporación de su lengua a la curricula escolar; mientras, solicitaron la designación de profesores del lugar para sus escuelas, porque hasta ahora sólo tuvieron maestros aymaras y quechuas.

Los yurakarés también quieren mantener "viva" su lengua. Ellos están más adelantados porque ya tenían alfabeto y textos propuestos por la misión evangélica Nuevas Tribus, que llegó a su región a mediados del siglo XX; sobre esa base, en julio del año pasado, los representantes de más de 20 comunidades se reunieron para consensuar un abecedario único y definir las normas de su escritura. La mayor parte de los integrantes de este grupo étnico habita en el departamento del Beni y en la zona del Chapare en Cochabamba; hasta el 2001 había 1.366 yurakarés.

En el caso de los sirionó, explica Lara, la gran labor la hizo Tomás Anderson, un misionero de la Iglesia Central del Evangelio Cuadrangular, que en los años veinte tradujo la Biblia y los evangelizó en su idioma. La lengua se habla, aunque, según el Censo, sólo quedan 133 indígenas de esa etnia y la mayoría son descendientes que habitan regiones de los departamentos de Beni y Santa Cruz.

En la memoria de los ancianos

No corrieron la misma suerte otros idiomas de las tierras bajas de Bolivia como el moxeño, el baure, el canichana y el moré que actualmente sólo los conocen generaciones de 20 años para arriba; el leco sólo es conocido por gente de más de 40 años. El problema es que estas lenguas no se practican. En la recuperación del cavineño está trabajando un grupo de especialistas franceses, y antes de pensar en la lengua primero se está tratando de salvar de la tuberculosis a los pocos yuqui que quedan, 112 hasta el año 2001. Una de las grandes dificultades para mantener vivas estas lenguas es que se necesita gente y muchos talleres, pues no sólo se trata de recuperar el vocabulario, sino, sobre todo, las estructuras gramaticales. Esto se consigue, especialmente, trabajando con las personas más ancianas de las comunidades que son las que aún guardan el conocimiento ancestral de su lengua y son "hablantes"; pero son pocas y la memoria las traiciona, además de que se cansan rápidamente. Hasta el año pasado sólo dos personas hablaban el itonama y seis el guarasu'we.

En el occidente del país, el chipaya Juan Condori ha recuperado su alfabeto y su gramática, y enseña su lengua en la Universidad Técnica de Oruro, tanto a los estudiantes como a investigadores que trabajan en la protección de la cultura chipaya, considerada la más antigua de América, señala Dolores Charal, directora general de Formación e Investigación en Culturas, dependiente del Viceministerio de Culturas. Este grupo étnico habita la región próxima al Salar de Coipasa, a orillas del río Lauca, en el departamento de Oruro. No se sabe cuántos chipayas existen, ya que el Censo del 2001 los mezcló junto con los uru-chipaya, los murato y los uruito, que suman en conjunto 1.190.

En el occidente también se está recuperado el uchu mataku, la lengua de los uruito, y el machajuyai, que es hablado por los kallawayas, una cultura indígena originaria del departamento de La Paz, conocida por el estudio y ejercicio de la medicina tradicional. De esta última, el investigador Dick Ibarra Grasso, en su libro Lenguas Indígenas de Bolivia, dice que puede ser un dialecto del puquina, lengua prehispánica extinta.

Charal, una indígena aymara hablante, señala que el propósito también es recuperar y preservar los dialectos por escrito. Por ejemplo, dice, la lengua de los aymaras, la segunda mayoría indígena en Bolivia, con más dos millones de personas autoidentificadas, tiene variaciones de acuerdo a las regiones donde se habla, y ocurre lo mismo con el quechua, grupo étnico integrado por más de dos millones y medio de habitantes, y con el guaraní, que es hablado por unas 77 mil personas.

36 idiomas en el proyecto de Constitución

La recuperación escrita de las lenguas es una primera fase y luego viene otra que también es compleja, la de la valoración, a fin de que la gente que sabe estos idiomas los practique y los transmita a las siguientes generaciones. Lara destaca que, al menos en las tierras bajas, la iniciativa de preservar las lenguas es de las mismas poblaciones indígenas. Al principio su intención era que la enseñanza sea en su idioma, pero al no existir la representación escrita iniciaron el proceso de

La inclusión de 36 lenguas indígenas como idiomas oficiales del Estado boliviano, además del castellano, en la propuesta de la Asamblea Constituyente para el nuevo texto constitucional, que será llevado a referéndum, le dio un nuevo impulso al salvataje de las lenguas en riesgo de desaparecer. El inciso II del artículo 5 dice que "el gobierno plurinacional y los gobiernos departamentales deben utilizar al menos dos idiomas oficiales. Uno de ellos debe ser el castellano...".

En 1990, los indígenas sirionó, moxeños, movimas y yuracarés, gestaron y comandaron la "Marcha por el Territorio y la Dignidad, donde por primera vez se pidió la convocatoria a una Asamblea Constituyente. En este escenario, el Viceministerio de Desarrollo de Culturas ha emprendido la realización de tres mesas de trabajo, la primera de salvaguarda y protección de las lenguas y la segunda de políticas estatales en este tema. La tercera mesa se encargará de registrar la diversidad de lenguas.

Falta mucho por consensuar, sostuvo la Directora General de Formación e Investigación en Culturas, pero el trabajo ya comenzó. Inicialmente, la coordinación se realizó entre la Cancillería de la República, los ministerios de Educación y Salud y el Servicio Nacional de Propiedad Intelectual; pero desde el año pasado fueron incorporadas las prefecturas y los municipios de todo el país para la salvaguarda del "tesoro humano vivo" en cada uno de los nueve departamentos del país.

Las opiniones expresadas aquí son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente están de acuerdo con los criterios editoriales de Terra Magazine.

Terra Magazine

Terra Magazine América Latina, Vea las ediciones en español