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Pisco empieza a enterrar a sus muertos en medio de temblores

Paola Ugaz/Terra Magazine
Elsa Samame pintó la lápida de su mejor amiga, Agatha Granda.

Paola Ugaz
enviada especial a Pisco, Perú

Luego del terremoto de 7,9 grados en la escala de Richter que ha dejado más de 600 muertos, el otrora puerto colonial de Pisco sigue temblando: ayer hubieron diez sismos que asustaron a la ya atemorizada población que duerme en las calles desafiando al frío y petrificada de espanto de que venga otra vez el gran sacudón.

La gran cantidad de víctimas mortales -en este puerto que da el nombre a la bebida bandera de Perú- ha sumido en el colapso al cementerio de Pisco que no tiene capacidad para guarecer a todos, lo que ha causado que sus familiares aumenten aun más sus pesares, según pudo comprobar Terra Magazine.

Es por ello, que ante los reclamos de los familiares tuvo que intervenir el ejército que con un gigante cargador frontal ubicó un espacio en la trasera del departamento de Pisco donde empezaron a toda máquina a remover la tierra y a instalar los nichos donde serían enterradas las víctimas.

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El caos en el cementerio fue de tal magnitud que se mezclaban a los dolientes, decenas de ataúdes, lápidas hechas de barro y agua, cruces de caña, los militares y a las autoridades de la Beneficencia Pública de Pisco (entidad encargada de los cementerios); que se ha tenido que establecer un cronograma de entierros que durará hasta el próximo domingo.

La tierra removida -una vez más- del cementerio pisqueño con ayuda del cargador frontal que manejan los militares y el medidor en centímetros de Alipio Rueda buscan encontrar lugar a los centenares de víctimas, porque según señaló a Terra Magazine, "a todos los apuros que tenemos, se suma el del Ministerio de Salud que ha ordenado que se entierren rápido a todos para evitar las epidemias".

Los familiares de los muertos se han transformado de la noche a la mañana en elaboradores de ataúdes de madera, de lápidas de barro, diseñadores de las mismas, cargadores y provistos de azadas se meten a hacer los nichos donde quepan los féretros de 2,20 metros, así como también se encargan del cierre de la misma.

Durante el entierro de la anciana Antonia Lévano de 72 años, su hija Bertha Manco de Lévano explicó que "no han recibido ninguna ayuda en alimentos, sólo me dieron este nicho, el ataúd lo hizo un sobrino con las maderas de nuestra casa, nos quedamos sin nada".

En tanto, Luis Miguel Reyes de 16 años, carga el ataúd de su querida tía Rosita, que -según explica- lo crió como si fuera su mamá, "yo he hecho todo, el ataúd todo y ahora quiero que descanse como merece y adornaré su tumba con sus flores favoritas".

Pedro Bolívar, de 25 años, no se quiere separar del ataúd al que mira con los ojos empañados, porque -dijo a Terra Magazine-, allí yace su esposa Yesenia de 24 años y la madre de su hijo de 6 años: "ella murió cuando se cayó la Iglesia San Clemente, durante la misa de difuntos del señor Alejandro Espino".

Karen Artaza, es otra de las huérfanas del desastre, que no encuentra tranquilidad a la vida que debe comenzar luego de perder todo: "no sé que seguirá después, me siento como una muerta en vida, ahora quiero que mi mamá descanse en paz".

Para Marco Antonio Cajas, la muerte de su padre en la Iglesia de San Clemente "no es un impedimento para que sea enterrado como Dios manda, por eso es que pelearemos por un nicho, que nos están negando desde ayer".

Elsa Samame, de 14 años, se destaca por su destreza al pintar la lápida de Agatha -su mejor amiga y que falleció aplastada por una pared- y decorarla con flores celestes, "como a ella le gustaría".

La hora de los milagros

No todo en Pisco es llanto, desolación y frustración. También han ocurrido milagros tras los estragos del terremoto, considerado uno de los más fuertes que ha asolado el país andino en su historia.

Marlene Navarro, de 41 años, no puede evitar sonreír al responder cómo paso el terremoto: "comenzó el sismo y yo estaba con mi hijita en mi cuarto, y en eso se cayó una pared del vecino a la derecha nuestro, nos movimos hacia el otro lado y en eso, nos cae encima el techo de mi casa, que gracias a Dios era de cartón, entonces al caer la pared de la izquierda no nos pasó nada, salvo este moretón en mi pierna derecha".

"Nos protegió el techo de cartón, y yo que soy gordita protegí con mi cuerpo a mi bebé, a partir de ahora me llamaré Marlene Milagros", agregó.

Otro de los afortunados es el sacerdote peruano José Torres, de 39 años, quien celebraba la misa de difuntos en la Iglesia San Clemente de Pisco, cuando ocurrió el terremoto que causó que se caiga el techo encima de decenas de personas. Él estuvo sepultado durante más de 24 horas y fue salvado a las primeras horas del viernes.

Torres, de la orden diocesana, se salvó porque tras la caída del techo se formó una cueva a su alrededor que le sirvió de refugio temporal y ahora sólo tiene una escayola en su brazo derecho y se le ha internado en el hospital San Juan de Dios.

El religioso relató que tras el sismo se abrazó a una columna de concreto y perdió el conocimiento, luego, cuando pasaron unas horas, fue despertado por otros sobrevivientes que buscaban un refugio seguro "porque la Iglesia seguía desmoronándose".

En la Iglesia que data del siglo XVIII, los grupos de rescate junto a 8 perros ya han recogido unos 70 cadáveres y la ceremonia siempre es la misma: una vez rescatado el cadáver se lleva al centro de la Plaza de Armas, donde los familiares que buscan a sus desaparecidos intentan identificarlos pese a la descomposición de los cuerpos y los golpes que sufrieron al morir.

También se les saca un diente al difunto y se compara con el de otro familiar; en el instante en que se le entrega la víctima junto a un documento para que tenga un espacio en el cementerio de Pisco.

Otro de los milagros lo constituyó la aparición de un bebé -aún no identificado- salvado por un pisqueño horas después de la catástrofe y que hoy entregó a las autoridades el espontáneo rescatista Rómulo Palomino, quien llegó a la acabada Iglesia San Clemente a buscar a sus padres.

"Vine de Paracas a Pisco corriendo entre casas derrumbadas y el agua que se había salido por el maretazo. Pensé que estaba muerto, lo levanté con cuidado y noté que su corazón latía. Lo limpié y ahí empezó a estornudar y llorar", relató Palomino.

Palomino, junto a su hijo, trabajaron removiendo los escombros y comenta que en siete horas hallo 20 cadáveres. "Era un milagro que hubiera sobrevivido tantas horas respirando solo polvo y muerte", agregó al tiempo que aclaró que su hijo José llevo al bebé al hospital San Juan de Dios, pero que nadie le hizo caso, así que lo dejó hasta hoy al cuidado de su esposa en Paracas.

Por último, Palomino dice que "es el consuelo que llevaré para toda mi vida, porque encontré a mis padres tomados de la mano, pero ya cadáveres".

Por otro lado, el presidente Alan García presentó hoy a un bebé que nació en la madrugada del sábado en un hospital de campaña y al que sus padres le pondrán de nombre Jesús. García, cargando al bebé en brazos, dijo que "era una señal del triunfo de la vida sobre tanta muerte que había azotado al país".

"El daño ha sido muy grande, estamos en las primeras 48 horas. Podemos decir con satisfacción que muchos de los heridos graves, de no haber sido transferidos a Lima, podrían haber muerto. Están ya en los mejores hospitales, hemos cumplido con traer ataúdes y facilitar el entierro de todas las personas, eso da mucha tranquilidad a la familia después de la pérdida irreparable, y creo que tenemos una forma ordenada de entregar alimentos", declaró García en el aeropuerto militar de Pisco.

Saqueos

Frente a la ola de saqueos que han realizado grupos de pobladores de Ica, Pisco y Chincha, el Ministerio de Defensa ordenó la llegada de 500 oficiales del ejército a Chincha, a 200 kilómetros al sur de Lima, para restablecer el orden en la zona.

El ministro de Defensa, Allan Wagner, atribuyó los saqueos a grupos de vándalos organizados por los mas de 500 presos que huyeron del Penal de Tambo de Mora en Chincha tras el terremoto.

"Estoy pidiendo a la población que los identifique y los denuncie ante la Policía", expresó.

Los delincuentes usando armas de fuego robaron a varias casas de los chinchanos llevándose artefactos eléctricos y objetos de valor.

Por su parte, el mandatario peruano señaló que "el gobierno establecerá el orden de manera enérgica en las localidades afectadas por el sismo" y negó la posibilidad de que se establezca un toque de queda por los actos de vandalismo.

Las opiniones expresadas aquí son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente están de acuerdo con los criterios editoriales de Terra Magazine.

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