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Visibles invisibles: las fotografías de Lena Szankay

Reproducción
"Invisible", fotografía de Lena Szankay, Berlín 2004.

Inés Girola
Buenos Aires, Argentina

Aquello que observamos en lo que llamamos nuestro campo visual es muy poco. Sabemos de algún modo que existe, detrás y lejos nuestro, un mundo que no vemos, que se transforma, como el pasado mismo, en una invisibilidad, posible o imposible de revelar. Incluso en la mayor cotidianeidad, nos encontramos constantemente suponiendo existencias, y no solamente grandes entidades metafísicas, sino también lugares donde no estamos, cuerpos que no tocamos, imágenes y presencias que, sólo en algunas ocasiones, pueden aparecer con solo girar nuestra vista.

De este modo, estamos inmersos en un espacio donde coexisten instantes de visión y ocultamiento, un sinfín de veladuras que, capa sobre capa, permiten, al mismo tiempo que muestran, oscurecer, desviar e imaginar la mirada. Vivimos rodeados de "visibles invisibles" que se manifiestan a través de huellas, cicatrices y velos.

Las fotografías de Lena Szankay que se exhiben hasta el próximo 15 de julio en el Centro Cultural de la Cooperación (Av. Corrientes 1543, Buenos Aires), habitan ese espacio, transitan esa diferencia, ese límite entre lo que está y lo que no está, entre lo visible y lo invisible, entre interiores y exteriores propios y ajenos. Detenerse en ese espacio, capturar esos instantes y sentirse uno también, escondido, oculto más acá de la imagen, más allá de la cámara, es una invitación ineludible a la cual nos conduce el camino de ausencias y presencias que Lena transita desde diferentes matices, otorgándole sentidos diversos a las visibilidades e invisibilidades que habitan entre nosotros.

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Hay un objeto recurrente en las imágenes de Lena: la ventana. Espacio físico intermedio entre el afuera y el adentro pero que, a su vez, siendo esencialmente abertura no se encuentra ni adentro ni afuera. Varias de las fotografías expuestas en el CCC nos ofrecen ventanas desde la perspectiva de un observador casi siempre ausente en la imagen; ventanas que vemos desde el "interior", hacia un afuera, hacia un "exterior" que no se nos revela claramente porque entre nosotros, la ventana y el afuera, existen sucesivas capas de cortinas, velos que opacan constantemente la visión hacia ese mundo externo. Al detenernos frente a ellos, los interiores se nos presentan casi como una confesión, como si fueran, las fotografías, verdaderas ventanas del alma, como muchas veces se ha afirmado que son los ojos mismos.

Otro grupo de imágenes nos enseña sombras que se presentan como indicios de presencias que sólo están ausentes por ser observadas desde una particular perspectiva. Objetos, como por ejemplo, una baranda de escalera -que bien señala, incluso, la idea misma de límite- son suscitados por su sombra, pero no existen más que a través de ella, como huellas de una presencia cercana, tan cercana que si diéramos vuelta algunos grados la lente de la cámara, nos encontraríamos directamente con ellos. Ciertas invisibilidades, parecen decirnos, son capaces de hacerse visibles con un pequeño movimiento de la mirada.

Dando un paso más, nos encontramos con una serie fotografías en las cuales aparece, de un modo significativamente particular, la figura del cuerpo humano. Radiografías y tomografías, huellas externas de síntomas, enfermedades, y marcas de un pasado muchas veces violento, se presentan como "estaciones en la historia de los cuerpos". Cicatrices internas y externas, huellas de aquel espacio intermedio que es manifestado aquí como el límite invisible entre la vida y la muerte. Se trata, en este sentido, de un cuerpo que nos muestra, una vez más, diferentes indicios de invisibilidades con las que carga por ser, no sólo un cuerpo material, sino también y sobre todo, un cuerpo histórico.

Por último, hay una clase de "invisibles" que están presentes en las fotografías de Lena y que pueden leerse como huellas mismas de su propio pasado. Lo que ya no está, o está lejos, o se fue, los lugares dejados atrás, las ausencias temporales. Lena es una artista argentino-alemana que emigró siete meses antes de la caída del muro de Berlín en 1989.

Pero el intenso recorrido que realiza la fotógrafa por las categorías de lo visible y lo invisible estará, al mismo tiempo, inevitablemente ceñido a nuestros propios velos y ventanas, a nuestras particulares perspectivas y pasados. Por lo tanto, habitar ese espacio, el límite entre el afuera y el adentro, la intimidad de nuestras propias ausencias y presencias, de nuestras profundas cicatrices, es una experiencia singular a la cual nos invitan y desafían, desde su sugerente visibilidad, las fotografías de Lena Szankay.

Las opiniones expresadas aquí son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente están de acuerdo con los criterios editoriales de Terra Magazine.

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