Terra
Terra
 
 

Terra Magazine

› Terra Magazine › Columnistas › Oscar Raúl Cardoso

Roberto Lavagna: "Chávez lleva a Kirchner de las narices"

Oscar Raúl Cardoso
Buenos Aires, Argentina

El economista Roberto Lavagna -quizá el más fuerte de los candidatos presidenciales que ha dado la oposición para este año electoral en la Argentina- cree que América Latina está enfrentando el regreso del populismo y que esta característica conspira contra la eficiencia de los gobiernos que asumen ese sistema.

"El populismo tiene mucho de discurso y poco de efectividad de realización", le dijo a Terra Magazine en el transcurso de una reciente entrevista exclusiva. Consecuentemente, Lavagna tiene críticas para el venezolano Hugo Chávez, pero son aún más intensas para Néstor Kirchner -de quien dice se ha dejado llevar "por las narices" por Caracas- y también para Luis Ignacio da Silva, Lula, por haber puesto en riesgo al MERCOSUR acelerando el ingreso de Venezuela al bloque.

Lavagna es hoy un crítico de Kirchner, pero hasta hace un año fue su ministro de Economía y el hombre al que se le adjudica haber extraído a la Argentina de la profunda crisis económica que aquejó al país en el 2001. El hoy candidato fue ministro en los gobiernos de Eduardo Duhalde y Kirchner, secretario de Industria durante la gestión de Raúl Alfonsín y luego embajador argentino ante la Unión Europea.

Entrevista

Terra Magazine: En los últimos veinticuatro meses en particular, se ha estado hablando de un giro a la izquierda de América Latina, otros hablan de un regreso de la derecha -el triunfo de Felipe Calderón en México, la continuidad de Álvaro Uribe en Colombia-; no hay un consenso sobre esto, pero sí pareciera que estamos en una etapa radicalmente distinta respecto de los años noventa. ¿Cómo ve ese cambio? ¿Se le puede dar un signo de naturaleza ideológica?
Roberto Lavagna: No le pondría una etiqueta ideológica, pero sí diría que el péndulo que en los años noventa estuvo en aquello del consenso de Washington, que se lo interpretó como la ortodoxia y las políticas conservadoras -que globalmente no dieron resultado en América Latina-, se ha movido ahora hacia un extremo distinto que, por facilismo, se suele calificar como más ubicado a la izquierda. Lo que advierto es que, otra vez en América Latina, no hay capacidad para cosas más equilibradas, es decir, se va a los extremos. Si me permite una anécdota: muchas veces en conferencias internacionales, sobre todo en Asia, donde son muy educados y a uno le dicen que sí mientras habla, cuando yo he hablado en los años noventa del consenso de Washington, terminaba el discurso y se me acercaba alguien que no era precisamente un desconocido, sino un profesor, y me preguntaba: "¿Qué es el consenso de Washington?". América Latina compró de manera acrítica ese consenso, esa receta, cuando el resto del mundo no la compró. Y ahora se va al otro extremo, con una cierta vuelta al populismo; ni siquiera me animo a decir que son políticas de izquierda. Hay un crecimiento del discurso populista.

Terra Magazine: Hablar hoy de populismo en América Latina es hablar de Hugo Chávez, pero también del primer líder de su generación que comprendió, a fines de los 90, que su país y la región sufrían fatiga neoliberal.
Roberto Lavagna: Sí, es cierto.

Terra Magazine: Si sirvió para identificar esa nueva etapa, ¿cuán crítico se puede ser con el populismo?
Roberto Lavagna: Lo que pasa es que la experiencia marca que el populismo tiene mucho de discurso y poco de efectividad y de realización; es una política que no tiene la capacidad de atender el problema central de América Latina, por lo menos desde mi punto de vista, que es una imprescindible necesidad de una forma de distribución distinta de los ingresos. No hay región del mundo que tenga más inequidad que América Latina. En la medida en que el populismo no sea capaz de responder a eso, necesariamente termina en un desorden económico, social y político que le vuelve a abrir la puerta al otro extremo, a políticas más reaccionarias, más de derecha, más cientificistas, que claramente no tienen incorporada entre sus objetivos la mejor distribución de los ingresos. Los que creen en el tema del "derrame" y demás...

Terra Magazine: ¿Es eso lo que sucede en Venezuela, una dicotomía entre discurso y gestión?
Roberto Lavagna: Eso es lo que está pasando hoy en Venezuela y, salvando las distancias y las diferencias específicas, es lo que ha ocurrido también en Argentina a lo largo del 2006 y del 2007.

Terra Magazine: ¿Cómo se explica aquí?
Roberto Lavagna: Tiene distintos contenidos. Contenidos de orden económico, de orden histórico, de orden institucional. En cuanto a los contenidos de orden económico, una injerencia del estado en cuestiones que no son estratégicas, es decir, un cierto abandono de la educación y la salud, y una cierta expansión del capitalismo de amigos. En la Argentina se ha entregado al sindicato la compañía de aguas, se ha comprado el 5% de una aerolínea, se ha comprado el 20% de los aeropuertos. El otro día se intentó comprar, después terminó en una quiebra, el 20% de un puente, ni siquiera un puente internacional, sino uno interno... Ese tipo de asignación de los recursos del Estado, o la política de precios, que no es una defensa de la competencia, sino una imposición de precios que termina en mercados negros, en desabastecimiento, en que el producto no sea el mismo porque le cambian el contenido, todas esas cosas han ido debilitando varios de los datos a punto tal de que si usted saca una foto del 2006, o de hoy, esa foto todavía es relativamente buena, pero si usted mira la dinámica, no va a encontrar ni un solo dato de hoy o de fines del 2006 que sea dinámicamente mejor que lo que era a fines del 2005. Se ha empezado a gastar la herencia en materia fiscal, en materia monetaria, en materia cambiaria, incluso en materia de distribución del ingreso. La distribución del ingreso, que tenía cifras horribles en la crisis del 2001, mejoró hasta mediados del 2006. Pero a mediados del 2006 ya dio la vuelta y empezó primero a estancarse y ahora a retroceder, como consecuencia de la inflación. Esto en materia económica. En materia institucional, nosotros habíamos retrocedido con el tema de los poderes extraordinarios que el Congreso convirtió en ley para el manejo de los recursos públicos que se usaron durante la crisis. Eso fue a fines del 2005. Cuatro o cinco meses después, ya en 2006, un nuevo proyecto de ley los reimplanta, incluso los reinstala con mayor amplitud que la que tenían antes.

Terra Magazine: ¿No hay en esto parte de responsabilidad de un Congreso que, desde los años 90, no tiene problemas en resignar competencias delegándolas en el Poder Ejecutivo?
Roberto Lavagna: Así como a fines del 2005 retomaron esos poderes que el ministerio de Economía les propuso, casi por unanimidad, unos meses después votaron una ley, ahora con mucha menor unanimidad, ejerciendo el poder de la mayoría, reinstalando esos poderes. Pero a eso se agrega el copamiento de organismos del estado, el Consejo de la Magistratura, la unidad de información financiera, el INDEC, que es un caso conocido. El primer caso del INDEC fue en enero de 2006, recién conocido el cambio de gabinete, con nada más ni nada menos que la Comisión de Defensa de la Competencia, que tenía la tarea de investigar ciertos carteles en torno de la obra pública. Eso en materia institucional... El apoyo a las reelecciones indefinidas, las presiones sobre los jueces, las presiones sobre la prensa... Y en materia internacional, un creciente aislamiento, a no ser con dos capitales, Caracas y Madrid, que son las únicas dos con las que Argentina mantiene hoy líneas abiertas.

Terra Magazine: ¿Es posible, como sostienen algunos, que el gobierno de Néstor Kirchner carezca de una política exterior?
Roberto Lavagna: Efectivamente, no la hay. Hay acciones de marketing; ir a tocar la campanita a (la Bolsa de Valores en) Nueva York es una acción de marketing que dos meses después es contradicha por el hecho de ofrecerle a Chávez por tercera vez en dos años el escenario de la Argentina para hacer un acto popular en el que se ataca al mundo desarrollado y a Estados Unidos. De manera tal que, por lo económico, por lo institucional y por la política exterior, hay un giro hacia el populismo que, a veces, da resultados de corto plazo en términos de votos, pero que en este caso en particular la ha sacado a la Argentina de un sendero distinto que, después de la crisis de 2001, había encarado. Quizás por la profundidad de la crisis del 2001, lo había hecho con mayor solvencia, con mayor seriedad y con mejores resultados, pero estas políticas están sacando al país de ese rumbo y, en ese sentido, creo que se está perdiendo una oportunidad histórica importante.

Terra Magazine: Si ganara las elecciones, ¿cómo recuperaría usted ese rumbo?
Roberto Lavagna: Primero que nada reencauzaría el programa económico. ¿Por qué? Porque el programa económico es, puesto de un modo brutal, la billetera. Si usted no tiene recursos, si usted no tiene una economía creciendo, finanzas sólidas y demás, es inútil intentar reencauzar. Primero, reencauzaría el programa que hoy está con deficiencias en materia fiscal: ya se lleva perdido más de un punto de superávit, y vamos camino a los dos puntos, dos puntos y medio. Muchas provincias han entrado en déficit, han vuelto a emitir deuda neta. Y volvería a un programa que tiene puntos fundamentales, que son los que tuvo a partir de abril de 2002. Uno es cnosiderar al consumo como el motor de la economía y el que arrastra la inversión y las exportaciones. Esto puede parecer banal en el mundo y no lo es en la Argentina, donde durante décadas nos decían que el consumo era el residuo. Otro, el tipo de cambio alto, cosa que el Gobierno hoy no está pudiendo mantener porque no tiene suficiente superávit fiscal para comprar dólares sin emisión. El superávit fiscal es fundamental, por razones económicas y por razones políticas; es lo que libera, da margen de maniobra para hacer políticas económicas. Luego, el desendeudamiento neto permanente, que requiere de superávit fiscal y tasas de interés bajas para no competir con el sector privado, que también depende del superávit fiscal. Y también aquello que está ligado al consumo, que es la mejor distribución del ingreso, progresiva y permanentemente sin fallas. De estos puntos del modelo, algunos se han perdido y otros van camino a debilitarse. Lograda la billetera, la fuerza convocante del próximo período presidencial es el desarrollo y lo que yo llamo la cruzada contra la pobreza, porque si bien hay una mejora a partir del 2002, aún tenemos más de un tercio de la población bajo la línea de la pobreza. Eso empieza a ser el núcleo duro, no se resuelve con crecimiento, requiere políticas específicas y muy activas del Estado. Un estado que, en lugar de ocuparse de ese capitalismo de amigos, de esas inversiones absurdas en las va a ser el socio bobo, se tiene que ocupar de la educación, de la salud, de la vivienda, y, en definitiva, de la distribución del ingreso. Esa es la fuerza convocante. Así como en el pasado, decía yo el otro día, con Julio A. Roca la fuerza convocante fue la organización del país, con Hipólito Irigoyen fue el acceso político, con Juan y Eva Perón fue el acceso social y con Arturo Frondizi fue el desarrollo económico. El punto ahora es pasar del concepto de crecimiento al concepto de desarrollo, poniendo todo el esfuerzo de la sociedad argentina, con el gobierno a la cabeza, pero con toda la sociedad argentina participando, insisto, en la lucha frontal contra la pobreza. La tercera cuestión es el mejoramiento institucional, porque sin mejoramiento institucional no hay desarrollo ni crecimiento. En algún punto, se frena la inversión, pero no la de afuera, sino la de adentro. Es lo que está pasando en este momento: ¡se ha empezado a frenar la inversión de las Pymes! Se paró la inversión de los miles de pequeños y medianos empresarios que invirtieron y que son los que ayudaron a la salida del 2002. Entonces, el mejoramiento institucional incluye todo: el Congreso, la Justicia, la libertad de prensa, una mejor calidad de la política y de los partidos políticos, etc. Son los otros componentes centrales. Hay que asegurar la vigencia del programa económico, que está derrapando, y poner el centro de la atención en la lucha contra la pobreza y la calidad institucional. Si se dan esas cosas, Argentina está, por demás, en condiciones de proyectarse en su región y, en definitiva, de la región al mundo.

Terra Magazine: Volvamos a lo internacional, pero desde la Argentina. Venezuela se ha convertido en un gran inversor en la deuda argentina. Algunos dicen que ha ocupado el lugar de prestamista de último recurso que antes tenía para nuestro país, el FMI. ¿Es eso malo? ¿Cómo lo juzga usted?
Roberto Lavagna: El problema no está en Venezuela como prestamista de último recurso. En realidad, en el caso de la Nación, todavía hay estabilización o reducción de deuda. Es decir, lo importante es seguir reduciéndola. Lo grave es confundir lo comercial y lo financiero con lo político. Nadie mejor que Chávez para saber cómo se diferencian las cosas. Porque él hoy le vende más petróleo a Estados Unidos que lo que Venezuela le vendía antes de que él asumiera. En la Argentina, lamentablemente, no se ha hecho esto, y Chávez nos lleva a la rastra en numerosas cuestiones, nos lleva de las narices. Esta es la verdad. El problema mayor en el caso de Chávez me parece que es ése. Las opciones que Chávez haga para Venezuela son opciones del pueblo venezolano, no me corresponde juzgarlas. Pero que intervenga y nos arrastre como nos ha estado arrastrando a lo largo del último año, eso me parece particularmente grave.

Terra Magazine: Hace poco Luis Ignacio da Silva, Lula, pasó por la Argentina y dijo casi a los gritos que era esencial que Kirchner fuese reelecto este año. Usted conoce bien al Presidente brasileño. ¿Qué le pareció ese gesto?
Roberto Lavagna: Creo que es una injerencia inaceptable. En parte tiene que ver con una devolución de gentilezas, porque en su momento él le pidió a Kirchner que se manifestara a favor de su reelección. Entonces se está pagando una deuda personal y política que no ayuda a las políticas de estado que nuestros países tienen que tener, sobre todo en el seno del MERCOSUR. Pero no es el único error que han cometido, han cometido el error de, por razones de populismo electoral, acelerar el ingreso de Chávez al MERCOSUR, cuando Chávez no reúne las condiciones mínimas, desde el punto de vista económico, para ingresar al MERCOSUR. Porque el MERCOSUR es un espacio que tiene dos principios fundamentales: uno, el principio de la democracia -ahí uno puede discutir o no, pero el hecho de que Chávez diga que quiere la reelección hasta el 2030 introduce, como mínimo, algunas dudas-; y dos, en términos estrictamente económicos, el MERCOSUR está organizado como una economía de mercado, y Chávez ha dicho que él quiere organizar una política socialista, algo incompatible con el funcionamiento del MERCOSUR. Sin embargo, tanto Lula como Kirchner cometieron el error de dejarlos solos a Paraguay y a Uruguay, que son los que manifestaron algunas contradicciones con respecto al ingreso de Venezuela al MERCOSUR. Le va a costar mucho al MERCOSUR digerir y asimilar esa presencia. Pero eso tiene que ver con poner la política por encima de las realidades económicas, que es, precisamente, lo que el MERCOSUR, desde su nacimiento en 1996, no hacía: siempre puso a la realidad económica por encima de lo político. Y le voy a dar un ejemplo: hace pocos días estuvo en México la senadora Cristina Fernández de Kirchner y cometió la barbaridad monumental de hablar del ingreso de ese país al MERCOSUR, con un desconocimiento muy profundo de cuáles son las características técnicas y económicas del MERCOSUR. De vuelta, es poner la política -en este caso poner la política de sacarse una foto, como yo digo, de jugar a las visitas- por encima de las cuestiones estratégicas.

Terra Magazine: Chávez es acusado de renacionalizar el petróleo. ¿Qué opina?
Roberto Lavagna: Eso es populismo; es cosmético nada más.

Terra Magazine: ¿Y de Evo Morales, en Bolivia, y Michelle Bachelet, en Chile?
Roberto Lavagna: Bachelet cultiva un perfil para nada populista y recibió de su predecesor un buen capital político. Pero ambos -Morales y Bachelet- enfrentan un desgaste importante.

Terra Magazine: ¿Cómo se explica ese desgaste?
Roberto Lavagna: Creo que puede haber algún punto en común que tenga que ver con la gestión. Este es un punto central. Usted puede ser de derecha, de izquierda o de centro, eso no importa tanto... Creo que no era necio el que decía "a mí no me importa que el gato sea blanco o negro, lo que quiero es que cace ratones". En el caso de Morales, además de un contenido más calificable como populismo, hay problemas de gestión. Lo mismo con Bachelet. Y no hablo por mi visión solamente, sino por haber conversado con muchos chilenos que me dicen que en la primera etapa de gobierno, sobre todo, ha habido problemas de gestión que tuvieron que ver con una decisión que la presidenta parece haber tomado desde el principio: que nadie que hubiera participado en los gobiernos anteriores pueda participar ahora. Esa decisión tiene un costado bueno, sin dudas, que es la renovación de las elites gobernantes. Pero también puede tener un costo, que es no saber cómo funcionan los mecanismos del Estado. Entonces, me parece que, siendo desde el punto de vista ideológico dos modelos muy distintos, y muy distintos también los presidentes y la historia reciente de los dos países, quizás hay un punto débil en común, que tiene que ver con la gestión.

Las opiniones expresadas aquí son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente están de acuerdo con los criterios editoriales de Terra Magazine.

Terra Magazine

Terra Magazine América Latina, Vea las ediciones en español