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Cuatro hora y media del Ché Guevara

Getty Images
"La 'marca' del Che es muy comercializable. Es una de las extrañas paradojas de este personaje, quien por un lado es el icono del marxismo leninismo pero también ves su rostro por todos lados", opina Soderbergh

Naief Yehya
Nueva York, EE.UU.

No resulta fácil encontrar un filme más controvertido entre la reciente producción estadounidense que la película Che, de Steven Soderbergh. Esta es una obra que ha desatado controversia, irritado y entusiasmado, y que es considerada por los sectores conservadores estadounidenses como una especie de símbolo de los prejuicios e idealismo ciego de la "izquierda elitista, intelectual hollywoodense".

El filme es una obra ambiciosa, romántica y provocadora de cuatro horas y media, dividida en dos partes, la primera consagrada a la épica de la Sierra Maestra y al triunfo de la revolución cubana, y la segunda al frustrado intento en 1967 de levantar al pueblo boliviano en armas contra su gobierno, en el cual Ernesto Guevara terminó perdiendo la vida. Si bien es claro que hay una mirada de admiración y respeto por el Che también se pone en evidencia su carácter obstinado hasta la muerte. No por nada alguien dijo: "El Ché prefería enfrentar una bala que a la realidad".

El filme de Soderbergh ha sido acusado de distorsionar la verdad por omisión, de ignorar partes centrales de la "historia negra" del Che (su período en el gobierno de Castro), de enfatizar su carácter heroico como icono revolucionario y sobre todo como mártir. Para algunos el director de Sexo, mentiras y video y Ocean's Eleven pasa de la ingenuidad a la propaganda pasando por el sentimentalismo. Otros más han encontrado poca sustancia en tantos minutos de película. Sin embargo, la actuación de Benicio del Toro en el papel del guerrillero asmático argentino es absolutamente fabulosa, así mismo la historia resulta hipnótica por su minuciosa atención a los detalles históricos, la estrategia militar y la coherencia narrativa.

Tuvimos la oportunidad de pedirle a Steven Soderbergh que nos aclarara su visión y las intenciones de este filme al término de la premier en Nueva York.

Terra Magazine- ¿Qué aprendiste al llevar a la pantalla este fragmento de la vida del Ché?

Steven Soderbergh- En el proceso de desarrollar el filme tardé ocho años, lo que encontré que a veces uno dice sí y no tiene claro porque lo dijo, y más tarde esa razón va cambiando en tu cabeza. No fue sino hasta que el filme estaba terminado en que entendí que lo que más me interesaba de esta historia era reflexionar en torno al asunto del compromiso contra la falta de compromiso, cada día de nuestras vidas a un nivel personal, comunitario o cualquier otro decidimos qué tan comprometidos o no comprometidos queremos estar en cualquier cosa, si queremos participar o simplemente ser observadores. Una vez que el Che se decidía a comprometerse, lo hacía por completo y era capaz de soportar cualquier cosa con tal de alcanzar un objetivo. Y hay que recordar que él era ateo. Mucha gente cuando logra soportar un determinado nivel de compromiso que parece rebasarlos, lo atribuye a un poder superior o a un elemento divino al que pueden invocar. El Ché no contaba con nada de eso.

Por otro lado, yo desconocía muchos detalles de la revolución cubana, no sabía nada de los demás grupos que peleaban contra el régimen de Batista, mi visión era muy monolítica. No sabía nada de la transformación del Che de ser un médico a ser un líder. Me interesó mucho descubrir que era un hombre intransigente, cuadrado, tremendamente rígido y obstinado. Hablando con un doctor que lo conoció, me comentó que había que quererlo mucho para poderlo soportar, era muy estricto con la disciplina, no había situación en la hiciera a un lado por un momento de la ideología, ni siquiera en sus relaciones personales cotidianas. Muchos encontraban esto muy raro e incómodo. El único momento en que bajaba la guardia ideológica era cuando era médico, pero en su papel de líder, de comandante, se transformaba en un hombre duro, severo y sin humor, y puedo entenderlo: muchas cosas estaban en juego y los riesgos eran muy altos.

¿Qué tan importante fue recurrir a las fuentes originales y registros históricos?

Fue importantísimo, hablamos con todo aquel sobreviviente que aceptara hablar con nosotros y la investigación nos llevó a acumular una cantidad de información inmensa que nos rebasó. De hecho John Lee Anderson (el autor de Che Guevara: una vida revolucionaria), quien era uno de nuestros asesores dijo, "El problema es que hay un millón de Ches. Era un hombre que para todo mundo significaba algo en particular". En un determinado momento tuvimos que decidir qué usar y qué abandonar, y en buena medida lo hicimos por exclusión entre lo que queríamos hacer y lo que no queríamos hacer y ese fue un principio para poder darle forma a la historia.

Pero elegiste tan sólo dos episodios de su vida revolucionaria mientras dejaste fuera otros como el Congo. ¿Por qué?

La historia del Che en el Congo es fascinante, si hubiéramos tenido el dinero nos hubiera gustado hacer esa parte también. También nos hubiera encantado incluir su estancia en Praga después del Congo, donde aparentemente escribió un ensayo muy crítico sobre lo ocurrido en esa nación africana. Pero no teníamos suficiente dinero. Otra cosa es que si bien el Congo es un capitulo fascinante de la vida del Che en cierta forma no cae dentro de la idea que queríamos proyectar del personaje.

Inicialmente el filme se trataba sólo de Bolivia, pero entre más lo trabajábamos decidimos que era necesario hacer la parte de Cuba ya que de lo contrario no podía entenderse cómo había llegado ahí, a qué se debía su obstinación y el hecho de que no renunció ante lo que parecía un evidente fracaso. Había que saber lo que había pasado en Cuba para comprender porqué creía que podrían triunfar ahí. Entonces el filme pasó de ser una película convencional a una cinta gigantesca que será partida en dos películas.

¿Cómo te gustaría verla estrenada?

El plan es que se estrenará en ciertos mercados (Nueva York, Los Angeles, etc.) completa por una semana, después se proyectará en dos partes. Creo que debe verse completa, pero sin duda es pedir mucho sacrificio dedicar casi un día entero a una película. Mi punto de vista es que se diseñó de esa manera y así debe ser apreciada.

¿Cómo obtuviste el financiamiento para este proyecto?

Hasta el momento seguimos buscando dinero. Fue complicado pero sabíamos que lo sería y hubo mucha gente que se interesó, nos ayudó y creyó en el proyecto, en parte debido a que la "marca" o el brand de El Che es muy comercializable. Es una de las extrañas paradojas de este personaje, quien por un lado es el icono del marxismo leninismo pero también ves su rostro por todos lados. Es una situación rara y yo creía que esa fama nos ayudaría a encontrar una audiencia para que los inversionistas recuperaran su dinero. Los fondos que teníamos dictaron un calendario de filmación bastante estricto, teníamos 39 días para cada parte y un espacio de diez días entre la filmación de una y otra parte.

Cada filme tiene un estilo visual muy definido.

Yo quería crear de manera muy simple una sensación diferente para cada una de las partes del filme. El formato más amplio, que yo considero más hollwoodiano, me pareció más apropiado para el primer filme, el de Cuba, ya que podría ser más un filme de guerra clásica: 82 hombres se lanzan a una aventura revolucionaria, sobreviven nada más 12, todo aparece que va a fracasar pero las cosas salen bien y triunfan. Quise darle una estética más hollywoodiana, incluso en lo que respecta a la música. Mientras que el segundo filme quise hacer que se sintiera menos estable, en donde las cosas desde el principio no parecen claras y se anuncia una catástrofe. Usamos un formato más pequeño, mucha cámara en mano y gradualmente la cámara comienza a acercarse al Che, hasta que está en el salón de clases donde acaban con él. Era una manera sencilla de mandar un mensaje visual al público.

No puedes negar que el tuyo es un filme político.

Yo creo que cualquier película que trata de mostrar cualquier evento histórico con certeza es por definición un filme político. Todo filme que no es una fantasía es político, aún cuando trata de mostrar las cosas de manera afectada estéticamente sigue siendo un filme político. Ahora bien, yo no creo que el filme trate de predicar una ideología. Con toda honestidad puedo decir que no soy comunista, no hay ni siquiera un lugar para mí ni para la gente como yo en la sociedad que el Ché estaba tratando de construir. Literalmente. Yo personalmente creo que hubiera odiado ese mundo, pero puedo admirarlo como uno de los líderes políticos más interesantes del siglo pasado. Y creo que sus ideas siguen siendo fascinantes aún hoy. Además, la cubana fue última revolución de su tipo. Hoy en dos semanas se acabaría la revuelta, ya que la tecnología hace imposible pelear así. Una guerra así ya no puede tener lugar.

¿Qué piensas de las relaciones entre Cuba y los Estados Unidos?

Pienso que son terribles. No creo que hayamos sido muy inteligentes al manejar la situación cubana y me parece inverosímil que estén estancadas. Creo que si realmente quisieran cambiar la situación ahí bastaría quitar el embargo e inundar a Cuba con turistas, no hay nada mejor que exponer a la gente a ideas nuevas para hacerlas pensar, pero lo que están haciendo es precisamente lo opuesto.

¿Ves en el Che a una especie de redentor?

No creo que la política económica marxista funcione y es el principio fundamental de su ideología. No puedes crear una sociedad que funcione partiendo de esa visión del mundo. Es un sistema político que probablemente funciona en un lugar muy específico en un tiempo específico, y si en realidad funciona será en el papel ya que una vez que le añades seres humanos a la ecuación ésta se cae a pedazos. No obstante, si la pregunta es que si creo en su idea de que hay sistemas que únicamente permiten la producción de utilidades a través de la explotación del hombre, tengo que decir que no me queda la menor duda.

Las opiniones expresadas aquí son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente están de acuerdo con los criterios editoriales de Terra Magazine.

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