
|
46 Festival de Cine de Nueva York/Cortesía
Jia Zhangke es una de las voces más interesantes y provocativas de su generación.
|
Naief Yehya
Nueva York, Estados Unidos
Si hay un tema distintivo en la presente edición del festival de cine del Lincoln Center es la confrontación y convivencia del cine de ficción y el documental, en particular lo que resalta de buena parte de la selección son las propuestas narrativas que entretejen, funden y confunden visiones de la realidad, al grado de violar fronteras tradicionales entre la imaginación y la historia.
El director chino Jia Zhangke se ha consolidado como una de las voces más interesantes y provocativas de su generación. En cierta forma, el autor de Carterista (1997), Placeres desconocidos (2002), El mundo (2004) y Naturaleza muerta (2006), entre otras, se ha convertido en el cronista de un tiempo de transformación, de la destrucción de un mundo y el surgimiento de una nueva sociedad.
Tuvimos la oportunidad de conversar con Jia Zhangke tras la presentación de su más reciente filme Ciudad 24 (2008).
¿Qué lo llevó a hacer esta película?
La razón por la que quise hacer este filme fue para reflexionar en torno a la experiencia de pasar de una economía planeada por el estado a una economía de mercado, y sobre el impacto que esto tuvo en la vida de los trabajadores. Inicialmente decidí realizar un documental, por lo que comencé a entrevistar a unas 130 personas, pero entre más entrevistas hacía más me daba cuenta de que necesitaba un elemento de ficción para poder contar esas historias y reflexionar acerca de esa era. De esa manera conceptualicé esta estructura en la que recurro a personajes de ficción para moverme entre la realidad y la fantasía.
Es una mezcla muy poco usual. ¿Con que dificultades se encontró?
La decisión más difícil fue utilizar actores para interpretar ¿personajes reales¿, y usar el mismo formato empleado en las entrevistas-retratos que realicé primero. Esa fue la decisión más importante que tomé, y lo hice así, porque concibo la historia de esa manera, como una mezcla de realidad e imaginación, y al usar estos dos tipos distintos de formatos quiero dejar implícita mi visión. El componente de ficción es fundamental porque es la única manera en que puedo contar en un par de horas las historias de las 130 personas entrevistadas, sin estos personajes ficticios no me sería posible presentar toda esa información. Por ejemplo, el personaje que interpreta Joan Chen es un concentrado que reúne todas las historias que escuché de las mujeres de mediana edad que hablaron conmigo. Incorporé esas experiencias en sus palabras. Para mí, como mencioné, la historia es una mezcla de realidad e imaginación, hay un gran número de novelas sobre la historia de China en las cuales se usa esta estructura ficticia para contar algo y crear un sentido de la historia.
¿Qué tan difícil fue que la gente participara y quisiera hablar acerca de sus experiencias?
Al principio fue un problema muy difícil porque la gente no quería hablar frente a la cámara. Primero pensamos que era porque les intimidaba la cámara, pero después nos dimos cuenta de que se trataba de una reacción de modestia. Se sentían inquietos por haber sido elegidos para expresarse al respecto de algo tan inmenso como la fábrica y se preguntaban: ¿y por qué yo, si soy tan sólo una persona ordinaria? No podemos olvidar que la mayoría de los chinos hasta hace poco vivían en una sociedad colectiva en la que el concepto de individuo y el individualismo eran bastante ajenos, el hombre era concebido como parte de una enorme máquina. Entonces les expliqué a los trabajadores que lo que me interesaba era precisamente documentar sus historias individuales, sus memorias y sus vidas en la fábrica. Cuando entendieron cual era mi objetivo, comencé a tener mejores resultados.
¿Cuál fue la razón para integrar poesía en su película?
En el proceso de edición me di cuenta que lo que quería era incorporar una variedad de elementos para componer un complejo mosaico de memorias. Además, el enfoque del filme es la lengua y por tanto me pareció natural recurrir a la poesía. Así mismo eché mano de ¿retratos¿ inmóviles de los trabajadores, así como de la música. Con todo esto trato de hacer más completas las evocación de la memoria. Aquí, como en mi película Plataforma (2000), utilizo la música para dar un sentido de la era. Aparte de que los cambios en la música también reflejan como la sociedad china va abriéndose al exterior.
¿Cuánto tiempo tardó en realizar este proyecto?
En total tardé más de dos años en hacer, hice unas diez visitas a la fábrica, y en la filmación habré pasado un año.
Terra Magazine