Terra
Terra
 
 

Terra Magazine

› Terra Magazine › Columnistas › Naief Yehya

El increíble caso de los sobres con ántrax que paralizó a EE.UU.

Getty Images
En octubre de 2001, varios medios de comunicación y organismos estatales fueron evacuados por alertas de contaminación con ántrax. Sólo hasta este año, se tuvo un veredicto final.

Naief Yehya
Nueva York, Estados Unidos

El 18 de septiembre de 2001, una semana después de los ataques contra las torres gemelas y el Pentágono, tuvo lugar el envío, desde Trenton, Nueva Jersey, de una primera serie de sobres cargados de ántrax. Los sobres tenían por destino los departamentos de noticias de las cadenas televisivas ABC, CBS y NBC, el diario New York Post, todos en la ciudad de Nueva York, y el National Enquirer en American Media, Inc. (AMI), en Boca Ratón, Florida. Sólo dos sobres fueron rastreados, el del Post y el de NBC.

Sin embargo, hubo casos de contaminación en ABC, CBS y AMI, por lo que se estima que también ahí fueron enviados otros sobres. Los sobres provocaron cinco muertes: Robert Stevens (63 años), un editor de fotografía del tabloide The Sun, publicado por AMI; Thomas Morris Jr. (55) y Joseph Cursee (47), ambos empleados postales de las instalaciones de Brentwood, en el área de Washington, DC, Kathy Nguyen (61), una inmigrante vietnamita que vivía en el Bronx y trabajaba en un almacén del hospital Manhattan Eye, Ear & Throat, y Ottilie Lundgren (94) que vivía en Oxford, Connecticut. De estas últimas se desconoce el origen de su contaminación.

El 9 de octubre siguiente fueron enviadas dos cartas más, también desde Trenton, éstas dirigidas a dos senadores demócratas Tom Daschle, de South Dakota, y Patrick Leahy, de Vermont, quienes se habían opuesto a la Ley Patriota, propuesta por la administración Bush. La carta para Daschle fue abierta por un asistente del senador y la de Leahy fue descubierta en una bolsa de correo detenida. La primera serie de cartas tenían un mensaje que decía:

09-11-01
ESTO ES LO QUE SIGUE
TOMA PENICILINA AHORA
MUERTE A AMERICA
MUERTE A ISRAEL
ALLAH ES GRANDE

Los sobre dirigidos a los senadores Daschle y Leahy decían:

09-11-01
USTEDES NO NOS PUEDEN DETENER AHORA.
TENEMOS ESTE ÁNTHRAX.
USTEDES SE MUEREN AHORA
¿TIENEN MIEDO?
MUERTE A AMERICA
MUERTE A ISRAEL
ALLAH ES GRANDE

El ántrax usado en las primeras cartas era un polvo grueso color café, mientras que el de los senadores era un polvo altamente refinado que contenía billones de esporas de ántrax por gramo, una concentración tan alta que sólo puede obtenerse al convertir esta sustancia en arma. Esto únicamente puede lograrse en cuatro laboratorios (tres de ellos militares y el cuarto de una empresa contratista privada), todos ellos en los Estados Unidos.

Inicialmente, en 2002, se declaró que se trataba de ántrax convertido en arma, pero en 2006 el FBI declaró que dudaba que esto fuera cierto. Este ataque dejó por lo menos a 22 personas lesionadas (11 con peligrosas infecciones respiratorias), desarticuló el servicio postal del país por varios días (algunas subestaciones principales debieron permanecer cerradas por años), obligó al Senado a cerrar sus puertas y creó una atmósfera de inseguridad y temor.

Bruce Edwards Ivins, un investigador en el campo de la microbiología, educado en la universidad de Cincinnati, originario de Lebanon, Ohio, trabajó durante 28 años en el laboratorio de investigación de biodefensa en Fort Detrick, Maryland, la institución donde se han desarrollado la mayoría de las armas biológicas de los Estados Unidos. Ivins era considerado como un científico competente y confiable, aunque algo excéntrico. Había trabajado en el desarrollo de vacunas contra el ántrax y en la preparación compuestos con ántrax para ser usadas en experimentos con animales. Durante más de una década este científico trabajó en un tipo de vacuna que era efectiva aún en casos de contaminación con varios tipos diferentes de ántrax mezclados (las vacunas existentes no funcionaban en dichos casos).

En 2003, Ivins recibió la Condecoración por Servicio Civil Excepcional, el reconocimiento más alto que da el Departamento de la defensa a sus empleados civiles. El 24 de julio de 2008, Ivins fue hospitalizado para ser tratado de un caso de depresión, y el 29 de julio, a los 62 años, se quitó la vida al ingerir una dosis masiva de tylenol de prescripción mezclado con codeína; no dejó nota alguna. Hasta ese día Ivins seguía siendo empleado del Instituto Médico del Ejército de los EUA para la Investigación de Enfermedades Infecciosas.

En su testamento Ivins pidió ser incinerado y que sus cenizas fueran dispersadas. Como sabía que su esposa se opondría debido a su fe católica, añadió que de no cumplir con su exigencia donaría 50 mil dólares a la organización Planned Parenthood (la cual se dedica a ofrecer métodos anticonceptivos y abortos). Ivins y su esposa se oponían radicalmente al aborto. Ivins le dejó a su hijo Andrew sus armas y municiones y su coche a su hija Amanda.

Desde el inicio de la crisis, los sobres con ántrax trataron de ser vinculados no sólo con los ataques del 11 de septiembre, sino con Irak, sin aún contar con prueba alguna. La estrategia se presentó como la segunda oleada de ataques contra la nación.

Entre otros, el candidato a la presidencia John McCain y su más cercano asistente, Joseph Liberman, (ambos feroces defensores de la guerra) declararon públicamente que el ántrax venía de Irak (una afirmación que ni siquiera la Casa Blanca se atrevía a hacer).

La ficción de que esta era una arma biológica de Al Qaeda o de Saddam Hussein fue diluyéndose de los medios en 2002, cuando el gobierno estadounidense señaló como "persona de interés" al científico Steven Hatfill. Súbitamente se volvió claro que el ataque era de origen doméstico y Hatfill debía ser el nuevo villano. Pero el sospechoso no fue arrestado ni se presentaron pruebas en su contra.

Uno de los elementos que el gobierno señaló como indicador de la posible responsabilidad de Hatfill era que había escrito una novela acerca de un ataque con armas biológicas. La vida y carrera de Hatfill fueron destruidas, hasta que el 27 de junio del 2008, el gobierno le ofreció 5,82 millones de dólares como indemnización y lo declararon inocente. Una de las investigaciones más largas y caras de la historia no fue más que un estrepitoso y humillante fiasco.

De acuerdo con varios testimonios recogidos por The New York Times, Ivins comenzó a mostrar señales de estrés a partir del 27 de junio, cuando Hatfill dejó de ser sospechoso y el FBI se enfocó en él. Según el diario le preocupaba que sería obligado a retirarse prematuramente y que no podría pagar los costos de una defensa legal. De acuerdo con el abogado de Ivins, Paul F. Kemp, quien sigue manteniendo la inocencia de su cliente, Ivins llevaba más de un año cooperando con el FBI. En abril del 2007 la fiscalía le envió una carta a Ivins para decirle que no era considerado sospechoso.

Pero esto cambió en cuestión de unos cuantos meses. Uno de los elementos que pusieron a Ivins en el papel del principal sospechoso del caso fue que no reportó una contaminación con ántrax en el laboratorio, entre diciembre de 2001 y abril del 2002. Supuestamente no había querido causar pánico y alarmar a sus colegas. Él mismo se encargó de realizar una limpieza exhaustiva. El ejército decidió no castigarlo por "temor a desalentar a otros a reportar casos semejantes".

Esta justificación parece precisamente absurda ya que premiaba a alguien precisamente por no reportar un acto de negligencia que pudo provocar una contaminación catastrófica. Además, los mandos militares no parecieron preocuparse por la aún mas seria omisión u olvido de Ivins: de volver a tomar muestras tras limpiar. Lo cual dijo no recordar si había hecho. Si bien es poco verosímil un olvido semejante, es poco creíble que esta sea la principal prueba en su contra.

Otros elementos que convencieron al FBI de la culpabilidad de Ivins son: su hermano, Thomas, al ser interrogado por el FBI declaró que Bruce "tenía en su cabeza que era omnipotente". La casa donde vivía Ivins con su esposa e hijos está localizada a tres horas y media de distancia del buzón en Trenton, Nueva Jersey, desde donde posiblemente fueron enviadas las cartas. Ivins había recibido atención psiquiátrica poco antes de suicidarse, debido a que Jean Duley, una trabajadora social, que estaba tratándolo en terapia de grupo, lo denunció y le levantó un acta acusándolo de acoso y de haberla amenazado de muerte. Esta no era la primera vez que lanzaba amenazas de homicidio, sino que tenía un largo historial que se remontaba hasta sus días en la universidad. Su propio siquiatra lo describió como un sociópata con tendencias homicidas.

Además, Ivins trabajaba a menudo hasta muy tarde por la noche. El empleado excepcional se convertía de pronto en un peligroso desequilibrado que de alguna manera logró trabajar por más de dos décadas en un laboratorio donde se producen algunas de las armas más peligrosas existentes.

La cepa de ántrax empleada en este ataque es llamada Ames y fue extraída de una vaca infectada en Texas en 1981, esta bacteria fue distribuida a una veintena de laboratorios en los EUA. Aunque paradójicamente la seguridad no es tan escrupulosa como debería serlo en instituciones que se dedican a la producción y desarrollo de armas biológicas, es muy poco probable que el (o los) autor(es) de este atentado hubiera(n) podido robar alrededor de 10 gramos de ántrax de calidad militar (que fue la cantidad que pasó por el sistema postal).

Por tanto es de imaginar que el terrorista tuvo que producir este ántrax, lo cual para el FBI indicaba la culpabilidad de Ivins, y determinaron que el ántrax usado en los ataque provino de un frasco que estaba en el laboratorio de Ivins, sin embargo, por lo menos cien (inicialmente se decía que diez) personas pudieron tener acceso a ese material. Además el FBI no ha podido demostrar que Ivins hubiera visitado Nueva Jersey en las fechas de septiembre y octubre en que fueron enviados los sobres.

Otra de las pruebas contra Ivins fue la reacción de los sabuesos de la policía, los cuales parecían confirmar que el rastro de los sobres llegaba hasta la casa del científico. Varios especialistas aseguran que la reacción de los perros es poco confiable dado que los sobres pasaron por decenas de manos después de ser tocadas por el terrorista, además de que fueron irradiadas para neutralizar el ántrax. Lo que el FBI no tiene es una confesión, testigos, pruebas de ADN o un video incriminador.

Hay quienes especulan que el envío de las cartas era un extraño plan de Ivins para probar sus vacunas. Otra hipótesis es que este empleado llevó al extremo sus visiones conservadoras y fundamentalistas cristianas, y quiso aprovechar el 9-11 para lanzar su propia cruzada psicótica personal. Hace falta tener mucha fe en el FBI para creer cualquiera de estas dos fantasías.

Resulta sorprendente que dada la naturaleza del crimen, (distribuir sobres con ántrax, aparentemente al azar, con la intención de asesinar a un gran numero de personas y causar terror) Bruce Ivins no haya sido apresado a mitad de la noche por soldados, y enviado a Guantánamo, envuelto en un overol naranja.

Ivins supuestamente trató de cometer un genocidio en suelo estadounidense, empleado un arma de destrucción masiva. La propia administración Bush aseguró que el motivo para crear prisiones como Guantánamo o para echar mano del programa de "rendición extraordinaria", era precisamente que los tribunales y cortes normales no estaba equipados para contender con este tipo de súper criminales, terroristas, a los que se dio la denominación de "combatientes enemigos". Sin embargo, en el caso de Ivins no hubo ametralladoras apuntadas al rostro del sospechoso y sus familiares, ni bolsas de tela en la cabeza.

Ivins tuvo todo el tiempo del mundo para tomar una sobredosis de narcóticos, mientras el FBI preparaba su caso federal ante un gran jurado. El FBI aseguró que no tenía la menor duda de que Ivins era el único responsable del ataque.

Este caso, mejor que ninguno, pone en evidencia la doble moral y falsedad de la doctrina Bush, en lo referente a los combatientes enemigos ¿hombres y mujeres que pueden ser capturados y detenidos indefinidamente sin prueba alguna en su contra. El asunto Ivins muestra también un obvio elemento racista en la política de la "guerra contra el terror", que considera realmente terroristas únicamente a aquellos que profesan la fe islámica.

Ahora bien, hay elementos muy sospechosos en esta historia y quizás el más grave es el punto señalado por Glen Grenwald, en Salon.com. La cadena televisiva ABC declaró que cuatro fuentes oficiales, secretas, habían confirmado la presencia de bentonita en el ántrax, lo cual era una "prueba inconfundible" de que el veneno había sido producido en Irak. Esta información era falsa y tenía un objetivo propagandístico deliberado. A estas alturas, ABC debería reconocer que sus fuentes tenían una clara intención manipuladora, lo cual invalidaría el compromiso con mantenerlas en secreto. Sin embargo el periodista Brian Ross, se ha negado a pedir una disculpa o a revelar el origen de esta información, la cual puede resultar fundamental para desentrañar el misterio de quien o quienes están detrás de los ataques a los Estados Unidos.

La investigación que el FBI quería cerrar inmediatamente tras el suicidio de Ivins sigue abierta cuando se escribe esto y por lo menos permanecerá así hasta marzo del 2009.

Las opiniones expresadas aquí son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente están de acuerdo con los criterios editoriales de Terra Magazine.

Terra Magazine

Terra Magazine América Latina, Vea las ediciones en español