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Reproducción
Vista panorámica de la ciudad de Nezahualcóyotl (Coyote hambriento), que lleva el nombre del considerado más grande poeta de la civilización azteca.
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Naief Yehya
Nueva York, Estados Unidos
Si bien unos cuantos mexicanos provenientes principalmente de la capital y el norte del país trabajan en el mercado de valores de Wall Street, en la diplomacia en la ONU y en publicidad en Madison Street es bien sabido que la gran mayoría de los inmigrantes aztecas sobreviven en Nueva York con sueldos paupérrimos, haciendo las tareas que el ex presidente Vicente Fox definió sin el menor asomo de corrección política como "indeseables aún para los individuos de herencia racial africana": cuidar flores y frutas en las delis coreanas, hacer entregas a domicilio a bordo de bicicletas destartaladas o limpiar mesas y ser pinches de cocina en restaurantes. El lugar que los mexicanos se han labrado a fuerza de trabajos inclementes en esta urbe cosmopolita era patrimonio casi exclusivo de los poblanos.
Para estos inmigrantes no ha sido nada fácil abrirse camino entre otros grupos hispanos establecidos, como los puertorriqueños (un grupo que ellos perciben como extraordinariamente privilegiado debido que tienen la ciudadanía estadounidense), los dominicanos (una comunidad que ha crecido exponencialmente) y números crecientes de ecuatorianos, hondureños y salvadoreños que van ganando terreno y nichos específicos en el comercio y los servicios. Los poblanos lograron crearse una reputación de gente trabajadora, respetuosa, con excelente disposición y mejor comportamiento. Los demás latinos no necesitaban más competencia, y quedaban pocas vacantes para otros recién llegados en medio de este tumulto hispanoparlante. Sin embargo, un grupo de oriundos de Ciudad Nezahualcóyotl, una población humilde ubicada a la orilla de la ciudad de México que ha crecido tanto como para ser considerada como la segunda ciudad del país, fue suficientemente obstinado y astuto para lograr abrirse camino en un mercado de trabajo para indocumentados, mal pagado, a veces brutal y con escasas posibilidades de ascenso. De pronto, el número de inmigrantes procedentes de la región de la Mixteca comenzó a disminuir, mientras aumentaba el de los provenientes de Neza.
Nueva York es considerada por muchos indocumentados como un santuario: el trabajo es duro, pero no se compara con la explotación que se padece en el campo; la ciudad, a pesar de su mala fama, es bastante segura, la inmensa diversidad permite que los nuevos inmigrantes se asimilen fácilmente a los submundos que forman la compleja red social hispana y en gran medida el terror a la "migra" aquí es casi desconocido (aunque haya cada día más casos escandalosos de acciones policíacas y deportaciones). Además, a pesar de que en esta ciudad no se ha vivido un aumento considerable en el número de empleos, y en los últimos años hubo un gran crecimiento de población, hay trabajo para quienes están dispuestos a sacrificarse, ser flexibles en cuestión de horarios y tienen total disponibilidad para tolerar condiciones laborales extremas, a cambio de 7 dólares por hora.
Los mexicanos comenzaron a llegar aquí en la década del 20, cuando numerosas familias yucatecas emigraron hacia esta urbe; sin embargo, esa inmigración se detuvo y aparentemente ningún otro grupo siguió esos pasos durante más de medio siglo. Al grado que en la década del 80, los mexicanos eran una especie relativamente exótica en Nueva York. Como bien escribió la corresponsal de CNN, María Hinojosa, "no había mexicanos en Nueva York en 1979, o por lo menos ninguno que yo pudiera encontrar" (Living la Vida Latina, Time).
Hoy en cualquiera de los cinco condados (o como se les llama aquí, "boros") que forman esta ciudad -Manhattan, Brooklyn, Bronx, Staten Island y más notablemente Queens (la zona con mayor diversidad étnica, cultural y racial del planeta)-, los mexicanos están por todas partes y son fácilmente reconocibles. En cuestión de dos décadas se han convertido en el tercer grupo de inmigrados a esta ciudad, apenas atrás de los puertorriqueños y los dominicanos. Esto se traduce en que la cultura de la urbe se ha impregnado de ciertos rasgos mexicanos inconfundibles: ha dejado de ser difícil conseguir mole, nopales y chile pasilla; se acabó la dictadura de las tortillas congeladas y de las agruras provocadas por la salsa Tabasco. Aunque los cocoles y las roscas de reyes aún resultan repugnantes, se pueden comprar tamales en el Upper West Side o en una esquina de Chelsea y churros en el andén del tren L de la estación de Union Square.
Como otros fenómenos posmodernos, este florecimiento carece de centro, no hay un Little México, ni un Mexicotown, sino que la comunidad está dispersa en la zona metropolitana y en Long Island. Hoy el numero de mexicanos en Nueva York rebasa los 300.000, la mitad de los cuales son nativos. Por supuesto que contar con datos precisos es imposible, debido a que muchos (el 50% estima el académico Robert Smith; el 90%, segúnla Asociación Tepeyac) son indocumentados. En 1999, los poblanos eran más de la mitad del total de inmigrantes mexicanos a esta ciudad, mientras que los originarios de la ciudad de México eran tan sólo un 11,54%. Pero en 2001 se estimaba que entre el 25 y 30% de los inmigrantes mexicanos a Nueva York provenían de Neza.
En 16 años de vivir en Nueva York he sido testigo de la explosión de lo mexicano en la urbe. Me he beneficiado personalmente del hecho de que los nuestros han llegado cargando canastas de manjares, y he visto con asombro la proliferación de estandartes de la Guadalupana. No puedo decir que poblanos o mexiquenses vivan mejor o ganen más dinero, pero las altas tasas de natalidad y el auge de nuevas formas de economía informal tendrán ciertamente un impacto enorme. Dudo que Times Square comience a parecerse a la estación Guelatao o la Quinta avenida a la avenida Pantitlán, pero podemos esperar que este crecimiento permitirá a poblanos y nezayorquinos organizarse, tener mayor acceso a la educación y a las condiciones más elementales que conforman el aún vigente pero muy maltratado Sueño Americano.
Terra Magazine