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Darwin y las machas a la parmesana

Ximena Torres Cautivo/Terra Chile
Cucao fue elegido por la guía Lonely Planet como "el tercer mejor destino natural a nivel mundial".

Ximena Torres Cautivo
Santiago, Chile

Cucao es un referente clásico en mi familia: hemos tenido un perro, varias claves de acceso y hasta un pequeño velero con ese nombre. Quizás porque soy casada con un sureño de dura militancia, amante fidelísimo de los lagos, los canales, las nalcas, los chilcos y los coigües de Chile, es que ese caserío de la austral isla de Chiloé, que enfrenta directamente al indómito Océano Pacífico a lo largo de una playa magnífica y agreste de 20 kilómetros, ha sido tan popular en mi vida. Y no es que haya estado allí muchas veces, no. Apenas dos, una hace veinte años, cuando llegar hasta allí implicaba recorrer desde Castro, la capital de la isla, 58 kilómetros de pésimo camino de tierra y piedras sueltas en dirección noroeste, y otra, recién este enero, a través de una carretera de reluciente asfalto orlada de helechos que cruza la ondulada cordillera de la costa en versión isleña, atraviesa la selva y bordea lagos y lagunas de aguas lluvia que en el último tiempo se han convertido en el anzuelo para la venta de parcelas de agrado en la zona. Son los mismos 58 kilómetros, pero ahora el viaje con calma toma a lo sumo media hora.

Emprendimos el paseo bajo una lluvia de verano que amenazó con aguarnos el panorama, pero terminó cediendo a la ola de calor -la parte buena del calentamiento global- y nos regaló arcoíris, nubes blancas, negras, rojas y rosadas, cielo azul reluciente y todas las combinaciones posibles, para terminar por la tarde con un día espléndido, ideal para recorrer el Parque Nacional Chiloé y su mágico tepual o bosque de tepúes con especies sorprendentes como el coicopihue, una variedad de copihue, la flor nacional de Chile, en tamaño mini.

Cucao es un lugar preferido por gringos, europeos y turistas que llegan atraídos por la fama que tiene Chiloé en el extranjero, más ahora que fue elegido por la prestigiosa guía Lonely Planet como "el tercer mejor destino natural a nivel mundial", después de Tasmania, el primero, y del País Vasco, el segundo, y antes de Ko Tao, en Tailandia, el cuarto. Además de ser una de las entradas al Parque Nacional Chiloé, Cucao es poseedor de la vasta playa ya mencionada, que sin ninguna protección ni parapeto desafía al Pacífico, afrontando el viento, las olas y recibiendo a cambio la desbordada generosidad del mar. Basta la valentía (o un traje de goma en su defecto) para soportar la gélida influencia de la corriente de Humboldt sobre el esqueleto y aventurarse unos metros en el mar para sentir con los pies la abundancia de las machas ocultas en la arena. De ahí sólo con meter las manos, el almuerzo está asegurado.

Otra opción más confortable es regalarse un plato de esas mismas machas preparadas a la parmesana achilotada (el picante merkén, ají cacho de cabra, seco y machacado de los mapuches, hace la diferencia), antecedidas por un pisco sour seco y reconfortante acompañado de varias salsas servidas en conchas "de ostras, de locos, de machas, de navajuelas- que hablan de la prodigalidad del Oceáno Pacífico en estas latitudes. Salsas de cochayuyo, de luche, de merkén, hechas de productos autóctonos y originales, y otras clásicas como el alioli o la cebolla escabechada. A las machas, se suman corvinas, salmones, merluzas australes, preparadas al vapor por Susi Taum, la alemana que hace más de 20 años le da vida al sorprendente y acogedor Parador de Darwin, un restaurante y hostal ad hoc a este año 2009 en que se cumplen dos siglos del nacimiento de Charles Darwin (este próximo 12 de febrero, para ser más precisa) y 150 de la publicación de su obra más famosa: "El origen de las especies".

En el año de la evolución

En la puerta del parador está pintado el perfil del naturalista inglés que entre 1831 y 1836, a bordo del Beagle, recorrió las costas de Sudamérica desde el Estrecho de Magallanes hasta las Islas Galápagos, sentando con sus observaciones las bases de lo que sería su revolucionaria teoría de la evolución de las especies por selección natural. Y en el acogedor interior, las fotos de los indígenas que vestidos de caballeros fueron presentados en la corte británica y que terminaron alcoholizados después del traumático traslado "civilizador". También hay otras de los nativos en cueros e imágenes del propio Darwin, poniendo en contexto el nombre de este cálido y sorprendente parador.

Muchas páginas web aluden al negocio que Susi Taum, esta alemana proveniente de la Selva Negra y su marido chileno, el artista Rolando Quirland, tienen en este aislado rincón chilote. Y todas mencionan los méritos de su cocina, incluyendo el streusel kuchen de chocolate y cochayuyo que da cuenta de cómo pueden evolucionar "las especies" y cómo aquí sobreviven los más fuertes. Los más ocurrentes, los más audaces. Este 2009 ha sido llamado "El año de la evolución" y estará marcado por exposiciones, publicaciones, charlas, homenajes en todo el mundo, en especial en Inglaterra, donde se ha anunciado una edición especial de la moneda de dos libras que muestra el retrato de Darwin enfrente de un simio, rodeados por la inscripción "Darwin 2009", con un texto al borde que reza "El origen de las especies 1859".

En Chile, país donde se estima que pasó al menos un año de los tres que viajó a bordo del HMS Beagle, también se anuncian actividades. Nosotros proponemos partir por visitar aquellos lugares que él describió y documentó, como Chiloé o el parque nacional La Campana, en la Quinta Región, mucho más cerca de Santiago, donde también hay un parador de Darwin, el que me propongo conocer a la brevedad. Aunque dificulto que esos cerros polvorientos de la cordillera de la costa a la altura de la zona central tengan la magnífica belleza de Cucao y sus alrededores, de los que Charles Darwin escribió: "Gran número de árboles cargados de flores perfuman el aire, sin disipar el efecto de la humedad del bosque" Numerosos troncos muertos, erguidos como esqueletos dan a estos antiguos bosques un carácter solemne, que ya no es posible hallar en los países civilizados".

Sería fabuloso saber cuán civilizados le parecerían hoy a Darwin esos bosques de tepúes que la corporación nacional forestal (Conaf) protege como hueso santo. Y compartir con él unas machas a la parmesana con merkén.

Las opiniones expresadas aquí son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente están de acuerdo con los criterios editoriales de Terra Magazine.

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