
Ximena Torres Cautivo
Santiago, Chile
¿Qué tiene Junot Díaz -galardonado autor de La Maravillosa Vida Breve de Óscar Wao- que no tenga yo?
Para empezar el Premio Pullitzer de Novela 2008, un manejo del inglés y del español que sólo se logra a consecuencia de una temprana historia de inmigración en Brooklyn y una cátedra de literatura en español en el MIT. Eso para empezar, pero para seguir tiene un tipo de escritura de esa que a uno que escribe le deja la estimulante y solabarriética sensación de "vamos, que se puede". De que uno podría construir algo en esa misma tecla, en parecido tono. De que hacer literatura no es más que darle el palo al gato a eso que le hace sentido a muchos, que interpreta, emociona, hace reír en una página y llorar en la otra.
La historia de Óscar Wao, un adolescente latino criado en Estados Unidos, obeso mórbido a punta de comida rápida, nerd en grado extremo como consecuencia de sus afición a los cómics japoneses, las novelas de ciencia ficción y la saga completa de Star Wars y perpetuamente virgen como resultado de las dos aficiones anteriores, parece el argumento de una película de Nicolás López. O sea, es posible que a uno se le hubiera ocurrido. Habría bastado con inspirarse en uno de los pokemones que van a llorarle sus penas a la poco empática Eva a Chilevisión para tener al protagonista del cuento.
El chiste, el verdadero talento es que la historia del pobre Óscar, que encima es hijo de madre soltera y negra y por lo tanto él mismo es negro también, se remonta a los vericuetos del origen de su familia en República Dominica, un país al que los frívolos -o sea, la mayoría- conoce por sus resorts de Punta Cana y por Juan Luis Guerra y el merengue. Los más informados saben además que la isla fue uno de los primeros hallazgos de Cristóbal Colón en su primer viaje a lo que él creía eran las Indias, que es vecina del paupérrimo Haiti y que posee el infausto récord de haber sido gobernado durante 31 años por Rafael Leónidas Trujillo Molina, el dictador más dictador de todos los dictadores que se hayan conocido, según dicen. En República Dominicana, afirman, sí que no se movía ni una hoja sin que Trujillo lo supiera.
En Chile, Pinochet gobernó sólo 17 años; o sea, es menos bacán que Trujillo si de comparar dictaduras se trata. Pero también podría dar pie a una novela en que la vida del pokemón obeso está cruzada por la dramática historia de un detenido desaparecido realmente desaparecido que obliga a su abuela -soltera, por supuesto, eso tampoco es ajeno a nuestra realidad criolla, pero embarazada del detenido desaparecido- a salir al exilio. Allá nace la madre del pokemón obeso, quien crece como adolescente desarraigada y se vuelve a Chile donde se embaraza de un ex policía que resulta ser hijo del torturador de su padre, y de ese amor maldito nace nuestro protagonista que le cuenta toda esta historia a Eva en la tele un día a las cinco de la tarde en el canal 11, pero nadie le cree, porque el cabro es mitómano y tiene déficit atencional y un piercing en la lengua que hace que se le entienda poco lo que habla, y más encima es feo y obeso.
En fin, la novela de Junot Díaz es un poco como todo eso, pero armada con gracia, sensibilidad y estilo. Y además se le ocurrió antes que a uno. Porque en serio: Óscar Wao es un pokemón de los que todos hemos visto en el programa de Eva, pero a los que les hemos dado poca bola, apenas la justa para reírnos un rato a costa de su frikerío, como suele ser con todo en la tele.
Por eso es que Óscar Wao nos resulta tan familiar, y la novela tan buena, tan poco pretenciosa, tan terrible, divertida y viva como es la vida. Por eso y más razones que cada uno de seguro le encontrará es que el Pullitzer del 2008 es por lejos el best seller imprescindible del verano 2009. No se lo pierdan.
Terra Magazine
» Darwin y las machas a la parmesana