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Eugenio Tironi: "Somos un continente en luna de miel"

Reproducción
Portada de la edición de Uqbar del estudio sobre cohesión social de la Corporación de Estudios para Latinoamérica, con prólogo de Eugenio Tironi.

Ximena Torres Cautivo
Santiago, Chile

Aunque históricamente los chilenos siempre nos hemos creído y hemos tratado de pasar por "los ingleses de Latinoamérica", las conclusiones de la encuesta ECosociAL-2007, realizada en las principales ciudades de México, Guatemala, Colombia, Brasil, Perú, Argentina y Chile, demuestran que "somos profundamente latinoamericanos".

Así lo explica el conocido sociólogo, Eugenio Tironi, que es uno de los coordinadores del proyecto "Una Nueva Agenda para la Cohesión Social en América Latina", ejecutado por la Corporación de Estudios para Latinoamérica (CIEPLAN), en el que se inscribe la encuesta ECosociAL-2007. Hombre ligado al PPD, a los primeros gobiernos de la Concertación, a la comunicación estratégica que ejerce desde su recurrida empresa Tironi y Asociados, Eugenio Tironi escribe el prólogo del libro que se lanzó este martes 13 de mayo en Santiago y que reúne las conclusiones que arrojan los datos en torno al concepto socio-político de moda: la cohesión social.

"Lo que primero llama la atención es que los chilenos somos plenamente latinoamericanos. Desde el punto de vista de la economía, de la estabilidad política, de cierta prosperidad del país, puede que seamos menos latinoamericanos, pero desde los aspectos socioculturales, no cabe duda: lo somos ciento por ciento. No nos escapamos del molde y no somos ni de cerca los ingleses de Latinoamérica", afirma.

Entrevista

Terra Magazine: ¿Qué significa ser latinoamericano? Dígame tres atributos fundamentales...
Eugenio Tironi: Primero, los vínculos primarios tienen un peso enorme: la familia, las amistades, el vecindario y la idea de nación; segundo, una profunda desconfianza hacia lo que no es familiar y cercano; y tercero, una confianza escasa, mediocre, en las instituciones, lo que incluye la democracia. Chile, en promedio, tiene un mayor grado de confianza en la democracia, pero ese promedio es muy bajo si se lo compara con el de una nación desarrollada, como Estados Unidos o Canadá, un hecho súper curioso incluso entre los que estiman que la democracia es el mejor sistema de gobierno. Y esto es común a todos los países: en promedio un tercio de los encuestados considera que los delincuentes no tienen los mismos derechos que el resto de la población y justifican tener armas para defenderse. Vale decir, respecto de los delincuentes la mayoría de los latinoamericanos cree que hay que encerrarlos, restarles sus derechos o, peor, que matarlos... Es lo que pasa cotidianamente, por ejemplo, en Brasil.

En definitiva, lo que quiero expresar es que incluso entre los que declaran tener convicciones democráticas, al profundizar en ellas se revela lo frágiles que son. La cohesión social, que en la tradición estadounidense está dada por la disposición de las personas a confiar, asociarse y cooperar con otros como sustento de una sociedad cívica fuerte y, en la europea, por las ideas de igualdad económica, política y social, que garantizan el Estado y las instituciones, en Latinoamérica tiene otros fundamentos, muy distintos. Acá la desorganización social, el temor, la escasa confianza interpersonal y los bajos niveles de participación ciudadana, así como la desconfianza en las entidades del Estado, atentan contra esos modelos de cohesión. En nuestro continente lo que sostiene la cohesión social es el peso de los vínculos primarios, la ausencia de polarizaciones étnicas, religiosas y políticas, y las elevadas tasas de movilidad educativa y las expectativas de movilidad social ascendente.

Terra Magazine: En este sentido, los resultados de la encuesta suenan muy optimistas...
Eugenio Tironi: Todo indica que Latinoamérica es el continente más optimista del planeta. Y eso se nota en que la mayoría de la gente estima que está mejor de lo que estaban sus padres a la misma edad y supone que sus hijos van a estar mucho mejor que lo que están ellos cuando tengan su misma edad. Eso, a nivel mundial, resulta sorprendente. En Estados Unidos y Europa los adultos sienten como una obligación, como una carga, que sus hijos lleguen a tener las mismas condiciones de vida que ellos. Lo ven casi como un imposible. En Francia, en Alemania, en Estados Unidos. Acá, en cambio, la gente está viviendo una suerte de luna de miel en este sentido, incluso los más pobres tienen más expectativas de movilidad social que la clase media. Este es el lado dulce del estudio.

Terra Magazine: ¿Y cuál es el amargo?
Eugenio Tironi: El optimismo es un estado de ánimo de la gente, pero no una garantía de lo que vaya a pasar con la sociedad. La gente puede optar por soluciones autoritarias, que incluso impliquen violar los derechos humanos o el estado de derecho, si su optimismo se ve frustrado. Desde ese punto de vista es preocupante que la clase política no preste la debida atención a los temas de delincuencia, por ejemplo. Ahí está la parte oscura del estudio.

Terra Magazine: ¿De qué otra manera podría verse frustrado ese optimismo?
Eugenio Tironi: La gran fuente de frustración en América Latina es el hecho de que la educación no resulta tan rentable como las personas esperan, desde el punto de vista del empleo, de los ingresos, de las oportunidades. Los latinoamericanos están invirtiendo fuertemente en la educación de sus hijos y si ese esfuerzo no se ve recompensado, la frustración será enorme -dice con cara de "ahí estaremos en problemas".

Terra Magazine: En ese aspecto y comparativamente, ¿en qué pie están los padres chilenos? ¿Es efectivo que dentro del continente somos de los que pagamos más por la educación de nuestros hijos?
Eugenio Tironi: Sí, somos los que pagamos más alto en promedio. En Argentina, por ejemplo, donde las universidades privadas son carísimas, casi nadie estudia en ellas, porque la mayoría va a las públicas, que son muy buenas. Lo mismo sucede en Perú y en Brasil. Acá, en cambio, el cincuenta por ciento va a universidades privadas. Y estos altos costos se repiten en la básica y media. Si uno calcula lo que se gasta por alumno en Chile, sumando lo que invierten los padres y el Estado, es muchísimo, y por una educación que no es demasiado brillante.

Terra Magazine: Llama la atención en los resultados de la encuesta la poca polarización política, religiosa, étnica, que manifiestan los latinoamericanos... ¿Fue sorprendente este resultado?
Eugenio Tironi: Existe una predisposición mayoritaria a considerar que la riqueza y la pobreza tienen que ver con méritos individuales, con el esfuerzo y la capacidad, más que con el sistema, la estructura o la herencia. Es una idea muy estadounidense pero que se ha vuelto poderosa en Latinoamérica: las personas sienten que cada uno puede huir de la pobreza en base a su trabajo y que los ricos lo son por su propio talento. Esto implica que la gente tiende a culparse a sí misma de su propio fracaso.

Terra Magazine: Las que menos participación tienen y más excluidas socialmente quedan son las mujeres pobres y con bajos niveles de escolarización. En esos casos se entiende que ellas se planteen que sus hijos llegarán más lejos que ellas, porque su piso es bajísimo. Hablemos de eso...
Eugenio Tironi: ¿Sabes por qué hay tantas mujeres solas con hijos? Porque las casadas hoy tienen menos hijos. No es que hayan aumentado las primeras, han disminuido las segundas. Esto, que en Chile es más marcado, corresponde a una tendencia universal que se da en los países que alcanzan ciertos niveles de desarrollo.

Terra Magazine: ¿Cómo lo explica?
Eugenio Tironi: Básicamente en el acceso a los métodos anticonceptivos.

Terra Magazine: Leí hace poco que aparecerá una nueva medición que transparentará que son muchas más de un tercio las chilenas que forman parte de la fuerza laboral de este país...
Eugenio Tironi: En Chile podemos discutir cuál es la cifra de mujeres que trabajan hoy, pero lo que está claro es que de aquí a diez años vamos a tener a no menos del 50, del 54 por ciento de las mujeres, trabajando.

Terra Magazine: Impresiona la poca felicidad de las mujeres pobres.
Eugenio Tironi: Ese es un dato interesante. En general, siempre, en todas partes del mundo, la mujer es menos feliz que el hombre. Y entre ellas en este estudio se rompe el mito de que mujer que trabaja, que tiene doble jornada, es más infeliz que la que se queda en casa cuidando a los hijos. No, la que trabaja reporta mayor felicidad, sobre todo si tiene un trabajo formal. Y otra fuente de felicidad es la religión. Dicho de otra manera: la gente que tiene creencias religiosas es más feliz que la agnóstica o la atea.

Terra Magazine: Por último, donde Chile aparece disparado en relación a los demás países estudiados es en su falta de tolerancia o apertura.
Eugenio Tironi: Sí, la menor aceptación de las diferencias de clase, por ejemplo, se encuentra en Chile. Y los más abiertos a las diferencias son los argentinos y en menor medida los brasileños. Brasil y Argentina son sociedades más tolerantes y menos homogámicas que la nuestra. Lo dicen las cifras: mientras al 29 por ciento de los chilenos le incomodaría que un hijo o hija se casara con alguien de una clase social más baja, sólo a un 11 por ciento de los argentinos el tema les supondría una incomodidad. La encuesta está llena de información, información relevante para los gobiernos del continente, porque el tema de la cohesión se ha convertido en una variable central en las sociedades que aspiran a modernizarse.

Datos duros

Los más desconfiados en lo personal: los brasileños (86%)
Los más confiados en lo personal: los argentinos (47%)
Los más homogámicos en lo conyugal: los chilenos (80%)
Los que tienen mayor confianza en las instituciones: los chilenos (35%)
Los más desconfiados de las instituciones: guatemaltecos (64%) y mexicanos (54%)
Los que más valoran la democracia: los argentinos (75%)
Los que más justifican la violencia: los mexicanos (40%)
Los que declaran tener menos amigos: los chilenos (3.9 amigos por persona)
Los más amistosos: brasileños (7.3 amigos por persona) y guatemaltecos (7.4 amigos por persona)
Los mejores vecinos: los brasileños conocen en promedio el nombre de 12,8 vecinos (entre los chilenos el número es de 7.3)

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