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AP
Arthur C. Clarke, autor de 2001: Odisea del Espacio "siempre se dividió entre especulaciones de gran alcance y audacia imaginativa".
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Roberto de Sousa Causo
San Pablo, Brasil
El 19 de marzo falleció en Colombo, Sri Lanka, el escritor inglés de ciencia ficción y divulgador científico Arthur Charles Clarke, a los 90 años.
Clarke nació en Minehead, Somerset, Inglaterra, en 1917 y fue un fanático de la ciencia ficción en los años que precedieron a la Segunda Guerra Mundial, donde sirvió como operador de radar. El año siguiente después del fin de la guerra fue presidente de la British Interplanetary Society y escribió su primer cuento como profesional, Loophole, publicado en la revista americana Astounding Science Fiction, al que le siguió Rescue Party, en el que ya se intuye la proyección del ser humano hacia el escenario cósmico. En este sentido Clarke, altamente influenciado por H.G. Wells (1866-1946) y por Olaf Stapledon (1886-1950), dos escritores ingleses que trabajaron el sentido evolutivo de la especie humana, se alineaba perfectamente con el impulso pionero de la ciencia ficción norteamericana y el "futuro acordado" desarrollado en las revistas del género.
A lo largo de los años Clarke escribiría alguno de los clásicos más importantes de la ciencia ficción: The City and the Stars (1953), Childhood's End (1953), 2001: A Space Odissey (1968) y Rendezvous with Rama (1973). Clarke siempre se dividió entre especulaciones de gran alcance y audacia imaginativa como éstos, y novelas y narraciones más convencionales en que dejaba fluir su fascinación imperecedera por el desarrollo científico.
En sus mejores historias, como The City and the Stars y el cuento The Light of Darkness, el impulso de conocer lo que está "más allá de la colina", además del status quo mueve los personajes y el interés del lector. El sentimiento ominoso, atribuido en general a la esfera religiosa, está presente como potencial revelado por la ciencia en 2001 y otras narraciones. El rechazo de Clarke hacia la religión organizada contrasta con esta perspectiva, como en Childhood's End y el cuento clásico The Star. Cierto misticismo y una reverencia hacia el universo están presentes en varias otras prosas del autor, y ejercieron influencia sobre científicos de posiciones semejantes, como Carl Sagan. Su falta de paciencia hacia la religión organizada se extendía al marxismo y al predominio de la economía y la política en los hábitos humanos. "Existen algunas leyes generales que gobiernan la extrapolación científica" -escribió-, "así como no las hay (una venia hacia Marx) en el caso de la política y la economía".
Existió otro contraste entre esa visión de descubrimiento y exploración, y su tendencia creciente posterior a la publicación de sus mejores obras, de depender de información científica actualizada para la composición de sus argumentos. Clarke dijo que "el conocimiento exacto es un amigo, no un enemigo, de la imaginación y la fantasía", pero simultáneamente con su crecimiento como pensador visionario del progreso científico y tecnológico se verifica un debilitamiento de su ciencia ficción.
Clarke poseía facilidad para trabajar en pareja, comenzando por aquella con el ingenioso cineasta inglés Stanley Kubrick, en la producción de la película 2001: Odisea del Espacio (1968), donde el libro y la película se desarrollaron al mismo tiempo. Gentry Lee, autor norteamericano y científico de la NASA que escribió las secuencias de Rendezvous with Rama aligeró las novelas del misticismo científico de Clarke y lo substituyó por una religiosidad explícita. Gregory Benford, norteamericano, y Stephen Baxter, inglés, fueron los colaboradores más alineados con las tendencias y el legado de Clarke. Esta fase está marcada, en realidad, por el interés del autor en generar recursos para varias instituciones que apoyaba.
Además de 2001, Clarke escribió 2010: Odyssey Two , secuela inspirada en algunas ideas que le aportó el autor brasileño Jorge Luiz Calife, que también fue adaptada para el cine. Peter Hyams dirigió esta buena adaptación.
Al igual que Isaac Asimov y Ray Bradbury (entre los tres formaban el ABC de la ciencia ficción), Clarke fue un autor de ciencia ficción de proyección verdaderamente mundial, figura conocida por generaciones de lectores, una personalidad que ayudó a definir el siglo XX.
Este hombre que dijo que todos nosotros viajaríamos al futuro a una velocidad de 24 horas, por efecto del huso horario, falleció en el futuro, lugar que siempre habitó.
Terra Magazine