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Reproducción
Sitio web de la tienda Oxfam. A precios irrisorios pueden conseguirse prendas de marcas como Aquascutum, Marks & Spencer e Yves Saint Laurent, entre muchas otras.
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Maria Alice Rocha
Londres, Inglaterra
La novedad en Reino Unido actualmente es la inauguración de una boutique filantrópica repleta de prendas usadas con etiquetas de modistos renombrados y marcas de lujo. El sitio de moda es la tienda Oxfam ubicada en Westbourne Grove, en Londres, próxima a una dirección famosa, Notting Hill.
La adquisición de prendas de segunda mano en Europa es común, sin prejuicios. Y a Oxfam, una ogranización no gubernamental sin fines de lucro, con sede en Oxford y extendida a gran parte del planeta, se le ocurrió una oportunidad más para apelar al consumo consciente y prestar ayuda humanitaria.
De paso, la iniciativa tiende a convertirse en una nueva moda. Con el impulso de la preocupación por el calentamiento global, la escasez de recursos naturales y la explotación de trabajadores en las sociedades menos favorecidas, el hábito de repetir prendas o cambiarlas por otras se está convirtiendo cada vez más en algo recurrente, independientemente de la clase social.
El desapego del consumo compulsivo y de lo superfluo parece incluso no combinar muy bien con la industria de la moda, pero en tiempos de crisis, sea ésta material o de conciencia individual, todo tiene una razón de ser.
Haciendo un balance de lo ocurrido con el consumo de prendas en Europa en los años más recientes, es posible entenderlo mejor. La invasión de productos asiáticos hizo que los precios se desbarrancaran y mucha gente pasó a comprar compulsivamente porque estaba barato. Como la calidad de la gran mayoría de la prendas se correspondía con el valor abonado, muchas no resistían el lavado, casi convirtiéndose en descartables.
Resultado inmediato: roperos abarrotados. Resultado a mediano plazo: ventas a tiendas de segunda mano y donaciones a instituciones de caridad. Resultado a largo plazo: valorización de productos de calidad, marca y tradición. En la medida en que el consumidor europeo se acostumbró a gastar una parte menor de su presupuesto en vestimenta, la salida inmediata es la búsqueda de productos buenos, clásicos y con precios accesibles. Y he aquí donde entran las tiendas de segunda mano.
Oxfam ya anunció la apertura de otros dos puntos de venta de prendas usadas, donde lo "vintage" se mezcla con creaciones recicladas en proyectos sociales y con vestuarios de vanguardia realizados por estudiantes de moda. Todo fruto de las donaciones.
Para celebrar el inicio de las operaciones de Oxfam Designer Boutique, famosos modistos crearon una colección exclusiva, utilizando prendas y tejidos descartados. Las prendas se vendieron a través del sitio de Internet eBay, donde se recibieron ofertas para la subasta hasta el domingo pasado.
Otra iniciativa anunciada la semana pasada, que viene a corroborar la preocupación consumista, es Visa Swap. A partir del mes próximo y durante tres semanas, los consumidores podrán cambiar las prendas no deseadas de su guardarropa por puntos en su tarjeta Visa en una tienda temporaria que se instalará a tal fin en Covent Garden, otra dirección famosa del universo londinense.
A mediados de julio, los mismos consumidores podrán regresar a la tienda y elegir prendas dejadas por otros clientes con los puntos acumulados en su tarjeta. Llegado el balance final, las prendas remanentes del Visa Swap serán donadas a Traid, otra ONG británica que reúne fondos para comunidades del tercer mundo a través del reciclaje de prendas. Una verdadera feria de intercambio del usado, repleta de estilo y buenas intenciones.
Pero ante todo esto existe una preocupación que debe ser tenida en cuenta, por lo menos para la industria de la confección. Si la práctica se extiende por el mundo, la demanda de nuevos productos tenderá a disminuir, pudiendo inclusive sentirse en términos de volumen de producción. Y tal vez los habitantes del tercer mundo, hoy empleados en fábricas de indumentaria, sean las primeras en sufrir.
¿Moda sustentable? Difícil responder.
Terra Magazine
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