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"Golpe de estado refleja una falla en la OEA"

AP
"Esto es un tema personal: (José Miguel) Insulza no ha invocado en ningún momento la autoridad del Charter. Y esta es una crítica directa a Insulza", dice Sabatini respecto del secretario general de la OEA, en la foto.

Pablo Calvi
Nueva York, Estados Unidos

A escasas horas de que una delegación de líderes latinoamericanos acompañe al depuesto presidente Manuel Zelaya de regreso a Tegucigalpa, varias preguntas asoman en relación no sólo con el eventual desenlace de la crisis institucional en Honduras, sino con el rol que, por acción u omisión, varios organismos internacionales de control han tenido en ella.

En una entrevista exclusiva con Terra Magazine, Christopher Sabatini, director para América Latina de la Americas Society y del Consejo de las Américas, asegura que es necesario mirar hacia el interior de la Organización de Estados Americanos (OEA) para comprender cómo la crisis democrática pudo haber sido prevista, anticipada y hasta evitada.

Usted opina desde su blog de la Americas Society que el "Democratic Charter", la organización creada en el 2001 por la OEA para monitorear las democracias en América y prevenir intentonas totalitarias, se ha mostrado ineficiente para prevenir tanto el golpe de estado en Venezuela como el del domingo pasado en Honduras. ¿Cuál debería ser el rol de la OEA en escenarios como el de Honduras, en donde se quiebra el juego democrático?

Primero creo que la OEA creó este organismo en Perú con la capacidad de intervenir en situaciones previas a una crisis institucional. Bajo el "Charter", el Secretario General de la OEA puede intervenir y crear un consejo permanente en el caso de que sospeche que las instituciones democráticas o el balance entre ellas está comprometido en cualquiera de los países miembros de la Organización. Pero esto jamás se implementó a pesar de que el mecanismo existe.

¿Por qué cree que no se ha echado mano al "Charter" en el caso particular de Honduras?

Pues creo que esto tiene que ver con un problema que se refleja en tres escenarios. El primero es que para que este sistema funcione es necesario que haya un secretario general de la OEA que sea independiente y tenga coraje, y que esté comprometido con el Charter de un modo suficiente como para ejercer su rol de vigilancia y control. Esto es un tema personal: (el Secretario General de la OEA José Miguel) Insulza no ha invocado en ningún momento la autoridad del Charter. Y esta es una crítica directa a Insulza.

El segundo punto, y esto ya no es una crítica a Insulza, es que es necesario mantener un consenso en la OEA, pues el organismo funciona por votación unánime. Todos y cada uno de los 34 miembros deben votar por unanimidad para actuar en cualquier capacidad, lo que es desde luego un mecanismo sumamente complejo. En las Naciones Unidas al menos hay un Consejo de Seguridad. Además, claro, el consenso sobre qué es una democracia no es demasiado claro hoy en día. Y en parte la falta de interés o de coraje por parte de Insulza para trabajar sobre los temas que se veían venir en Honduras quizás se deba a lo difícil que resulta llegar a opiniones consensuadas en la OEA.

El tercer escenario es que de hecho es éste el modo en que funciona la OEA. Es lo que es y punto. Y el Charter es quizás dentro de esta organización una propuesta demasiado ambiciosa.

Lo que llama la atención es que el golpe parecería haber tomado a la comunidad internacional por sorpresa, cuando en realidad ya se mostraban signos en Honduras de algunos problemas en el interior del sistema democrático que varios expertos opinan que podrían haber sido previstos y resueltos sin llegar al golpe de estado. ¿Cree que en este caso hay que echarle la culpa a la OEA?

Sí, sin dudas. Lo primero que hay que comprender es que en las últimas dos semanas ya se veían signos de que este conflicto, este desastre, estaba a punto de ocurrir. Sobre todo cuando uno comprende que el ejército hondureño se resistía al recambio de sus comandantes y la Corte Suprema reinstituyó al comandante que había sido dado de baja por el presidente. Acá se trazaron líneas divisorias muy claras.

El problema es que la OEA no tuvo la capacidad como organismo de monitorear esta situación como es debido. Y esto ocurre porque, a pesar de que tiene una estructura que se apoya en el consenso unánime, éste es un organismo que se mueve hacia delante gracias a la voluntad de un solo hombre, José Miguel Insulza, su Secretario General. En consecuencia no hay nadie dentro del organismo con la autoridad para monitorear este tipo de situaciones más allá de él, o siquiera para levantar banderas de alerta.

¿Si seguimos su razonamiento, el lento viraje que vemos en América Latina hacia gobiernos de corte más totalitario, desde Chávez en Venezuela y los Kirchner en la Argentina hasta Uribe en Colombia, es parte del mismo escenario?

Sí. Pero en estos casos no creo que el problema sea enteramente responsabilidad de la OEA. Lo que ocurre es que en general la gente no entiende la necesidad de mantener íntegras y sólidas a las instituciones democráticas. Es fácil movilizarse cuando hay temas de derechos humanos, desapariciones y golpes de estado de por medio. Pero la delicadeza y la fragilidad y claro está la importancia de estas instituciones no es algo que se haya entendido claramente en América Latina todavía. Nadie sale a las calles para protestar por la remoción de un juez de la Corte Suprema o para protestar por la ilegalidad de lo que algunos consideran referendos vinculantes. Eso no ocurre porque no se piensa que estos hechos afecten al poder democrático. Por eso también es difícil tomar la iniciativa en este terreno cuando de hecho no hay consenso popular o intelectual acerca de qué significa vivir en democracia.

¿Cree que el golpe podría haberse evitado?

Me gustaría creer que a través de un proceso de diálogo se podría haber logrado generar consenso entre ambas partes. Pienso que es posible citar ejemplos positivos en este sentido, por ejemplo el de Nicaragua en 2005 cuando la OEA pudo hacer reconsiderar los antagonismos entre el congreso y el presidente Enrique Bolaños. De hecho en aquel entonces el Charter logró que se retomara la senda democrática en Nicaragua. Pero las cosas se dieron más rápidamente en Honduras.

¿Cuán necesaria cree que es la intervención de los Estados Unidos a nivel de sanciones diplomáticas o comerciales para impulsar el retorno de la democracia en Honduras?

Bueno, una de las cuestiones centrales es que Honduras es miembro del CAFTA (Central American Free Trade Agreement) y el acuerdo sólo admite estados democráticos. Desde los Estados Unidos, Obama ya declaró que considera lo que ocurre en Honduras como una interrupción del régimen democrático. Entonces será interesante ver de qué modo se planta el gobierno estadounidense frente a esto.

¿Hay, entonces, una avenida clara para presionar económicamente al gobierno de facto?

Sí, claramente.

¿Y hacia dónde debería apuntar el Departamento de Estado en pos de resolver el conflicto?

Creo que hasta ahora la reacción ha sido adecuada y positiva. Dura pero cauta a la vez. En las primeras declaraciones el Departamento de Estado mencionó algunas de las causas que originaron el conflicto. Pero aunque es claro que Zelaya no es aliado de los Estados Unidos bajo ningún punto de vista, se ha reconocido que se debe considerar el proceso democrático en su totalidad más allá de los hombres y sus posiciones personales. Creo que éste es un paso muy positivo a la hora de proteger la democracia y a la vez un modo de aquietar las polarizaciones ideológicas, algo que Hugo Chávez no está haciendo en este momento, por ejemplo.

¿Cree que la respuesta de Obama al conflicto en Honduras puede compararse con la respuesta que dio tras las elecciones tan cuestionadas en Irak? ¿Sancionar el acto pero mantenerse un paso al costado sin intervenir?

Creo que es posible comparar pero hay que marcar varias diferencias. Lo primero que se puede ver es que luego de ocho años, los intentos del presidente Bush a favor de la democracia se volvieron una herramienta torpe de su administración que en general creaba más focos de resistencia que otra cosa y daba a las claras la sensación de una intervención de los Estados Unidos. Sin embargo, esta vez en Irán Obama evitó crear la sensación de que los Estados Unidos estuviesen interviniendo. Esto es lo mismo que ocurre en Honduras. Las declaraciones del presidente son en defensa del proceso democrático y no de un bando u otro. En ese sentido la posición de los Estados Unidos es similar en ambos casos.

La diferencia es que los Estados Unidos tienen la posibilidad de tomar una posición más dura en Honduras gracias al CAFTA. Y desde 1991 existe un precedente para la defensa colectiva regional de la democracia en la que los Estados Unidos pueden apoyarse sin generar una intervención en los asuntos de un estado extranjero.

¿Qué se puede esperar de la reunión de hoy (martes) de la OEA en Washington?

Creo que se puede esperar más de lo mismo. Una declaración para que se le abran las puertas de nuevo a Zelaya. Se va a hablar de la creación de una fuerza conjunta para una misión en Honduras que logre algún tipo de acuerdo, que implicaría el regreso de Zelaya junto con algún tipo de concesiones democráticas por parte del gobierno depuesto, también.

¿Está la OEA impulsando al grupo de presidentes que viajará a Tegucigalpa el jueves?

No lo sé, pero creo que una delegación de presidentes no es suficiente para agilizar los acuerdos. Es necesario un esfuerzo diplomático y profesional sostenido más allá de que Cristina Fernández de Kirchner vaya y vuelva a la Argentina. Ella y los demás presidentes de la región tienen ya sus propios problemas y no cuentan con tiempo suficiente como para quedarse hasta que haya acuerdo entre la oposición y Zelaya. Para resolver este conflicto es necesario que haya esfuerzos diplomáticos profesionales sostenidos, acompañados por el apoyo de los gobiernos de la región.

¿Cómo cree que terminará esta historia?

Realmente es inconcebible pensar que el gobierno de facto pueda mantenerse en el poder. La condena ha sido tan unánime, tan clara y tan fuerte que creo que será difícil que el gobierno usurpador pueda evitar el regreso de Zelaya. Yo creo que Zelaya regresará, pero de un modo limitado, para terminar su mandato hasta las elecciones de enero de 2010.

¿Cree que la OEA es un organismo sin capacidad de reacción a la hora de resolver este tipo de conflictos?

No. No diría eso. Creo que al fin del día, la resolución de este conflicto se dará gracias a la intervención de la OEA. Pero lo que se ve con claridad hoy es que el Charter se ha convertido en un proyecto demasiado ambicioso para la OEA por cuestiones que tienen que ver con el actual Secretario General de la OEA y por razones que tienen que ver con el modo en que el cuerpo de la organización de 34 miembros debe funcionar. Yo creo que en parte por este motivo, en esta ocasión la OEA ha fallado. Quizás pueda reparar el daño, pero en definitiva el golpe de estado en Honduras es el reflejo de una falla en la OEA.

Las opiniones expresadas aquí son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente están de acuerdo con los criterios editoriales de Terra Magazine.

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