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"¿Cómo es la vida sin respirar?"

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Fabulosos Cadillacs se separaron en 2002. En esta gira tocará una banda "relativamente chica a comparación de lo que llegamos a ser", dice Sr. Flavio.

Pablo Calvi
Nueva York, Estados Unidos

A pocos días del lanzamiento en los Estados Unidos de "La luz del ritmo" y luego de una reunión que sus fans esperan ya desde hace tiempo, Los Fabulosos Cadillacs dicen estar más que listos para sus shows en Chicago y Nueva York. Y aunque el Hammerstein Ballroom amenaza con quedarles chico tras presentaciones en estadios para más de 20 mil personas en México y Argentina, Sr. Flavio (fundador y quizás el Cadillac que más hits escribiese para la banda) asegura que el transe y la pasión que sienten por tocar son los mismos en un estadio y en un salón para cincuenta personas. Y que, si en medio de la crisis "el mundo es una porquería", más vale divertirse, saltar y disfrutar todo lo que se pueda. Pura filosofía Cadillac.

Sr. Flavio (Flavio Cianciarulo), es sin dudas el principal arquitecto del reencuentro y el principal portavoz de la banda argentina que a principios de la década y tras Un Grammy, algunos MTV Awards e incontables nominaciones, fuera considerada como el mejor producto de exportación musical de América Latina.

En una entrevista decías que te sentís afortunado (literalmente dijiste "tuvimos suerte de llegar a donde llegamos") ¿Cómo te parece que habría sido la vida sin Cadillacs. o mejor, cómo fue la vida sin Cadillacs en estos seis años de pausa?

A partir de la diáspora yo en lo personal no dejé de tocar nunca. Cambió la frecuencia, tal vez, pero yo soy músico al 100%. Tocar y subirme al escenario para mí es como respirar. Y siempre me he subido al escenario desde que dejamos los Cadillacs, desde que decidimos dejar de tocar por un tiempo. Así y todo, no puedo concebir mi vida sin Cadillacs o sin música. Es si me preguntaras ¿cómo es la vida sin respirar? ¡Qué sé yo! Es un vacío. Soy músico las 24 horas del día. No sé hacer otra cosa, no me interesa hacer otra cosa. Puedo escribir un libro y hacer todo lo satelital a mí como artista. Pero lo importante para mí de ser músico es tocar en un escenario. En ese sentido me siento afortunado porque la gente todavía quiere ver a los Cadillacs y uno puede hacer unas localidades gigantes como hablábamos antes. Pero si la gente no lo quisiera también tocaría en un escenario como sea y donde sea. Mientras haya dos o tres o cuatro, montar algo medianamente potable es posible. Y siempre va a haber gente que te quiera ver. Por eso nunca voy a dejar de tocar. Eso es impensable para mí.

¿Cómo se sienten recibidos después de la parada que decidieron en 2002?

La verdad que muy bien. Estamos superando nuestras expectativas. Pero por otro lado sabemos que tenemos un show muy contundente, muy fuerte y estamos muy contentos con la recepción del show, que está siendo recibido como nosotros lo esperábamos. Que la gente nos quiera ver en vivo es para nosotros un placer. Estamos muy agradecidos. Claro que después, ahí arriba nosotros dejamos todo en el escenario como siempre. Eso sea para cincuenta o para miles de personas. Pero lo que es verdad es que hemos concebido un show muy contundente que realmente en cada ciudad que vamos cae muy bien. Y no esperábamos menos.

La gira los lleva de grandes estadios a sitios mas pequeños, como aquí en Nueva York, en donde van a tocar en el Hammerstein Ballroom, en el que entran 3.000 personas, muchas de ellas sentadas. ¿Esto cambia la dinámica del show?

Nuestro show es más para saltar que para estar sentado, sin dudas. Y espero que así sea también en Nueva York. Eso no quita que a veces toquemos en lugares más chicos, teatros... Pero, en lo personal, a mí me gusta tanto tocar para cincuenta como tocar para un montón. Por supuesto que tocar para un montón tiene todo el glamour que eso conlleva. Todo adquiere una dimensión enorme. Es un logro, una conquista. Pero después, cuando uno es músico puede estar en transe en un escenario y feliz con cincuenta personas y puede estar en transe y en un escenario, feliz con miles. Es más, a veces se disfruta mucho más un show chico que uno descomunal. Disfrutamos, claro, del estadio porque es una conquista difícil del lograr, de taquilla y en términos de éxito... no es fácil mantenerla. Pero también extrañamos los lugares chicos. Así que bienvenidos sean los lugares de mil personas, o de tres mil o las que fueran.

¿Cómo los afectó en escena la ausencia de Gerardo "Toto" Rotblat (el histórico percusionista de la banda que murió en marzo del año pasado)?

Bueno, no solo en escena sino en la vida misma, en cualquier momento del día, él se presenta, él está siempre en nuestros pensamientos. A veces de manera dolorosa, pero a veces como un gran estímulo. El tenía muchas ganas de que esto pasara y parece ser como que él es una fuerza que está con nosotros. Yo por lo menos quiero creer que eso es así. Y lo sentimos muy cerca en el escenario. El está con nosotros y de hecho él es "La Luz del Ritmo" en alguna medida.

A veces se los asocia con la festividad que parecía dominar en el mundo durante los 90. ¿Crees que la música que hacen es una alternativa para el ambiente de crisis que se huele por todos lados?

Yo creo que el mundo es una porquería. Por ende vos podés tomar la actitud, artísticamente, de pintar esa foto desgraciada de lo que es el mundo. Pero también podés tomar el camino de decir bueno, OK, el mundo es una mierda, nos vamos al carajo, vamos a pasarla bien. Con toda la profundidad que eso implica, ¿no? A pesar de eso, yo creo que asociar la música de los Cadillacs solamente a la festividad -con todo lo que me gusta ese costado-es ver apenas una parte. Yo creo que hay mucho piso y mucho fondo pero, desde ya, esa adrenalina y ese momento de juntarnos con la gente en el show es muy para arriba. Por lo menos así se concibe el concierto y así son nuestras canciones.

¿Cómo definieron la formación para el regreso?

Se dio algo curioso. Porque de hecho fue algo superior a lo que pudimos haber definido Vicentico y yo sentados a una mesa. Fue algo que venía de más allá. Los Cadillacs nos damos cuenta de quién de nosotros está más alejado y quien está más cerca. Y claro que priman los miembros fundadores, pero esa tampoco fue una regla de oro. Lo que pasó fue curioso, como si de algún modo todos hubiésemos sabido de antemano quién iba a estar y quién no. Y al final se definió un poco en base a la onda que hay entre nosotros, que rearmásemos esta formación que es relativamente chica a comparación de lo que llegamos a ser.

¿Creés que van a encontrar algún cambio desde la última vez que vinieron a los Estados Unidos, además del hecho de que ahora hay un presidente negro?

Bueno, todo cambia. El mundo es otro, el tiempo es otro. Pero eso es excitante. Los Cadillacs somos otros, estamos más grandes, pero eso no nos quita... eso es lo interesante de encontrarnos en un lugar nuevo. Yo creo que una de las cosas que más me sorprende hoy es ver que no viene gente grande a nuestros conciertos. Los Cadillacs marcamos mucho a la generación que hoy tiene más o menos 30 años. Pero yo no solamente veo a gente de 30 en los conciertos. Hay un montón de gente mucho más joven, pibes que incluso nos escribían, pidiéndonos que nos juntásemos porque nunca nos habían visto en vivo. Así que me gusta que haya juventud y me gusta nuestra veteranía porque es interesante haber pasado los cuarenta y poder seguir rockeando.

Las opiniones expresadas aquí son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente están de acuerdo con los criterios editoriales de Terra Magazine.

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