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Marcelo Bielsa devolvió el protagonismo al fútbol chileno

AFP
De blanco, Marcelo Bielsa charlando con sus dirigidos durante un entrenamiento en Puerto La Cruz, Venezuela, antes del encuentro con la selección local a la que finalmente venció.

Felipe Bianchi Leiton
Santiago, Chile

No hay caso. La ramplonería ataca de nuevo. Desde dos frentes: por un lado, los que insisten en analizar todo desde la simpleza del resultado inmediato. Los cortos de vista concentrados en el partido que pasó o el que viene. Incapaces de ir un poquito más allá. Esos que, cuando Chile perdió en Santiago ante Paraguay, no notaron los progresos, se quedaron en el marcador (extremadamente injusto) y crucificaron a Marcelo Bielsa. Los mismos que ahora hablan idioteces como que "ya hay que ir juntando plata para Sudáfrica 2010" o que "Brasil debe estar tiritando". Lesos. Gente que tira fuegos artificiales cuando ganamos y piedras cuando perdemos. Gente que, por lo mismo, no hay que tomar muy en cuenta.

La otra cara de los simplones y los intuitivos, siempre al borde de la ignorancia, tiene que ver con aquellos que, luego de los triunfos ante Bolivia y Venezuela, han desarrollado la muy humana, pero no por eso menos ridícula, capacidad para darse muchas, pero muchas vueltas de carnero. Tras semanas reventando y ninguneando "al argentino ese", ahora se suben apuraditos al carro de la victoria. Debieran meterse la mano al bolsillo para comprar un cuello ortopédico debido al riesgo, real, de dislocarse una vértebra ante tanta pirueta. Buena parte del contingente de El Mercurio, de Las Ultimas Noticias, de Radio Cooperativa y sobre todo de Canal 13 y el CDF, atornillaron al revés durante meses. Que cómo dejaba afuera a zutano. Que cómo cambiaba de puesto a mengano. Que cómo trataba tan mal a los ágiles (¿giles?) de la prensa. Hoy, Dios es grande y Chile un país generoso, todos caben en la peligrosa fiesta de los abrazos. Y ni se arrugan para hablar exactamente lo contrario de lo que hablaban hace un ratito no más.

¿Revolución o refundación?

Ni lo uno ni lo otro. Pero casi. ¿Cuál ha sido la gracia de Bielsa, qué es lo que ha cambiado desde que llegó? El sistema de trabajo. Y los conceptos. La prioridad dada a lo colectivo. La importancia de la disposición por sobre el talento bruto, literalmente hablando en un par de casos. La intención de adoptar el protagonismo, de salir a buscar los partidos más allá del emblema de los tres hombres en punta. El profesionalismo. La vida dedicada al fútbol. La cabeza al servicio de las patas, si me permite la brutalidad. La certeza de que, al momento de recibir un sueldo, el fútbol pasa a ser mucho más que un juego. Y exige otro tratamiento, otra actitud. No se trata de regimientos ni de dictaduras, como han dicho, ha modo de caricatura, los más flojitos. Es trabajo bien hecho nomás. Un poquito menos de mediocridad. Bielsa ha sido para Chile, si apuramos la comparación, una suerte de estatuto docente. O decente. Ha generado lo mismo. Rabia en los que no quieren salir de la tibieza y susto en los prefieren la seguridad que da la manga ancha. Enojo, igual que los profesores más chantitas, ante las nuevas exigencias. Ante demandas mucho más duras. Porque los requerimientos han cambiado. A los periodistas. A los jugadores. A los técnicos. A los dirigentes. Hoy el que no pasa la valla de conocimientos, de información, de análisis y de disposición que impone Bielsa, se queda afuera. Así de simple. ¿Le podemos llamar a eso refundación? Da lo mismo. Es un cambio fuerte. Casi un milagro. Un cambio que remece. Como nos remecimos alguna vez con Platko, con Jozic, con Peckerman (todos extranjeros, mire la casualidad). Como nos remeció Riera y su trabajo bien pensado para el 62. Como nos estamos remeciendo con Pellegrini y su éxito internacional. ¿Qué tienen todos ellos en común? Que triunfaron acá y afuera -que es donde en verdad importa- aplicando las mismas ideas y principios: lo colectivo por sobre lo individual, la disciplina sin matices, la valentía para ir a buscar el triunfo en cualquier cancha. Y el profesionalismo a ultranza, lindando con la obsesión. Bielsa camina el mismo camino. Y por eso la gente, que no es tonta, entiende que estamos viviendo algo distinto.

¿Por qué es distinto?

¿Qué Olmos sacó los mismos seis puntos? Maní. ¿Qué Acosta tuvo logros? Maní. Nada es igual. Ni se parece siquiera. Desde lo obvio ¿el currículum infinitamente superior de Bielsa- hasta su sistema de vida. Partiendo porque, pudiendo vivir en el Hyatt o en el Ritz o en una casa en La Dehesa, Bielsa vive en Pinto Durán. ¡En Pinto Durán! Agréguele el trabajo ordenado y permanente con varias selecciones al mismo tiempo. La revisión de todos los candidatos dentro y fuera de Chile. El reposicionamiento, el interés mundial, el foco que implica la sola mención de su nombre. Y, claro, la disciplina, las normas mínimas de convivencia, tan bien recibidas en un país cansado de vergüenzas y chulerías como el dublinazo, el puerto ordazo o el cucutazo.

A eso vino Bielsa. No sólo a clasificar. Vino a ordenar, a cambiar la mentalidad, a poner nuevas exigencias. No lo digo yo: lo dijo esta semana Harold Mayne Nicholls, la persona que lo contrató. La que le puso las metas. A confesión de parte... Seguir discutiendo el punto no sólo es ridículo: raya en la tontera. Es importante llegar al mundial, claro, pero obviamente Bielsa no vino sólo a eso. No idolatro a Bielsa, no como vidrio ni estoy mareado tras los notables resultados de la última semana. No acostumbro a dar cheques en blanco. A nadie. Ni a mis hijos. Ni a mi padre. No se trata de eso. Se trata de aplicar un mínimo de justicia y de mirar, aunque sea de tanto en tanto, más allá de la nariz. ¿No es esa, acaso, la obligación del periodista? ¿No debe haber diferencias entre la mirada del profesional y la mirada inmediatista de los hinchas? ¿Qué aún no ganamos nada? Claro que no. ¿Qué hay que poner paños fríos? Obvio. ¿Qué queda mucho? Por supuesto. ¿Quién ha dicho lo contrario? El punto es otro y va más allá del partido que viene o el que pasó. Eso es lo que nos tiene tan felices. ¿Todavía no lo entienden?

» Hable con Felipe Bianchi Leiton

Felipe Eugenio Bianchi Leiton es un periodista, presentador de televisión y comentarista deportivo chileno. En 2006 ganó el Premio Nacional de Periodismo Deportivo.

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