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"Uribe está quemando a dos generaciones"

Universidad Tecnológica de Bolívar/Reproducción
Collazos ha publicado más de 25 títulos entre novela, cuentos y trabajos periodísticos y es uno de los columnistas más leídos de Colombia.

Antonio Morales Riveira
Bogotá, Colombia

En momentos en que la actualidad política en Colombia se ve atravesada por toda suerte de tormentas que amenazan al régimen del presidente Álvaro Uribe Vélez, Óscar Collazos, uno de los grandes escritores colombianos contemporáneos, analiza con Terra Magazine, el trasfondo de los acontecimientos y genera el debate sobre los condicionamientos éticos, los derechos y los deberes del poder, en un país en conflicto.

Collazos (1942) -con más de 25 títulos publicados entre novela, cuentos y trabajos periodísticos y también uno de los columnistas más leídos de Colombia- opina que los métodos del gobierno de Uribe "no han curado la enfermedad sino que han creado nuevas enfermedades en el funcionamiento del estado".

Además, piensa que la persistencia de Uribe en el poder "está quemando dos generaciones de donde podrían haber salido, incluso, alternativas de gobierno dentro del mismo establecimiento. Uribe está cortando la posibilidad de que el establecimiento se modifique a sí mismo".

Terra Magazine: En los últimos seis años estos tiempos se ha consolidado en Colombia un proyecto de extrema derecha. ¿Qué ha sido, para usted, lo más complicado y lo más contradictorio del uribismo?

Óscar Collazos: Lo más contradictorio es un presidente que fue elegido y reelegido, que le prometió al país curar la enfermedad con métodos que no han curado la enfermedad sino que han creado nuevas enfermedades en el funcionamiento del estado. Lo sucedido en la política con el paramilitarismo, lo sucedido en los procedimientos de seguridad aplicados en este país, es suficientemente alarmante y vergonzoso.

Sin embargo, los índices de aceptación del presidente son grandes. La intencionalidad de voto por él baja un poco, pero las rayaduras en el teflón son pocas. ¿Usted atribuye esto a un proceso de identidad real de la población colombiana con el presidente, o que el presidente se parece a esa mayoría nacional?

Hay una identificación sin duda, y eso es lo extraordinario en este proceso: la relación que guarda el presidente con unas mayorías que lo siguen apoyando por encima de cualquier escándalo, por encima de cualquier tipo de hecho que vincule a amigos cercanos al presidente. Colombia viene de una larga enfermedad, con largos resentimientos. Este es un país que quiso en determinado momento deshacerse para siempre de la guerrilla, del paramilitarismo, creyó que lo podía conseguir con este presidente y no acepta el haberse equivocado.

Hay una especie de simetría en términos de la corrupción y en la violación de los derechos humanos. Los intereses de sectores corruptos se tocan con los sectores del estado, o con la formulación que se ha hecho del estado en estos tiempos...

Al modificar, por ejemplo, la constitución, al acomodar los organismos de control del estado a los intereses del ejecutivo, y si no se acomodan entonces hay que espiarlos, hay que hacerles seguimiento policivo, en ese momento, entonces, se produce una falsa identificación, o el propósito de identificar los intereses de un gobierno con la consistencia estructural del estado colombiano.

La policía captura a los jefes de los grandes carteles del narcotráfico, los extraditan y el negocio sigue...

Colombia ha vivido unos de los fenómenos más inteligentes y perversos en el narco paramilitarismo. Y el narco paramilitarismo se dio cuenta que uno de los métodos para sobrevivir era desmontar la estructura anterior de una organización con grandes capos visibles y atomizar en pequeños fragmentos esa organización. De sociedad limitada a sociedad anónima

Pero hoy se dice que detrás de los grandes capos hay grandes señores que no tradicionalmente han sido narcotraficantes, grandes señores de sectores muy poderosos del país...

Pues había un proyecto de estado detrás del paramilitarismo, ese proyecto de estado que venía detrás absorbió, porque era una gran esponja, los intereses del narcotráfico y sectores tradicionalmente limpios de la sociedad colombiana, sectores empresariales que, o bien para protegerse o bien para ir en el furgón de cola de ese proyecto, llegaron a la sombra. Eso ha pasado en los últimos tres años. Ahora nos vamos dando cuenta quienes realmente están detrás de esa refundación de la patria.

Pero esa locomotora narco-clase alta, no parece que se vaya a descarrilar...

No, porque los rieles no los han desmontado.

Es muy difícil desmovilizar a un ejército, como puede ser el ejército narco paramilitar, sin desmovilizar su logística. Uribe desmovilizó personas pero nunca tocó la logística, que sigue intacta y produciendo cocaína...

Y los intereses no se tocaron. Se creó un fenómeno que se va a convertir, o se está convirtiendo, otra vez, en el multiplicador de otras formas de violencia.

Hay quienes dicen que con ese fenómeno y con 4 millones de desplazados, la semilla de la próxima guerra -cuando no hemos salido ni curado las heridas y la enfermedad de ésta- ya está sembrada.

Me decía hace poco un ex presidente, de Colombia, que hicimos un proceso de paz sin haber conseguido la paz. Se le presentó al país un proceso de paz sin haber creado las condiciones para esta paz, en el caso de la desmovilización paramilitar.

¿Y los falsos positivos, el asesinato de inocentes para mostrarlos como guerrilleros dados de baja por parte del ejército?

Ejecuciones de inocentes sumarias y extrajudiciales. Es una de las consecuencias de este proyecto mal hecho. De esa paz mal pactada, y sobre todo de una dimensión ética perversa: la de creer que se podía cambiar al ciudadano, o la responsabilidad del ciudadano, por el ciudadano recompensado. Entonces, el ciudadano recompensado puede llegar a traer la mano de un guerrillero, cercenada. Para responder a esas exigencias del ejecutivo de dar resultados, algunos militares decidieron a esos inocentes convertirlos en víctimas. Hay un aparato moral-ético detrás de eso. Si no hubiera existido el sistema de recompensa, si no hubiera existido la propaganda del triunfo. Es decir, ese triunfalismo diario contrario al realismo, probablemente la criminalidad oficial hubiera sido menor.

Efectos de la crisis mundial, 17% de desempleo de los pocos trabajadores, 50 por ciento de subempleo, y una enorme capa de la población en la miseria...

Cuando se usa la palabra crisis yo siempre lo asocio con apogeo. Entonces, siempre digo, no sé si en serio o en broma, que las crisis para los colombianos son menos impactantes y menos dolorosas porque la mayor parte de los colombianos no hemos conocido el apogeo. Estamos enfrentando una crisis, pero lo curioso es que esa crisis se ve un año después de unos entusiasmos extraordinarios por parte del gobierno, que le cantaba al resto de América latina el hecho de que había tenido un crecimiento del 5, del 7 por ciento. Hasta hace muy poco, cuando empezó la crisis ya era un hecho en todo el mundo, en los Estados Unidos, en Europa; a principios de este año, todavía nos decían que la economía colombiana era una economía blindada frente cualquier crisis...

Pero el éxito de la economía y la crisis siempre fueron a la cola de otras economías y no propiamente de lo que se ha hecho acá...

No quiero ser catastrofista, pero hay unos escenarios en la vida colectiva de este país donde si no se es feliz como dicen las encuestas, somos el país más feliz del mundo, por lo menos donde los mecanismos de supervivencia que tiene el colombiano se siguen manifestando con una gran imaginación. Yo diría que este país es fundamentalmente un país no solamente de economía informal sino de vida cotidiana informal.

¿De ética informal?

Sí. La informalidad nos permite sobrevivir por encima de los fracasos, de las instituciones y de los macro proyectos de los gobiernos y de los estados.

Por eso hay una guerra estable que tal vez no necesita ser ganada ni perdida por nadie...

Quizá por eso no hay grandes movimientos sociales.

Usted sabe que en Colombia los trabajadores sindicalizados solo llegan al 4 por ciento... Lo cual para la extrema derecha es un éxito. ¿Una catástrofe para la democracia?

Si, la informalidad es un refugio que blinda, de hecho, blinda al estado de grandes conflictos sociales, esos conflictos sociales organizados, digamos.

¿Cómo ve la pretendida segúnda reelección de Uribe?

Uribe está quemando a dos generaciones. Esta quemando dos generaciones de donde podrían haber salido, incluso, alternativas de gobierno dentro del mismo establecimiento. Uribe está cortando la posibilidad de que el mismo establecimiento se modifique a sí mismo, con alternativas distintas del partido liberal o el partido conservador. No se diga de las otras formaciones políticas que se han creado al margen de los partidos tradicionales.

Las opiniones expresadas aquí son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente están de acuerdo con los criterios editoriales de Terra Magazine.

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