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"No hemos parido hijos para la guerra": Moncayo

EFE
Gustavo Moncayo.

Antonio Morales Riveira
Bogotá, Colombia

Pablo y Gustavo Moncayo han sido protagonistas de la vida colombiana desde hace más de una década. Pablo, el más joven cuando en 1997 fue tomado como rehén, junto a decenas de compañeros de armas, en una toma que realizó el grupo guerrillero FARC a la base militar de Patascoy, en el sur del país, ese grupo armado ilegal a gobierno alguno de Colombia. Amenazaban entonces con tener suficiente poder militar para copar importantes posiciones militares. De la guerra de guerrilla quería pasar a la guerra de posiciones y de dominio de territorios.

El segundo Moncayo, Gustavo, su padre, poco a poco comenzó a ganar imagen como el "Caminante de la Paz", desde cuando comenzó a marchar por miles de kilómetros para pedir la liberación de su hijo mediante un intercambio humanitario de guerrilleros presos por militares, policías y políticos en poder de las FARC.

Ahora ambos ocupan el centro de la noticia y de la expectativa nacional desde que las FARC anunciaron que liberarán a Moncayo, para entregárselo a su padre y a la senadora opositora Piedad Córdoba. Mientras se editaba esta entrevista del Moncayo "caminante" la senadora Córdoba denunció operativos militares en los alrededores de donde se encuentra el joven Moncayo, con lo que su liberación estaría en entredicho.

Terra Magazine: Profesor, ¿cómo se siente hoy frente a esta nueva situación, ahora que las FARC anunciaron la liberación de su hijo?

Profesor Moncayo: Relajado, tranquilo. Quiero recuperar mis fuerzas para el momento preciso, y esperar que sucedan las cosas

Si hay algo notable en usted es la fuerza de la voluntad. Yo creo que todo lo que usted ha logrado, todo lo que ha movilizado nacional e internacionalmente, es por esa voluntad...

Hay varios elementos: uno de ellos es el amor de padre que ha hecho que traspase todos los límites del esfuerzo normal. Siento mucha tristeza porque hay personas que saben que es estar secuestrados, pero no pueden hacer nada; unos, por temor, otros, por cuestión económica, por miedo, por amenazas de las mismas autoridades.

Pero su voluntad venció todo eso.

Si, he traspasado todos esos límites, y el motor fundamental ha sido el amor y la vocación de maestro, y dentro de ello aparece ya el ciudadano.

¿Lo que ha hecho y lo que está haciendo es de alguna manera una cierta educación en la cultura de paz de este país?

Es formación más que todo. En mi hogar recibí mucho afecto, ese cariño inmenso de mi madre, de mi padre, que en paz descansen los dos. Mi padre se llamaba Antonio Moncayo Chávez, mi madre: Raquel Rincón Cisneros, y ellos tal vez inculcaron en mí todo ese cariño.

Usted proviene de una familia campesina. ¿Cómo era ese mundo, cómo fue esa formación que lo condujo a ser lo que es hoy, pero también a ser maestro, a tener esa vocación?

Mi familia era muy humilde. Soy nativo de Santiago, Putumayo, en el valle del Sibundoy; allá crecí, hice mis estudios de primaria. Luego, viajé a Sandoná y realicé mis estudios de electrónica. Empecé a hacer cursos de radio y televisión. Fui creciendo, luego, terminé mi bachillerato, ingresé a la universidad. Primeramente hice un semestre de física- matemática.

Y finalmente llegó a la docencia...

Ingresé hacer la licenciatura en ciencias sociales, luego me regué por el mundo buscando trabajo, tanto mi esposa como yo, ambos profesionales, pero desempleados. Y tuve que recorrer el país...

¿O sea que no es la primera vez que lo hace?

Pero no caminaba.

Iba en bus...

Si, en transporte intermunicipal. Tocamos puertas en Bogotá, Barrancabermeja, en Ibagué, en Cali, en Pasto, en el Putumayo. Había necesidad de recorrer el mundo en busca de trabajo. pero desafortunadamente si no se tiene un padrino político es muy difícil. Y nosotros somos, nunca hemos estado metidos en cuestiones de la política.

¿Cómo fue el proceso para que Pablo Emilio terminara en la fuerza pública?

Una vez que yo logro ubicarme como docente de tiempo completo, en Sandoná, empecé hacer mis estudios de postgrado. Estaba haciendo una maestría en metodología de enseñanza de la historia, y había solicitado unos créditos en el Icetex, porque me quedaba un poquito complicado pagar la libreta militar de Pablo Emilio, y decirle, mire, yo quiero que usted realice sus estudios universitarios. Él quería seguir ingeniería electrónica...

¿Pablo Emilio llegó entonces al ejército por necesidad?

Si. Con dolor del alma tuve que decirle bueno, tiene que prestar servicio un año mientras yo termino mi postgrado, subo de categoría y ya le puedo costear la carrera...

Y él siguió en el ejército...

Cuando terminé mi postgrado Pablo Emilio ya era cabo segundo, entonces, yo le dije, usted por qué no renuncia, yo ya subí de categoría y ya le puedo costear la universidad. Me dijo: papi, porque no hacemos una cosa, déjeme trabajar un año en el ejército mientras les ayudo a construir la casa y, luego, yo decido seguir mis estudios¿

Y lo secuestraron las FARC...

Y precisamente no alcanzó y se lo llevaron.

Usted hace parte de FECODE, del sindicato de educadores, con una larga tradición de izquierda. ¿Usted es de izquierda?

Una cosa es aferrarse a una corriente ideológica, Es decir, dentro de ese pensamiento, por ejemplo, pensamiento socialista, pensamiento marxista, leninista, entonces son corrientes de pensamientos. Hoy estamos dentro de un proceso histórico, porque esto es cíclico, y dentro de ese proceso histórico,de mostrar el rechazo a un sistema que generalmente ha dejado una ola de sangre. Un sistema económico avasallador que desconoce realmente el sufrimiento de la gente pobre, lo digo porque lo viví...

¿En su infancia?

No tanto en mi infancia sino cuando ya tengo mi familia, tengo mi hogar, y cuando somos profesionales, con mi esposa...

Y no hay empleo...

Y no conseguimos. Y triste saber que uno como profesional es un mendigo. Vine a formar parte de ese "lumpen" profesional.

Término marxista profesor, lo de "lumpen"...

Yo no traigo una corriente definida. Vivo en la independencia.

Usted se salió con la suya pero la senadora Piedad Córdoba también se salió con la suya, en el caso de la liberación de Pablo Emilio, afortunadamente...

De todas maneras son formas de lucha sin violencia. Pienso que en el momento en que se vuelve más tirante la situación entre el gobierno colombiano y las personas que deseen contribuir para el proceso de paz, se empieza a notar como el nacimiento de un conflicto, que cada vez se va haciendo más grande, de lo particular a lo general, hacía lo exterior. Y cómo ese conflicto interno empieza a dañar las relaciones con los vecinos. Es como un estado de demencia, de locura, de creer que todo el mundo es enemigo...

¿Y que las cosas se arreglan a las malas, con la guerra?

Que todo se soluciona por la fuerza.

A propósito, ¿usted que opinión tiene hoy del gobierno de Alvaro Uribe?

Le respondo así. Si yo supiera que realmente hay voluntad de su parte, no estaría caminando. Lanzamos la iniciativa de un referendo por el intercambio humanitario. Entonces, si yo estoy lanzando una iniciativa, es porque queremos contribuir para evitar dolor y sufrimiento, porque obligaría a esas partes irreconciliables a sentarse a dialogar, a conjurar un poco el drama que se vive en Colombia

¿Y usted cree que eso seria posible en el evento de una segunda reelección del presidente Uribe?

Cada cual tiene sus sueños, sus ilusiones

¿Y que sentimiento le producen hoy las FARC?

Las dos partes han sido victimas de esa violencia con la diferencia que, la tercera parte, nosotros, hemos aprendido a perdonar. El común, porque son miles de personas, millones de personas que han sufrido o hemos sufrido en carne propia esa violencia.

Una vez liberado ¿usted quisiera que el cabo Pablo Emilio continuara en el ejército, en las armas?

No, no, no, realmente porque el maltrato que hemos recibido de parte del gobierno no se merece, no se merece, definitivamente no se merece. Lo otro es que nosotros, lo digo como padre, como mi esposa y como mi familia hemos sufrido. Como padre, y le decía a mi esposa, es que nosotros no hemos parido hijos para la guerra. Nosotros queremos que nuestros hijos sean alguien en la vida, pero las condiciones nos llevan a eso, y yo miro tristemente, por ejemplo, el accionar del gobierno con respecto a la guerrilla. La guerrilla es una guardería, es una guardería donde llegan los guerrilleros a una familia a decir, mire este joven están buenos para llevar a la guerrilla, y se lo llevan. Tienen algún pensamiento, han crecido...

Esa es la mayoría de la tropa guerrillera...

Son niños que les colocan a la fuerza un fusil, una ametralladora. Los papás con ese dolor tan grande van a la ciudad, van al pueblo, señor alcalde, señor gobernador es que vendo a denunciar porque me llevaron a mi hijo, ah, tu eres guerrillero, entonces, si sigue insistiendo te metemos a la cárcel, entonces, esa familia es desamparada y tiene que regresarse a llorar su tristeza allá en el campo, y el gobierno da la orden, acaben con esos terroristas; y orgullosamente muestran el avión fantasma o los helicópteros artillados disparando y se miran las crucecitas por todo lado corriendo y es bombardeando.

¿Quién muere? ¿Será que muere alguien importante o están muriendo esos niños que fueron reclutados?

Es bien sabido profesor, que en todas las guerras mueren los jóvenes y pobres...

El pueblo que es el mismo que está en el ejército. Lo está matando un soldado que es hijo de una campesina, porque no tiene su preparación se ve en su necesidad de prestar su servicio como soldado, como policía, y se van matando entre los mismos colombianos de las clases populares.

No cree usted en la solución de guerra para el conflicto colombiano...

Así nunca se acabará. Públicamente lo he dicho. Hasta que salga el último secuestrado no dejo mis cadenas. Pueden pasar normalmente a un museo, porque este es un símbolo, un símbolo de no violencia no solamente nacional sino internacionalmente; y si no lo quieren en un museo, pues pasará al museo del profesor.

En este punto el profesor se sale de la entrevista y enardecido coge impulso.

Los que supuestamente se creen de la clase media que no tienen empleo, cantidad de profesionales que deambulan por las calles y es como si estuvieran llenos de optimismo, porque aquí se les ha impuesto la bota militar, qué orgullo, mientras se están muriendo de hambre, mientras no tienen trabajo, cientos de profesionales que salen de la universidad no tienen trabajo, pero viven felices... Y si les dicen vamos a votar por la reelección pues votamos por la reelección, es increíble. Ahí es cuando yo me pongo a pensar y digo, cuanto tiempo tardará el hombre en seguir fingiendo no ver lo que ve... Y cuanto tiempo también tendrán que esperar los colombianos para seguir escuchando el traqueteo de los cañones, de los helicópteros artillados, de las granadas, de las minas antipersonal y todo eso, para saberse que son miles los muertos que ha colocado Colombia. Eso, yo los invito a los colombianos, a las personas que estén observando para que analicemos cuantas personas tal vez no tienen ni para el desayuno, ni para comer, que están en la Plaza de Bolívar desplazados, y sin embargo, en Cartagena se estaba hablando que aquí en Colombia no hay violación de los derechos humanos, que aquí en Colombia no hay desplazados y buscando alternativas para firmar un TLC, increíble, increíble, lo que estamos viviendo...

Le deseo un muy buen camino porque veo que va a seguir caminando...

Estamos haciendo un trabajo pedagógico, construyendo una nueva sociedad, llevando a los niños, a los jóvenes, a los adultos a una forma de pensar, a una forma de actuar sin violencia; y desde el punto mas importante de la sociedad como es el núcleo familiar, y basándonos en ello, ese amor que el profe despierta con relación a su hogar a su hijo, es el que se está sembrando en los niños, en las niñas y es como un mensaje subliminal...

El profesor toma aire y de nuevo construye su discurso.

Mensaje de amor. El profe esta haciendo todo lo contrario, yo en lugar de decir, bueno ese no es mi hijo, estoy luchando por mi hijo, estoy tratando de recuperar a mi hijo y no me ha importado, yo me he metido en la selva y he caminado y he tenido esa armonía de vivir en mi hogar con mi esposa, con mis hijos para ir en busca de ese ser querido, aquí esta tu amigo, mire, mire, toda mi familia, mi esposa, Nora Elena, Carol Dayana, Yuri Tatiana, Laura Valentina, Pablo Emilio que es el mayor, y uno de mis nietos el primer nieto, Santiago Nicolás, hace falta el otro nieto Mateo Alejandro y la transformación del profe en estos años de marchas y luchas.

Bueno profe mil gracias y una vez más, muy buen camino.

Y hay que seguir luchando por lo que viene. Por la paz de Colombia.

Las opiniones expresadas aquí son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente están de acuerdo con los criterios editoriales de Terra Magazine.

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