
Julián Gallo
Buenos Aires, Argentina

La foto de arriba es del otoño de 1966, cuando tenía 6 años, y es la primera que tomé en toda mi vida. La hice con una cámara de baquelita Gradosol que tenía mi hermano, una cámara que estaba inspirada en otra de juguete de origen checoslovaco, muy popular en la década del 50, llamada Pionýr o su versión francesa Photax.
La escena muestra a unos chicos de una escuela pública de Buenos Aires que fueron mis compañeros en segundo grado. Probablemente es de las pocas fotos en el mundo realizadas en esa época por un niño dentro de una escuela. Recuerdo que el día que llevé la cámara fue un revuelo entre todos los alumnos. No hubiese sido más extraño que llegara conduciendo un auto.
Mi papá en esa época era fotógrafo aficionado y tenía un precario laboratorio para hacer copias blanco y negro. La foto de la escuela fue impresa así, con bateas llenas de drogas que venían en polvo y que había que mezclar en proporciones perfectas usando una balanza y jarras de agua tibia.
Hace unas semanas atrás, 41 años después de aquel día de la foto, la imagen volvió a aparecer. Estaba suelta en un álbum familiar que hojeábamos en la sobremesa de una cena de domingo para asomarnos a nuestro pasado. El rudimentario fijador con olor a vinagre y el papel fotográfico habían funcionado por cuatro décadas, el álbum en forma de libro también:

Hacia la misma fecha recibí un email de Yahoo Photos con la particular dirección closing.photos.yahoo.com anunciándome el cierre definitivo del servicio y preguntándome qué quería hacer con mis fotos almacenadas ahí.
Afortunadamente solo tenía una fotografía intrascendente que había subido 3 años antes para probar el funcionamiento de ese servicio que nunca me gustó. No pude dejar de relacionar los dos hechos fotográficos: La foto hallada y el cierre del álbum online.

La carta robot de Yahoo! me informaba con simpatía que podía ayudarme a buscar un nuevo hogar para mis fotos advirtiéndome también que después del 20 de septiembre todas serían borradas para siempre.
Todo desaparece
Eliminar fotos, regrabar videos y quemar libros, me producen una emoción similar. Pena.
Hace dos años llegué a subir más de 2000 fotos tomadas día por día con mi teléfono celular a Textamerica. Dejé de visitar el sitio porque me pasé a Flickr y cuando regresé mis fotos de Textamerica no existían más, las habían borrado para siempre, y en ese caso sin advertencias.
En 2005 decidí ampliar mi cuenta de Flickr a una cuenta PRO. Por U$S 24.95 Flickr me daba la capacidad de almacenar 2 GB por mes y otras ventajas. Abrí mi cuenta, subí cerca de 800 fotos y sorpresivamente para mi, al cumplirse un año (cuando vencieron mis U$S 24.95), mis fotos desaparecieron, solo quedaron las últimas 200. Flickr no borró mis fotografías, pero para acceder a ellas debería pagar nuevamente.
Flickr, Yahoo!, Textamerica y supongo que todos los álbumes online del mundo no pueden garantizar que las fotos perdurarán, algo que sí hace el simple libro de fotos al que llamamos álbum ¿No es la posteridad la condición más importante entre todas a las que puede aspirar la fotografía?
Esa es la que no nos dan y tampoco nos prometen los álbumes online. Hay que entender muy claramente que la función de un álbum online como Flickr no es conservar las fotos, sino ayudar a compartirlas, ayudar a que otros las vean. Nada más. Pero qué inquietante es descubrir que las fotos digitales desaparecen sin demasiadas explicaciones.
La foto de abajo es un retrato de Antonio, mi hijo menor.

Ahora tiene 7 meses. Esta foto es única e importante como todas y no querría perderla ¿Pero cómo hacer? Como la fotografía digital tiende a la obesidad, la tarea es elegir correctamente e imprimir las que creemos que son fundamentales para su biografía.
Las otras pasarán de la cámara a la computadora y de la computadora a un DVD. Dentro de 41 años tal vez Antonio tenga suerte y al hojear un libro le caiga impresa alguna de sus fotos. O tal vez tenga más suerte y los discos que almacenan sus fotos y las de sus hermanos puedan leerse y vea así las miles de fotos de la familia. Ambos escenarios son posibles.
Absolutamente incierto parece que cualquiera de los álbumes online permanezca tanto tiempo y que le devuelvan sus fotos.
Terra Magazine