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Macri, el Berlusconi argentino: un modelo común

Ezequiel Fernández Moores
Buenos Aires, Argentina

Mauricio Macri, el político de moda en Buenos Aires, es apodado "el Silvio Berlusconi argentino". Pero su modelo político más cercano no es el ex premier italiano, sino el actual alcalde de Guayaquil, Jaime Nebot. Macri, Berlusconi y Nebot sí tienen un punto en común: el fútbol. Macri es presidente de Boca Juniors, el equipo más popular de la Argentina; Berlusconi del Milan, actual rey europeo; y Nebot, presidente vitalicio del Barcelona de Guayaquil.

El fútbol sirvió de primer paso a numerosos presidentes en Latinoamérica. Para otros fue también un refugio en tiempos de dictadura. Fernando Collor de Mello, el presidente más joven en la historia de Brasil, gobernó entre 1990 y 1992 y fue destituído luego de ser acusado de corrupción. Había sido primero presidente del club de fútbol CSA de Alagoas, su estado. Tabaré Vázquez, actual presidente uruguayo, fue primero presidente del modesto club Progreso, igual que Julio María Sanguinetti, un predecesor suyo, que primero había sido presidente del poderoso Peñarol. Y también Evo Morales, primer presidente indígena de Bolivia, debe al fútbol una parte de su carrera, ya que ganó sus primeros respetos en el Sindicato de Colonizadores como Secretario de Deportes, gracias a su habilidad con el balón.

Macri, heredero de un poderoso holding económico fundado por su padre, Franco Macri, asumió como presidente de Boca en 1995. Ganó quince títulos en once años de gestión (seis locales y nueve internacionales) y es el firme candidato a triunfar en el balotaje como Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires del próximo 24 de junio. La elección coincide con su club en la cresta de la ola, disputando una nueva final de Copa Libertadores de América ante el Gremio de Brasil (y muy cerca del título, ya que ganó el partido de ida 3 a 0).

"Si el país hubiese crecido como Boca, en la Argentina ya no habría pobres", fue uno de los slogans de Macri. En la página web de su partido político, PRO, una voz cita las propuestas de la agrupación. La segunda, en orden de aparición, dice textual: "Que el equipo de fútbol más popular de la Argentina sea conocido en el mundo".

Macri ganó popularidad y se convirtió simplemente en "Mauricio" gracias a la enorme vidriera que le ofreció Boca. Sus opositores lo acusan, sin embargo, de haber privatizado los negocios del club para empresas amigas. Entre estos figura Carlos Heller, derrotado por Macri en las elecciones de Boca de 1995. Paradójicamente, Heller es ahora nuevo rival de Macri en el balotaje del 24, pues figura como vicejefe de gobierno en la fórmula oficialista, liderada por Daniel Filmus, ministro de Educación del presidente Néstor Kirchner.

Otro nombre proveniente del deporte asoma en Argentina como figura potencial para las elecciones nacionales que se celebrarán en octubre. Se trata de Daniel Scioli, actual vicepresidente de la Nación y firme candidato a ganar la gobernación de la Provincia de Buenos Aires, el distrito más poderoso del país. Scioli ganó fama como campeón mundial de motonáutica. Pasó a ocupar el puesto que muchos creían que era de Carlos Alberto Reutemann, un ex vicecampeón de la Fórmula 1 y ex piloto de Ferrari que fue hace unos años gobernador de Santa Fe, su estado natal, y apuntaba a un mayor crecimiento dentro del Partido Justicialista (peronismo).

Nada es casual. Uno de los primeros dirigentes europeos entrevistados por Macri apenas asumió en Boca fue Berlusconi. Igual que él, Berlusconi también era un empresario rico, pero que precisaba de la popularidad del fútbol para iniciar su carrera política. Con el Milan, Berlusconi ganó 24 títulos en 21 años. Y, gracias en buena parte a ese espejo de gran aumento que es el fútbol, fue dos veces premier italiano y sueña ahora con volver al poder provocándole una derrota legislativa a Romano Prodi.

Macri adoptó a Berlusconi como modelo de presidente de fútbol. Pero su referente político no fue Berlusconi, sino el también derechista Nebot, que ya lleva dos mandatos seguidos como alcalde de Guayaquil. Nebot primero y Macri después adoptaron como estratega de sus respectivas campañas políticas al ecuatoriano Jaime Durán Barba. Pero tal vez, más que Durán Barba, fue el fútbol, en ambos casos, una enorme ayuda a la hora de ganar votos.

En Ecuador, el vínculo fútbol-política tiene inclusive más fuerza que en Argentina. El vicealcalde de Nebot es Luis Chiriboga, nada menos que el presidente de la Federación Ecuatoriana de Fútbol (FEF). Y en 1996, cuando fracasó en su intento de ser presidente de la Nación, Nebot fue derrotado por Abdala Bucaram, vaya ironía, otro ex presidente del Barcelona de Guayaquil. "El ídolo del Astillero", como se conoce al popularísimo club guayaquileño, parece ser un paso obligado para todo aspirante a líder político en Ecuador.

Así como unos toman la popularidad del fútbol como trampolín a la política, también se conocen casos en sentido inverso. "O Rei" Pelé fue Secretario de Deportes de Brasil en el gobierno del ex presidente Fernando Henrique Cardoso y Zico, el ex crack de Flamenco, había ocupado antes ese cargo con Collor de Mello. El liberiano George Weah, ex célebre atacante del Milan, fue derrotado en las últimas elecciones presidenciales de su paìs. Y el ex notable arquero José Luis Chilavert supo anunciar alguna vez su intención de ser presidente de Paraguay. Como Bill Bradley, una ex estrella de la NBA, que en 2003 quiso competir sin éxito en las elecciones presidenciales de Estados Unidos.

Los éxitos deportivos pueden ayudar a coleccionar votos, es cierto. Pero no más. La dictadura que manchó de sangre a la Argentina de 1976 a 1983 vivió su minuto de gloria cuando la selección blanquiceleste se coronó campeona del Mundial de la FIFA de 1978. Pero la gente vibraba en aquellos días por los goles del "Matador" Mario Alberto Kempes. No por el saludo del general Jorge Rafael Videla, un asesino.

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