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Obama se enfrenta a la recuperación de Hillary

AFP
Ninguno de los candidatos demócratas descartó de plano hasta el momento la idea de una fórmula conjunta.

Oscar Raúl Cardoso
Buenos Aires, Argentina

Quizá la realidad de la campaña electoral estadounidense le esté demandando demasiado a Barack Obama, pero lo cierto es que después de perder las internas frente a su competidora Hillary Clinton en Texas y en Ohio, sus doce victorias consecutivas anteriores -incluyendo la que obtuvo en Vermont el mismo martes pasado- han perdido buena parte de su lustre. Esa realidad es la que ahora le demanda protagonizar un segundo renacimiento, como el que tuvo en febrero pasado tras su primer choque fallido en New Hampshire.

Aunque Obama mantiene aun un número superior de delegados a la convención demócrata que elegirá la fórmula (1.465 contra 1.370 de Clinton), la distancia favorable se ha reducido un tanto y hace prever que, a diferencia del republicano John McCain, ni Obama ni Clinton podrán decir al final del ciclo de primarias que han reunido las voluntades suficientes (2.025) para consagrarse con los que el voto popular les ha dado.

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Por eso es vital lo del "nuevo renacer" para Obama. En esta circunstancia de paridad exasperante entre ambos contendores lo que está en juego no es sólo la nominación partidaria para la Casa Blanca que se decidirá en noviembre. Aun antes deben preocuparse por la percepción de los donantes a sus campañas, la adhesión de los convencionales que pueden cambiarla, la decisión de los llamados "superdelegados" (las autoridades partidarias y legislativas demócratas que no deben someter su posición al voto de las primarias y que pueden modificar una y cien veces criterio) y, sobre todo, la proyección de una imagen en la sociedad de ser capaces de alcanzar una victoria en noviembre frente a McCain.

La sensación que transmite Obama desde sus derrotas en Texas y Ohio es la de alguien que debe explicar todo otra vez. Quizás esto revele el secreto a gritos que existe en el aparato de campaña del senador por Chicago: Obama y los suyos esperaban que un triunfo en Texas colocara a Clinton a apenas unos centímetros de alejarse de la pelea por la candidatura. No sucedió, sin embargo.

Más aun, existe un impacto demográfico profundo que Clinton introdujo en la campaña. Con su triunfo en Texas no sólo revalidó sus credenciales de candidata con potencialidad, también revalidó su argumento de que está en mejores condiciones de obtener victorias en estados grandes y populosos y esto es vital en función de las generales de noviembre.

Obama había logrado hasta ahora hacer a un lado las dudas que despierta en este aspecto debido a los meses de crecimiento en popularidad, al atractivo de figura nueva y de hábil orador que ha desarrollado, y a su record de doce victorias consecutivas. Las dudas han regresado a hora como nubes de tormenta.

Nada de esto significa que Clinton haya colocado la candidatura de su rival al borde del KO, por usar un término boxístico. Para ella lo de Texas y Ohio es apenas una muy necesitada bocana de aire político fresco. Pero el hecho de que haya podido darla, si la salvó, también complicó las cosas para ambos rivales.

Con Pennsylvania como lugar de la próxima primaria, y por el carácter decisivo que ha adquirido, Clinton y Obama tienen siete semanas en las que preocuparse ahora por golpear cada uno sobre el otro, mientras McCain -ya candidato- podrá usar las figuras de ambos como blanco de sus dardos, estará ya en campaña nacional.

El riesgo de esta situación es evidente. Obama ya sintió el peso de la campaña negativa que no asusta a Clinton. Aunque es difícil saber cuánto lo dañó en Ohio -un estado donde la economía es el centro de la preocupación social- la revelación que uno de los asesores económicos de Obama, Austan Golbee, le aseguró a autoridades canadienses que no debería preocuparse demasiado por la retórica anti TLC del precandidato, que era solo de oportunidad política.

Tampoco lo ayudó que un amigo y ex contribuyente de fondos para Obama, Tony Rezko, haya sido procesado judicialmente por cargos de corrupción. El problema de Clinton con estas revelaciones -que fueron filtradas por su equipo de campaña- es que abusar del recurso en esta etapa ya no solo lesionará a Obama sino a la imagen de la futura fórmula demócrata, cualquiera sea que la encabece.

Para Obama la necesidad de dirigir los cañones hacia Clinton tampoco tiene una respuesta sencilla. Sacarse los guantes para combatir con la senadora por Nueva York iría en desmedro de su discurso en el que hasta ahora ha prometido un cambio que elimine las divisiones y prácticas del pasado.

¿Qué queda por delante que no haya llamado aun la atención? Hubo una referencia de Obama en los últimos días sobre lo que considera un tiempo "demasiado temprano para hablar de una fórmula conjunta". Pero, ¿es en verdad temprano?

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