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Después de Fidel: Cuba fija la mirada en el modelo chino

EFE
Cartel alusivo al líder cubano Fidel Castro puesto en La Habana el mismo día de su renuncia.

Oscar Raúl Cardoso
Buenos Aires, Argentina

La decisión de renunciar al gobierno del último de los líderes históricos del comunismo, Fidel Castro, parece inaugurar la transición de la transición en la medida en que deja a su hermano menor, Raúl, como sucesor, una designación que aún debe ratificar el próximo fin de semana la Asamblea Nacional de Cuba. ¿Por qué la transición de la transición? No es sólo un juego de palabras. El hombre cuya salud ha estado seriamente afectada durante el último año y medio hace mutis por el foro a los 81 años y su sucesor es un hombre de 76 años. Raúl no tiene, en verdad, mucha mayor reserva de tiempo biológico que Fidel.

De este modo, el recambio debe abrir también la puerta de la cima de poder a nuevas generaciones de cuadros de la revolución socialista, una cuestión que parece haber concentrado la atención de Fidel en este tiempo en que ha pasado a ejercer el rol de gran analista del proceso de su país a través de artículos y cartas abiertas.

Tanto la decisión de pasar a reserva como el problema de las generaciones más jóvenes del sistema no son novedosos y han dominado la escena de incertidumbre que se abrió a mediados del 2006 cuando Fidel debió ser operado de urgencia en dos oportunidades y se temió por su supervivencia. Desde su primer mensaje tras aquellas operaciones, Fidel dejó en claro que no arriesgaría un regreso mientras su salud dejará la más liviana de las dudas sobre su capacidad para ejercer plenamente su liderazgo. Y el acceso de los más jóvenes también estuvo en el centro de su argumentación sobre el futuro. "Mi deber principal no es soldarme a los cargos ni mucho menos obstaculizar el camino de los más jóvenes", escribió Fidel en diciembre pasado.

Nadie espera una sorpresa de la Asamblea Nacional a la hora de designar al sucesor, pero en cambio hay mayores interrogantes sobre hombres como el vicepresidente Carlos Lage Dávalos y el canciller Felipe Pérez Roque que en este tiempo fueron parte, junto a Raúl, del pequeño colectivo que Fidel eligió para el interinato. La posibilidad de que sean encumbrados otros nombres de las generaciones menores también es tomada por los analistas como un signo de los tiempos por venir. Aun cuando su enfermedad de mediados del 2006 motivó anuncios sobre un inminente caos político en la isla, el interinato de Raúl ha sido un modelo de estabilidad aunque también de continuismo lo que redujo las expectativas de cambios.

Ambos hermanos parecen haberse preocupado por hacer que la isla navegara por aguas calmas y concentrarse en la única posibilidad realmente peligrosa para el régimen: el surgimiento de una fuerza opositora doméstica de proporciones importantes. Esto no existe, hasta ahora al menos, en la isla. Raúl deberá ahora sacudirse la inevitable sospecha de que Fidel sigue siendo el poder detrás del trono formal y que sus ideas son las que guían la nueva etapa. Es descrito como un admirador del proceso de capitalismo estatal que abrió las puertas de la modernidad a China y también -a lo largo del interinato- incentivó un proceso de debate nacional sobre las limitaciones y fallas del sistema.

No, no es aun la generación de un diálogo político ni tanto menos, pero dejar que los ciudadanos alcen la voz quejándose por los yerros en la economía, en la salud, etcétera, marca un rumbo inédito en Cuba. Por lo demás -y aunque no resulta inteligente esperar cambios rápidos o mayores- Raúl Castro se hará cargo de un estado cuya armonía con el proceso de cambio internacional está en deuda. El mundo en que Fidel ha iniciado su retiro es dramáticamente diferente del que en 1959 vio el triunfo revolucionario.

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