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AFP
Oscar Arias viene insistiendo hace mucho con la idea de una carrera armamentista en América Latina.
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Oscar Raúl Cardoso
Buenos Aires, Argentina
Cuando algo es desmentido una y otra vez por algún gobierno, está claro que hay que comenzar a preguntarse cuánto habrá de verdad en la premisa negada. Un caso para ilustrar esta premisa es el de las numerosas veces que este año Brasil y Venezuela han negado estar participando en una incipiente carrera armamentista regional.
Las adquisiciones de armamentos que el gobierno de Hugo Chávez realizó a lo largo de este año -desde miles de fusiles de combate Kalashnikov hasta submarinos de las clases Kilo y Amir- y, más recientemente, la decisión del gobierno del presidente Luiz Inácio 'Lula' da Silva de aumentar el gasto militar de su país en un 50% (de 3.640 millones de dólares a 5.600 millones de la misma divisa) durante 2008, apuntan en un sentido diferente al que sugieren los voceros de los gobiernos de Caracas y Brasilia.
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Chávez ha insistido en que Venezuela sólo se está armando en la medida de sus necesidades potenciales, invoca la posibilidad de una expedición militar estadounidense para deponerlo, y en Brasil el ministro de Defensa Nelson Jobim aseguró a comienzos de este noviembre que su país estaba decidido a "no iniciar ni participar de una carrera armamentista" aún cuando Venezuela haya decidido rearmarse.
Cabe recordar que en febrero de este año, el ex presidente y actual senador José Sarney, denunció a Chávez y a Venezuela por aumentar la tensión militar con sus compras de armamentos. Aunque Lula se cuidó con esmero de asociarse a esta postura de Sarney es imposible ignorar que el legislador es un importante aliado de su gobierno.
Los datos fríos de la realidad parecen, sin embargo, dar cierto crédito a voces como la del ex presidente costarricense y premio Nobel de la Paz, Oscar Arias, quien desde hace dos años insiste en denunciar la existencia de una carrera armamentista en pleno desarrollo en América Latina.
En abril pasado una importante organización académica española -el Real Instituto El Cano de Estudios Internacionales y Estratégicos (RIECE)- avaló con su informe anual la posición de Arias, aún cuando el trabajo reconoció que América Latina es un participante mezquino (apenas 1.4% de su PBN) en la configuración del gasto militar global y está muy por debajo de las restantes regiones del orbe.
Aunque Lula y su ministro, Jobim, insistan en sus explicaciones, la decisión brasileña de duplicar su inversión en defensa no puede sino impactar en la imaginación más sospechosa del resto de Latinoamérica. No sólo aparece como un mensaje indirecto a Venezuela, sino que el incremento se produce en el único país del subcontinente que tiene una definida vocación de jugar en las ligas mayores del orden internacional. La historia no ha cambiado tanto como para que una potencia -siquiera de orden mediano- no se vea obligada a respaldar sus aspiraciones de protagonistas con una dosis importante de poder de fuego.
En todo caso, porque parece prematuro aceptar de modo acrítico las afirmaciones más apocalípticas sobre una carrera armamentista en la región al estilo Arias, la evolución del tema es reveladora del futuro de conflictos que pueden demandar en la región el despliegue operativo de uno o más poderes militares.
La adquisición de 100.000 fusiles Kalashnikov por parte de Venezuela sugiere la intención de crear milicias más allá de las fuerzas armadas tradicionales y prepararlas para una lucha en territorio propio si la invasión tan temida se produjera.
Pero este no es el único escenario posible. La situación interna de Venezuela es extremadamente complicada y abundan los pronósticos sobre un enfrentamiento de proporciones entre la oposición y el oficialismo enfrascados como están ambos en la disputa por la reforma constitucional que promueve el gobierno. La idea de una incipiente guerra civil ha estado presente desde casi el mismo momento en que Chávez llego al poder a fines de los 90 y cada tanto recobra fuerza.
Hay, además, un compromiso de Chávez de intervenir en Bolivia si prospera algún intento por articular un golpe de Estado contra Evo Morales, algo que si decide cumplir en algún momento generaría una crisis regional e internacional de consecuencias difíciles de prever.
Por lo demás la compra de submarinos rusos que tienen una autonomía de 6.000 millas náuticas sin necesidad de reabastecimiento es algo que no sólo produce alerta en Estados Unidos; paises de la región como Brasil -especialmente Brasil- no pueden sino dedicar a sus estados mayores a develar el potencial marítimo que estas unidades aportarán a Venezuela.
Algo que parece no tener vinculación directa sobre esta temática y sin embargo echa sobre ella un grueso manto de duda es el destino del Mercosur, la unión aduanera de Brasil, la Argentina, Uruguay y Paraguay. El emprendimiento está poco menos que aquejado de parálisis política: Paraguay revalúa el sentido de pertenecer al foro, la Argentina y el Uruguay aparecen absorbidos por la disputa de una planta productora de celulosa en la ribera del río Uruguay, Brasil y Venezuela no terminan de acordar los términos en que Caracas podría -o no- ingresar al Mercosur.
Algunos analistas internacionales creen que, antes que después, Brasil enfrentará también la pregunta sobre si sus intereses nacionales son compatibles con el Mercosur. Si esto sucede, si una crisis mayor aqueja a la unión aduanera, esto sin duda tendrá un impacto mayor sobre la geopolítica del cono sur.
Es frecuente olvidar hoy que el Mercosur tiene su origen en los acuerdos de relación especial entre Brasil y la Argentina de mediados de los 80 cuya mayor parte estuvo dedicada a construir medidas de confianza militar entre dos naciones que se percibían a sí mismas como potenciales adversarios regionales.
En ese aún hipotético caso es razonable preguntarse ¿hacia dónde avanzaría el gasto de defensa en el cono sur? Sobre todo en países como la Argentina que, desde la restauración de la democracia en 1983 ha puesto a sus fuerzas armadas en una dieta presupuestaria que las ha dejado poco menos que inoperables.
Terra Magazine