Terra
Terra
 
 

Terra Magazine

› Terra Magazine › Terramagazine

Masacre del 2 de octubre, una herida que aún no cicatriza

AFP
Este 2 de octubre se realizó una manifestación más para gritar "2 de octubre no se olvida".

Rosalía Vergara
Ciudad de México

La masacre del 2 de octubre de 1968 en la Plaza de las Tres Culturas ubicada en Tlatelolco, México, es una de las heridas abiertas de la sociedad mexicana que, a 40 años, sigue sin cicatrizar y, por el contrario, ha revivido las demandas de justicia y cero impunidad para castigar a los culpables de ordenar la matanza, entre estos, el ex presidente Luis Echeverría Álvarez.

Como cada año, el pasado 2 de octubre se realizó una manifestación más para gritar "2 de octubre no se olvida" y exigir al gobierno en turno que castigue a los culpables; pero de igual modo, como cada año, grupos de "provocadores", como los identifican los miembros del Comité del 68, o "porros", como les dicen los estudiantes, o "anarcopunks", como los tachan las autoridades locales, ensombrecieron el mitin por los actos de vandalismo cometidos en establecimientos del centro histórico de la ciudad de México.

La marcha de este jueves 2 de octubre de 2008 fue una de las más nutridas, incluso no se había visto manifestación igual desde la procesión del silencio, cuando estudiantes "sesentayocheros" caminaron en silencio para demandar justicia y libertad, encabezados entonces por el rector de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Javier Barros Sierra.

Las diferencias no fueron el número de manifestantes, sino las intenciones. La mayoría eran jóvenes que incluso no habían nacido en 1968; las demandas no fueron las mismas, se trasladaron al México de hoy: mejor educación críticas al gobierno de Felipe Calderón, que se acabe con los porros, grupos vandálicos de las universidades y preparatorias públicas y que no cierren la Escuela Normal de Maestros.

Otro punto álgido que fue criticado por el dirigente del Comité del 68 fue que no se criminalice la lucha social como pretende hacer el gobierno del derechista Felipe Calderón con la creación de una policía única y un nuevo Centro de Investigación en Seguridad Nacional (CISEN).

Así, con la denuncia de que el gobierno federal está reconstruyendo el aparato de represión porque pretende criminalizar la lucha social, alrededor de 30 mil personas recordaron la masacre de la Plaza de las Tres Culturas, en Tlatelolco, en 1968.

Alvarez Garín, quien cuestionó la política represiva del gobierno de Felipe Calderón justificada como lucha contra el terrorismo y el narcotráfico, se quejó de que se pretende criminalizar la lucha social y preparan la represión. "En 68 el Ejército entró a escuelas y lograron resistir a pesar de la represión en Tlatelolco, cometieron genocidio y aplastaron el movimiento. Cuando la faramalla se les cayó y se supo la verdad, encarcelaron a los participantes en el movimiento", sostuvo.

El 68

El origen del movimiento estudiantil derivó de un incidente de fútbol americano entre la vocacional 2 del Instituto Politécnico Nacional y la Preparatoria Isaac Ochotorena, incorporada a la Universidad Nacional Autónoma de México el 22 de julio de 1968. El juego terminó en pelea, pero culminó en un enfrentamiento entre estudiantes y granaderos que pretendían disolver la gresca, y detienen a varios alumnos violando la autonomía universitaria.

Del 26 al 29 de julio de ese año diversas escuelas declararon paro de labores por la libertad de sus compañeros llamados ya presos políticos, pero el Ejército comenzó a ocupar las escuelas como la Preparatoria 1 de San Idelfonso, cuya puerta tallada en el siglo XVIII fue destruida por un basucazo.

Javier Barros Sierra, entonces rector de la UNAM, condenó los hechos y el 30 de julio izó la bandera a media hasta y pronunció un discurso para defender la autonomía universitaria. Ese día encabezó una marcha donde se enarboló la demanda: "Unete pueblo".

Posteriormente, el 26 de agosto se realizó otra marcha al zócalo capitalino y es la primera vez donde las consignas suben de tono hasta el insulto del entonces presidente Gustavo Díaz Ordaz. Los manifestantes decidieron quedarse en plantón hasta que dialogaran con el gobierno, la respuesta de las autoridades federales fue la represión, cuando tanquetas salieron de Palacio Nacional para dispersar a los manifestantes.

A este hecho siguió la marcha del silencio, el 13 de septiembre; cuando históricamente los manifestantes se colocaron un pañuelo en la boca para no decir consignas. En respuesta, el 18 de septiembre el Ejército entró a Ciudad Universitaria y el 24 de septiembre hace lo mismo en el Casco de Santo Tomás del IPN.

Un día antes el Ejército abandonó las instalaciones universitarias; para entonces ser estudiante era un sinónimo de delincuente, de provocador social. Al siguiente día, durante el mitin de la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco, el gobierno de Díaz Ordaz, con Luis Echeverría como su secretario de Gobierno, decide disparar contra la multitud para terminar así, manchando las manos del Estado, con el movimiento estudiantil.

Ese histórico 2 de octubre comenzó el mitin mientras miembros del Ejército congregados en el Batallón Olimpia se infiltraron entre los estudiantes identificándose con un pañuelo blanco amarrado en las muñecas de las manos.

A las 6:05 de la tarde un helicóptero sobrevoló la plaza y se dispararon bengalas, la señal para comenzar la represión por parte de francotiradores instalados en un edificio llamado "Chihuahua" y abrieron fuego contra los manifestantes.

Diez días después, el sábado 12 de octubre, Díaz Ordaz inauguró los XIX Juegos Olímpicos bautizados como La Olimpiada de la Paz, pero un grupo de manifestantes lanzaron un papalote en forma de paloma color negro en repudio a la masacre estudiantil.

Durante 40 años mucho se ha dicho sobre la masacre del 68, en el año de los Juegos Olímpicos que no quisieron ser empañados por revueltas que se estaban gestando a nivel internacional tachadas de comunistas.

Fotografías, videograbaciones de la misma masacre en la Plaza de las Tres Culturas, testimonios de gente que sobrevivió a los hechos, libros, todo se ha dicho sobre la matanza, pero desde entonces ningún gobierno, ya sean los priistas que gobernaron 70 años este país o los panistas que llevan apenas 8 años en el poder, han podido aplicar la justicia ante los hechos que indignan al pueblo mexicano.

El movimiento estudiantil de 1968 unió no sólo a los estudiantes, sino a profesores, intelectuales, amas de casa, obreros, campesinos, entre otros y fue repelido por el gobierno del partido centrista Revolucionario Institucional de Gustavo Díaz Ordaz.

Esa tarde los manifestantes fueron dispersados a balazos, a tiros de metralla; la plaza ensangrentada fue testigo de cómo el Ejército disfrazado de civil o en tanquetas militares disparó a quemarropa contra quién se le puso enfrente.

Los dirigentes congregados en el Consejo Nacional de Huelga fueron perseguidos hasta la ignominia. Ni siquiera se ha podido contabilizar a ciencia cierta cuántos muertos hubo en el 68; mucha gente no recuperó el cuerpo de sus familiares o hijos; se dijo que estos fueron enterrados en el Campo Militar Número Uno del Ejército Mexicano.

La historia cuenta con detalles como ese 2 de octubre de 1968. Militares, testigos, quienes alguna vez fueron estudiantes de la UNAM, el Politécnico o alguna escuela privada han narrado cómo vieron la ensangrentada plaza de las tres culturas después que a las 6:05 de la tarde el Batallón Olimpia lanzó al cielo las bengalas que justificaron la represión del 68.

Luego la represión del 10 de junio de 1971 cuando un grupo paramilitar denominado Los Halcones se filtró en una marcha que salió del Casco de Santo Tomás y donde también hubo muertos.

Acciones

En el sexenio de Vicente Fox se creó la Fiscalía Especial para Movimientos Sociales y Políticos del Pasado (FEMOSPP), a cargo de Ignacio Carrillo Prieto.

En enero de 2005, dicha fiscalía solicitó la aprehensión de 55 personas presuntamente responsables de la matanza de Tlatelolco. Se señaló que el ex presidente Luis Echeverría sería consignado ante un juez penal federal, se le dictaminó arresto domiciliario, se amparó, ganó el amparo y luego se le exoneró de los hechos. Si, nada sucedió, no se le consignó ya sea por edad o porque la masacre no fue considerada genocidio por las autoridades.

La fiscalía consideró también como sospechosos de la matanza tanto al ex presidente, como al ex procurador general de la República, Julio Sánchez Vargas; al ex agente del Ministerio Público, Salvador del Toro Rosales; al entonces subdirector de la Dirección Federal de Seguridad (DFS), Luís de la Barreda Moreno; y al entonces comandante de un grupo de agentes, Miguel Nazar Haro.

El agravio está vigente, la impunidad también. La matanza no se olvida.

Las opiniones expresadas aquí son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente están de acuerdo con los criterios editoriales de Terra Magazine.

Terra Magazine

Terra Magazine América Latina, Vea las ediciones en español