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El creador de la Talidomina nunca sospechó de los efectos secundarios: bebés con serias malformaciones.
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Ningún medicamento como la Talidomida fue capaz de provocar una pesadilla genética a nivel mundial. Así como también, nunca antes la industria farmacéutica incurrió en un error semejante. Cuando el nacimiento continuo de bebes con malformaciones alcanzó un numero alarmante, la droga fue retirada del mercado. Ya era tarde. La desidia y la falta de control había condenado a miles de familias a compartir la mesa con un monstruo.
Durante de la década del cincuenta, un laboratorio alemán, lanzo al mercado el nuevo producto que estaba destinado a eliminar las habituales nauseas de las mujeres durante los tres primeros meses del embarazo. Debido a su testeo apresurado, la Talidomida se mostraba efectiva, con efectos secundarios tolerables. Sus propiedades teratogenicas, sin embargo pasaron inadvertidas. Se calcula que de 1956 a 1962 nacieron unos diez mil niños afectados por la sustancia ingerida por sus madres.
Una de las características mas reconocibles de los recién nacidos fue la patología conocida como focomelia, que se distingue tanto por la presencia de miembros extremadamente cortos como su ausencia. En los Estados Unidos, la acción de la Talidomida, fue prohibida tempranamente, cuando una de los miembros del FDA (Food and drug administration) Frances Oldham Kelsey señalo su potencial peligrosidad. Gracias a su intervención se registraron solo 17 casos. Kelsey fue premiada en varias ocasiones por su intervención, retirándose a los 90 años de edad.
Las victimas de la Talidomida, que además poseen inclinaciones artísticas suelen volcar su creatividad de modo autoreferencial, marcados por el dramático periodo en que sus vidas cambiaron para siempre, es decir durante la reposada calma intrauterina. Músicos, cantantes, directores de cine y de teatro, todos ellos recurren a la singular arquitectura de sus cuerpos, punto de partida en su relación con el mundo, para confeccionar un punto de vista diferente; revelador.
Tal es el caso de el nicaragüense Tony Menéndez guitarrista sin brazos que a través de su música (profundamente religiosa) busca y encuentra respuestas a su existencia. Canciones interpretadas con el natural movimiento de sus pies, tienen el claro objetivo de inspirar a otros. El actor ingles Mat Fraser quien sufre de focomelia en ambos miembros superiores, escribo y dirigió la obra Thalidomide!, el musical. Una historia de amor entre un joven con malformaciones y una mujer que se siente atraída por su particular aspecto.
Fraser además, en numerosas entrevistas manifestó su postura en contra de la tendencia de que actores sin problemas físicos interpreten personajes con algún grado de discapacidad. Según el artista esa clase de trabajos deberían recaer en actores con verdaderas dificultades psicomotrices.
Nacido en Alemania, el país con mayor cantidad de niños afectados por la Talidomida, Nico Von Glasow una de sus victimas, produjo, escribió y dirigió el documental Noboby's perfect que se estrenó el pasado mes de agosto en el festival de Locarno. La película despliega una galería de personas afectadas contando como el hecho de ser diferentes potenció sus habilidades, transformado sus limitaciones físicas en un motor que los impulso a seguir adelante, hasta alcanzar sus sueños.
El cine de horror supo dejar constancia de la cicatriz dejada por la Talidomida en el imaginario de cualquier mujer embarazada, que en circunstancias normales teme que su futuro hijo no sea completamente sano. Este nuevo subgénero se encargo de llevar ese miedo hasta un extremo inquietante. Películas como El monstruo esta vivo (It's alive, 1974) de Larry Cohen, presenta, por ejemplo un bebe mutante que a pesar de su corta edad es capaz atacar y matar adultos. Su cuerpo adornado con garras y dientes es una contundente metáfora que funciona como advertencia sobre los limites de la experimentación farmacológica en humanos.
El director canadiense David Cronenberg por su parte, en su film Scanners, Los amos de la muerte (Scanners, 1981) muestra un futuro cercano donde un grupo de hombres poseen poderes telepáticos de alto poder destructivo. Todos ellos fueron hijos de mujeres que consumieron durante el periodo de gestación una droga (ephemerol) que produjo la mutación. Aquí, el cuerpo no es escenario de brutales anomalías, sino que el proceso degenerativo funciona a nivel psíquico. Los resultados, desgraciadamente son los mismos: ocultamiento, alineación social y un destino de marginalidad.
Terra Magazine