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"Para mí la idea era abordar al amor por diferentes lados. Y todo me cerró cuando vi un documental sobre Johnny Cash", dice Aubele.
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Pablo Calvi
Nueva York, Estados Unidos
Entre la calidez del sonido de la guitarra española y la helada percusividad de lo puramente electrónico se ha formado una pareja. Y el punto de encuentro para este romance es el último disco de Federico Aubele. Ars Amatoria, el tercero en el catálogo de este músico argentino, editado como sus antecesores bajo el sello ESL Music de los ultrafamosos Thievery Corporation, es no sólo un homenaje de Aubele al arte de "levantar chicas" institucionalizado unos cien años antes de Cristo por el poeta latino Ovidio. Ars Amatoria, en el que cantan como invitadas Sabina Sciubba de Brazilian Girls y Miho Hatori de Cibo Mato, es además una fusión de lo más interesante de la electrónica con ritmos que hasta ahora le habían sido ajenos. El bolero, el tango melódico y claro, por sobre todas las cosas, la balada de amor son las avenidas por las que transita Aubele en este disco, que presentará el 12 de mayo en Joe's Pub, uno de los teatros más especiales de Nueva York.
Alejado de la Argentina primero con rumbo a Alemania, Aubele pasó por luego por Barcelona y Washington DC, pero hoy vive en Nueva York. Y casi como es habitual para la camada de músicos de su generación, el reconocimiento le llegó primero en los Estados Unidos supera que en su Buenos Aires natal.
Tu público es más sajón que latino, ¿no?
En mis conciertos siempre hay gente que habla español. Pero en general, si no estoy tocando en una ciudad mayoritariamente hispana como Miami o San Diego, quienes vienen son 60% anglo y 40% latinos.
¿No te llama la atención?
Sí, es un poco raro. Incluso me pasa algo curioso. Muchos fans me piden las letras de mis canciones traducidas al inglés a través de myspace. Se interesan por ver qué digo y de qué tratan mis letras. Pero yo creo que en cierto nivel mi música es un fenómeno estrictamente sonoro. Cuando yo empecé a escuchar música, por ejemplo, escuchaba a The Beatles o a los Rolling Stones y no hablaba una palabra de inglés. Hay algo que trasciende lo lingüístico y es puramente musical. Y está en el ritmo de las palabras. El significado de la letra quizás se pierde, pero eso es parte del asunto, ¿no?
¿Cómo te interesaste por la canción romántica al punto de dedicarle un disco entero al género?
Desde que era chico que escuchaba algunos tangos románticos, boleros. Era música que escuchaba mi vieja. No es que hice una investigación del género en particular. Y sobre todo los tríos y toda la época dorada del bolero en México, con Los Panchos, Los Tres Ases, siempre me gustó muchísimo. Al mismo tiempo, se dio la casualidad de que empecé a escribir canciones de amor porque estaba muy enamorado, y eso inevitablemente me llevó a conectarme con en el género.
Mientras más escuchaba estas canciones, más me daba cuenta de que había algunas que me resultaban preciosísimas, pero no me gustaba cómo estaban arregladas. El intérprete o los modos de tocarlas me sonaban muy kitsch. Y así fue que me empecé a meter bastante en el tema.
Para mí la idea era abordar al amor por diferentes lados. Y todo me cerró cuando vi un documental sobre Johnny Cash y luego encontré un disco de él de una serie de discos agrupados por temas. Uno hablaba sobre Dios, otro hablaba sobre la muerte, otro sobre la prisión y otro sobre el amor. Y obviamente no era un disco de tontas canciones de amor, sino que tenía profundidad. Ahí me dije que por qué no hacer algo en esa dirección yo también. Y dándole vueltas al tema reencontré ese texto de Ovidio, Ars Amatoria. Siempre trato de buscar títulos cortos para mis discos. Y además quería reflejar el tema de las canciones de amor y que fuese un título fácil de decir para gente que no habla castellano.
¿No compones en inglés?
He intentado un par de veces. Cuando era adolescente lo hacía. Pero después empecé a componer en castellano y la verdad me siento muy cómodo. Es un idioma muy bueno para la poesía. Tiene tantas variantes... podés ser muy metafórico y muy barroco, o si querés muy concreto también. Y es obviamente el idioma con el que me siento más cómodo porque es mi lengua madre.
¿Con Joe's Pub comenzás un ciclo largo de recitales no?
Sí, el 12 de mayo hay un show en Joe's Pub. Luego hago Philadelphia, Boston y DC. Y después ya empiezan los festivales, más hacia el verano. El Montreal Jazz Festival, Toronto, Lollapalooza en Chicago a principios de agosto, y el LAMC (Latin Alternative Music Conference) en Nueva York que va a estar buenísimo este año, así que hay mucho. Y para el otoño hay una gira grande.
No parás ni un minuto.
Se viene mucho trabajo, por suerte. Con la salida del disco y demás. Hace poco tuve un concierto muy extraño en Dubai.
¿Por qué fue tan extraño?
Bueno, primero que uno no está acostumbrado a tocar en países musulmanes, que de verdad son bastante diferentes que acá. Normalmente estás en las Américas o vas a Europa, que dentro de todo se mueven con los mismos códigos. Pero un país musulmán es otra cosa. Es como una película. Y eso que Dubai es muy occidental porque como hay muchos extranjeros viviendo ahí. Pero para que te des una idea de lo extraño, a las ocho de la noche tuve que interrumpir mi show porque venía la última plegaria del día y, claro, cuando están en plegaria no podés tocar música para nada. Así que el que programaba el show me hizo una seña para cortar cinco o diez minutos y después seguimos tocando.
¿Cómo fue que llegaste a Dubai?
Parece que habían escuchando un set acústico que yo hice en una radio en Seattle, la KEXP Radio. Y el tipo me escuchó en Dubai --estaba on line-- y le encantó. Así que nos llevó con el set acústico a Dubai.
¿En Joe's vas a hacer un show acústico también?
Esta girita de mayo la voy a hacer sólo yo con la guitarra y Natalia -mi mujer-que va a estar tirando unos loops y sonidos además de hacer coros. Va a ser un híbrido. No va a ser ni tan gigante como cuando tenía la banda ni tampoco va a ser tan íntimo como el set acústico.
¿Creés que tu modo de componer cambia de acuerdo a la ciudad en donde vivís?
Hay algo de eso. En Berlín compuse Gran Hotel Buenos Aires y el disco refleja un poco mi alejamiento de Buenos Aires. Después compuse Panamericana y ese disco refleja de algún modo un cierto anhelo y mis ganas de volver a Buenos Aires. Y ahora, con el tiempo, después de que aprendí algunas cosas y me acostumbré a otras, creo que el deseo de volver ya se empezó a diluir. El año pasado, además, que estuve tanto en Buenos Aires me di cuenta de que no me interesa vivir ahí. Me encanta ir a visitarla y a veces cuando la veo con ojos de turista la disfruto aún más. Pero a vivir ahí, la verdad, me desacostumbré por completo. Me gusta la ciudad, pero tiene una energía con la que ahora me cuesta mucho conectarme.
En Gran Hotel Buenos Aires, las canciones no las cantás vos. Y en Panamericana sólo cantás algunos de los temas. En este tercero finalmente te decidiste a cantar. ¿Cómo fue convertirte en front man de tu propia banda?
Bueno, fue un proceso. Cuando llegué a Panamericana quería ponerme a cantar, pero todavía no me daba para cantar todo el disco. Y fui trabajando la voz y en vivo tomando el rol del cantante lead. Creo que además tuve que vencer un poco la timidez. Y eso finalmente derivó en que este disco lo cantase todo yo. Y usé coros porque me gusta mucho cómo queda mi voz que es bastante grave, con coros femeninos.
No sé si te lo habrán dicho, pero para mí cantás parecido a Julio Iglesias
¡Sabés que sí! Me lo han dicho algunos amigos míos. E incluso me lo dijo mi entrenadora vocal, que es una señora con quien trabajé en Washington. Ella siempre me llamaba "my little Julio".
Terra Magazine