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AP
"Me muevo por el avivamiento de la utopía para la economía del siglo XXI. Necesitamos realizar esa transición, algo que no fue realizado en ningún lugar, necesitamos crear algo diferente".
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Altino Machado
Rio Branco, Acre
La senadora Marina Silva desembarca este viernes en la ciudad de Rio Branco, donde nació, recordando de memoria una lista de amigos y compañeros que serán oídos para tomar la decisión que considera la más difícil de su vida: abandonar 30 años de militancia en el PT (Partido de los Trabajadores), para afiliarse al PV (Partido Verde), participar en la "refundación programática del partido" y postularse a la presidencia de la República.
Antes de la entrevista telefónica con Terra Magazine, Silva -por cinco años ministra del Medio Ambiente, bajo la presidencia de Lula- hizo hincapié en afirmar que intenta "ser lo más económica posible" debido al momento decisivo de su trayectoria, pero no economizó palabras para defender la necesidad de que la política se comprometa con la utopía
¿Qué es lo que usted considera esencial? ¿Cuáles son las garantías que usted considera necesarias para postularse a la presidencia de la República por el PV?
No hago planteos como candidata. Lo que me mueve hacia esta discusión son los desafíos y cuestionamientos que vengo haciendo a lo largo de algunos años sobre el hecho de que Brasil está maduro para asumir los desafíos de la sostenibilidad en todas sus dimensiones como algo estratégico para el país. Como se puede dar ese paso, hacer esa transformación, es eso lo que me mueve. Tanto es así, que durante toda mi gestión en el gobierno Lula llevé adelante ese asunto, o sea, el de la política ambiental como centro de las políticas.
Pero el PV la invitó a postularse a la presidencia de la República.
Lógicamente, la invitación que me hizo el PV me halaga, pero lo que me mueve son los proyectos, las ideas, sin atarme a índices de encuestas de opinión. No me muevo sólo por el tema electoral. Escuché al PV dentro del marco que me plantearon sus dirigentes y militantes, que consiste en organizar, en octubre, un proceso de refundación programática del partido, donde se alejaría de la lógica que viene desde el proceso de fundación, que vino de Europa, del partido verde tradicional, para una idea de partido que colocaría en el centro de sus temáticas estratégicas, el desarrollo sostenible. Mi reflexión se da en el sentido de que esa problemática no la va a resolver un partido que pueda unificar a la sociedad para realizar ese cambio. No pienso así. Se trata de algo que requiere un debate por parte de la sociedad y que todos los partidos deben verlo como algo estratégico. Me muevo por el avivamiento de la utopía para la economía del siglo XXI. Necesitamos realizar esa transición, algo que no fue realizado en ningún lugar, necesitamos crear algo diferente.
¿Usted ambiciona repetir el fenómeno Barack Obama?
No, no. No lo pretendo. Esa apreciación no parte de mí. Creo que la sociedad coloca esa visión, ella demanda un compromiso. Yo me muevo para que la cuestión ambiental tenga el lugar que merece dentro de Brasil y en todas partes. El presidente Obama está realizando un movimiento y él va a liderar esa agenda si realmente se mantiene. Obama es como aquel súper atleta que quedó de afuera de un partido durante muchos años, pero que es decisivo cuando entra al equipo decidido a jugar de verdad.
¿El PV estableció un plazo para que usted se decida?
No, no estipularon plazos. Los plazos, digamos, son los plazos legales. Estoy en un momento muy tenso por esa decisión. Tengo una trayectoria de 30 años en el PT. Mi vida está relacionada con ese sueño, con ese proyecto, me siento parte de todas las conquistas y de todos los problemas. Lo que ahora está en juego es cómo hacer algo que pueda establecer que las utopías del siglo XXI de hecho puedan ocurrir, cómo hacer para salir de la agenda de los siglos XIX y XX y aceptar el desafío de la civilización del siglo XXI. Eso es lo que necesitamos.
Pero usted podrá dejar a sus compañeros en una posición difícil. ¿Ellos la apoyarían a usted o a Dilma Rousseff para la presidencia?
No quiero adelantarme a esa discusión. Este es un momento de reflexión, y cualquier juicio de valor que haga a respecto de algo de esa naturaleza puede hacer parecer que ya tomé una decisión. Lo que tengo decidido es que el tema ambiental tiene que ser colocado como algo estratégico en la agenda nacional.
¿Pero no es posible hacer eso desde adentro del PT?
Creo que eso tiene que hacerse dentro de todos los partidos. No se puede hacer ese cambio pensando que sólo un partido podrá uniformizar el tema. Desde mi punto de vista, este es un movimiento para que todos se comprometan con esa agenda, porque ella no está colocada con la debida dimensión por ningún partido.
¿Y si el presidente Lula también le pide que permanezca en el PT?
Tengo mucho respeto y relación de compañerismo con Lula. Serví a su gobierno durante cinco años, cinco meses y catorce días. No condicionaría nada con respecto a eso, porque estoy haciendo una reflexión. Todos los que me conocen lo saben, saben que no se trata de un proceso fácil. Pero la historia la hacen los hombres y mujeres que se disponen a transformar la realidad. Esa transformación no excluye la participación del sujeto. En este momento estoy pasando por una situación doble: la del sujeto que tiene que tomar una posición y, al mismo tiempo, la del agente que sabe que los cambios no ocurren única y exclusivamente por la acción de los individuos. El presidente Lula me llamó y me sentí halagada de integrar su ministerio. Mi contribución se dio mientras creí que tenía respaldo para eso. Lo digo con mucho respeto, salí del gobierno cuando sentí que no reunía más esas condiciones. Mi lucha hoy en el Senado por la agenda del desarrollo sostenible no es diferente de lo que hacía mientras era ministra de Medio Ambiente, durante el tiempo que permanecí en el cargo. Y no será diferente de lo que voy a hacer, sea como candidato a reelección al Senado o como ciudadana.
En la política, usted nunca fue una persona de hacer exigencias, de decir "yo quiero". Su agenda se caracterizó por ser la agenda del consenso entre sus amigos y compañeros. Sin embargo, en este momento, tiene que tomar una decisión personal. Es la decisión...
Sin dudas, realmente es la decisión más difícil de mi vida.
Muy bien, pero eso ocurrió pocas veces durante su trayectoria política de más de 30 años. ¿Por qué ahora esa decisión es tan difícil?
Por la grandeza del desafío y por la magnitud de la decisión. Nosotros tenemos que realizar ese cambio dentro de los moldes del desarrollo, en las economías de los diferentes países, haciendo con que gobiernos y partidos, académicos y formadores de opinión, se comprometan con esa agenda y la coloquen en el centro del debate. No como algo que se opone al desarrollo, pero como parte integrante de la misma ecuación. Ese es el desafío. O pasa eso o vamos a llegar a mediados del siglo y constatar que podemos haber hecho inviable las probabilidades de vida en la Tierra. Ese movimiento puede ocurrir sin que uno pierda los avances que ya conquistamos con el gobierno del presidente Lula, que pasó de R$ 8 mil millones invertidos en política social a R$ 28 mil millones. Ese tipo de conquistas debe permanecer, pero existe una agenda estratégica con la cual tenemos que comprometernos.
¿Qué piensa usted a respecto de los comentarios de que su postulación podría no hacer viable la postulación a la presidencia de la Ministra Dilma Roussef?
No tengo ilusiones a ese respecto, porque evidentemente se trata de una supervaloración de mi posible postulación. No voy a ilusionarme creyendo que alguien que lucha por asuntos que son considerados secundarios o de minorías, pueda poner en riesgo una postulación que cuenta con todo el peso y el apoyo con el que cuenta la candidatura de la ministra Dilma. Estaría siendo pretenciosa si creyera en esa posibilidad.
Pero, de hecho, usted es más carismática que ella, ¿no? Diferente de lo que ocurre con usted, ella pierde el brillo.
No quiero hablar sobre eso. Ella es un recurso técnico fantástico, reconocida por todos nosotros.
En su decisión, ¿cuenta el hecho del PV no dispone de mucho tiempo en la televisión para una eventual exposición de su candidatura a la presidencia de la República?
No hago esos cálculos. Si me quedara haciendo cálculos de tiempo en un programa electoral, jamás habría sido candidata. Usted sabe que ya fui candidato con el tiempo de un minuto, el cual lo tenía que compartir con Chico Mendes. Tenía treinta segundos para él y treinta para mí. Teníamos que presentarnos en vivo en la tele. Eso no tiene nada de pragmático. Prefiero seguir creyendo que el deseo mueve montañas. Eso fue lo que hicimos durante 30 años. Movimos algunas montañas, pero no movimos otras porque no nos expusimos de la forma más radical necesaria. Tenemos que hacer esos movimientos. Son de tamaña magnitud que no tenemos que ilusionarnos creyendo que un partido va a monopolizar el tema. Debe ser un movimiento de la sociedad, de los empresarios, de los políticos, de los académicos, de los periodistas, hombres y mujeres, principalmente de la juventud, que no se deja capturar por los proyectos inmediatistas, que no queda haciendo cálculos del presente, pero que se plantea la contabilidad del futuro para que sea resuelta ahora.
Entonces la discusión...
La discusión se da en el sentido de crear una nueva narrativa para la economía de Brasil. Un país que tiene 46% de matriz energética limpia, no puede ser limitado por una discusión con otros pares que tienen menos capacidad asumen la proactividad. Un país capaz de elaborar un plan de combate a la deforestación y para reducir en un 57% la emisión de gases, tiene que comprometerse con metas de certificación de la agricultura, tiene que trabajar para que la infraestructura siga criterios de sostenibilidad, sin que eso signifique sufrir los efectos no deseados de esa transformación.
¿Cuáles serían esos efectos no deseados?
Que el país no pueda seguir desarrollándose, que se pierdan empleos y oportunidades. Todavía estamos a tiempo de hacer ese cambio de rumbo. Ni siquiera podemos decir más que no podemos perder tiempo. Lo que no podemos perder es el tiempo presente.
Terra Magazine