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Terra Magazine
Miguel Lubrano: "El tango es salud, no es como una cancha de fútbol dónde uno se puede lesionar, no hay un periodo, se puede bailar hasta los 120 anos, esto es espectacular y el mundo lo debe saber".
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Guido Piotrkowski
Buenos Aires, Argentina
El ministro de Cultura porteño, Hernán Lombardi, aprovechó la presentación de una nueva edición del Festival y Mundial de Tango, que se está llevando a cabo en Buenos Aires desde el 14 hasta el 31 de agosto, para dar las buenas nuevas: el viejo y querido ritmo del 2 x 4 está a punto de convertirse en un nuevo Patrimonio Intangible y Cultural de la Humanidad, según la UNESCO.
Aún falta para la desición final de esta presentación conjunta entre las ciudades de Buenos Aires y Montevideo, sitios dónde el tango se vive a flor de piel. En principio un comité de expertos del organismo se reunirá hacia fines de septiembre en Abu Dhabi para analizar la propuesta. Mientras tanto, Terra Magazine se acercó a las instalaciones del antiguo y pomposo edificio en desuso de las tiendas Harrods, que funciona como epicentro del Festival, en busca de opiniones diversas de los amantes del género sobre esta significativa postulación.
Gustavo Mozzi es el Director del Festival y hace un alto en su atareada jornada para explicar a Terra Magazine de qué se trata esta posible nominación y sus eventuales beneficios. "El solo hecho de poner el foco en que se declare Patrimonio Intangible sin duda va a generar un acercamiento de nuevos públicos. Este concepto es bastante nuevo en la Unesco, y aún se está discutiendo dentro del propio organismo", explica Mozzi: "Pero en este caso se refiere, básicamente, al reconocimiento y puesta en valor de ciertos aspectos del tango que corren peligro de extinción, cómo la desaparición de ciertos matices que son propios del género".
En ese sentido, Mozzi señala que la recuperación de partituras, prácticamente inexistentes de los años cuarenta y cincuenta, sería como una forma de poder ahondar y profundizar en aquellas décadas de oro, "de las que hay pocas partituras, a pesar de la cantidad que se produjo". "Esa reconstrucción podría significar un acercamiento a la diversidad, y la declaración de Patrimonio Intangible reconocería la evolución del género", concluye.
Andres Casak es periodista especializado en tango y opina que "los beneficios de la declaración son mucho más de índole turístico y económico que de orden artístico. En tal sentido puede representar un nuevo impulso a un fenómeno que se vivió post devaluación 2001 y que ahora atraviesa una meseta, por la gripe A y por la crisis mundial: el ingreso de visitantes de países extranjeros y a la vez la salida de elencos musicales, principalmente de danza de tango, rumbo al exterior".
Por su parte, Carlos Copello, reconocido bailarín y hoy profesor dice a Terra Magazine: "Honestamente, te digo que no tengo la menor idea de qué significado tiene esta declaración, pero si es para preservar y conservar al tango, lo apoyo, aunque no se qué beneficios podría traer", confiesa: "Pero primero creo que los argentinos deberíamos aprender qué es el tango, porque salvo la gente grande, nadie tiene un conocimiento de lo que realmente es. Creo que deberíamos enseñárselo a la juventud y a los niños. El tango es una forma de vida".
El público se pasea entusiasmado al compás del 2 x 4 entre los diversos stands que ofrecen libros, cd's, y todo tipo de productos y suvenires tangueros. Algunos, como la joven pareja de Martín y Julieta resultan un tanto desconcertados ante la consulta y piden mas precisiones. Y otros, como Germán Ferrer, 76 años, pañuelo al cuello y estampa de tanguero, confiesan haber escuchado "algo en la radio". El hombre es un tanto esquivo a las preguntas y atina a responder: "Me parece bien, yo nací con el tango".
Sin embargo no todos parecen estar tan desinformados. Maria Josefa, una bailarina aficionada de 53 años, reconoce la importancia de la declaración pero aclara que no es suficiente. "Debe haber subsidios para documentar lo que queda del tango, que vive este presente, porque hay una historia de baile que nace permanentemente, pero que se está muriendo. No hay fondos para los creadores, que en su mayoría son gente grande y han dado su vida por el tango".
A un costado de la pista "oficial", donde los danzarines le sacan lustre al piso, una pareja ensaya unos pasos. Julieta tiene 25 años y es bailarina clásica. Dice no estar enterada, pero que le parece muy bien: "Está bueno, supongo que será importante para que se de a conocer más entre los extranjeros". Su compañero, quien se presenta como Miguel Lubrano, maestro de tango, tiene muchos años, aunque aparenta unos 45: "Coincido plenamente en que sea declarado de interés mundial, es la mejor terapia del mundo, por lo tanto la humanidad no se puede oponer a algo así. El tango es salud, no es como una cancha de fútbol dónde uno se puede lesionar, no hay un periodo, se puede bailar hasta los 120 anos, esto es espectacular y el mundo lo debe saber".
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