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"No represento a nada más que a mí mismo"

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Vargas Llosa 286

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Revista Carátula

Cosas de la globalización. Javier Sancho Más -editor de la revista literaria digital Caratula (Centroamérica) un afortunado invento digital del escritor Sergio Ramírez (Nicaragua)- entrevistó en Madrid (España) a Mario Vargas Llosa (Perú) que prepara una novela ambientada en Africa (Congo, más exactamente) sobre Roger Casement (Irlanda), un amigo de Joseph Conrad (Polonia-Inglaterra).

Vargas Llosa (1936), autor de una treintena de obras -novelas al menos la mitad de ellas-, repasa las claves de su oficio y adelanta claves de la novela que ahora lo absorbe. Terra Magazine publica un fragmento de esa entrevista, cedido especialmente por Carátula.

En los últimos años, con lo que ha ocurrido en América Latina, desde la presencia de Hugo Chávez, tú no has dejado de jugar un papel destacado como figura intelectual del continente. Impresiona el impacto que puede tener un artículo tuyo, algunas veces, como el último que escribiste sobre la situación de Nicaragua, en apariencia uno más, pero que provocó muchas reacciones de grupos de mujeres en contra de Daniel Ortega. La responsabilidad que implica tu figura desde el punto de vista del periodismo, ¿no te da miedo?

Mira, Paul Válery dijo algo parecido a esto: "Nada mata tanto a un hombre, como representar a un país". Yo no represento a nada más que a mí mismo en mis artículos. Escribo desde mis convicciones. No pertenezco a un partido político ni hablo en nombre de ideología o institución alguna. Puedo equivocarme. Sí. Seguramente me equivoco muchas veces, pero no tengo esa presión que te da hablar como un vocero o representante de alguna institución o de alguna comunidad o nación. Desde que empecé a escribir, siempre he creído que la vocación literaria no puede disociarse de un compromiso de tipo cívico.

En esa época lo que se denominaba "el compromiso del escritor" era algo que la mayoría aceptaba. En esa época me he formado, y aunque he cambiado en algunas cosas, no en la convicción de que el periodismo es mi manera de estar en el debate cívico y político, defendiendo y criticando ciertas cosas, o para mostrar otro tipo de cosas. Creo que esa implicación en lo que es la vida de la calle es buena para un escritor que no entiende la literatura como un mundo aparte. A mí me apasiona la literatura, mi verdadera vocación es la de escritor. Pero si algo me conmueve de la literatura, de los libros que admiro, es que esos libros me hacen ver de una manera más lúcida el mundo en el que estoy.

Hay jóvenes escritores que sí participan en el debate intelectual, estoy pensando en algunos como Jorge Volpi.

Sí, algunos hay, pero no es la tónica dominante en nuestro tiempo. Creo que ahora los escritores ven con cierto desdén, y hasta con desprecio, todo tipo de implicación política como si eso fuera dañino para la vocación literaria. Si bien es cierto que estar demasiado comprometido con la actualidad puede ser peligroso, por otra parte de ahí fluye un tipo de vida que es bueno que aparezca en la literatura.

Te pregunto lo mismo, pero no desde el nivel periodístico, sino literario. Gozas de un estatus de celebridad mundial de la literatura, a salvo del premio Nobel (Mario se ríe). Todo el mundo está de acuerdo en que eres uno de los mayores escritores vivos de la literatura latinoamericana.

Bueno, eso no me lo creo, porque el día que me lo crea estaré perdido (y no para de reír).

Pero cuando la crítica se vuelve más suave, debido en parte a ese consenso, ¿cómo haces para volver sobre la tierra?

Bueno, yo creo que una de las cosas que aprendes, y bastante pronto, cuando dedicas tu vida a escribir, es que lo fundamental de la vocación se juega, no ante el público, sino en una privacidad casi absoluta, que es cuando escribes. Un trabajo literario como una novela, te toma tiempo, te hace pasar por períodos de inseguridad, de confusión. Luego, si la historia va saliendo y empiezas a dominar esa masa, al principio tan compleja, empiezas a sentir una satisfacción cuya compensación es la de vivir esos momentos. Ya lo que viene después...

Incluso los más vanidosos de los escritores, que hay muchos, ya sabemos (dice con un tono de ironía), en el fondo saben que la verdadera valía de su obra sólo va a saberse cuando no estemos vivos. Ese tiempo es el que determina la perennidad o la fugacidad de una obra. De modo que los reconocimientos y premios halagan la vanidad. Pero si eres un buen o mal escritor lo dirá el tiempo.

¿Sigues pensando que cuando pase ese tiempo, tu mejor novela será Conversación en La Catedral?

Pues mira, no lo sé. Yo creo que uno no tiene distancia suficiente para dar un juicio claro sobre eso. Lo que sé es que es una de las novelas que más trabajo me ha costado, y me gustaría que la que más trabajo me ha costado sea la que se considere mejor.

Lea la entrevista completa en www.caratula.net

Las opiniones expresadas aquí son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente están de acuerdo con los criterios editoriales de Terra Magazine.

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