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Cortesía
La palabra vintage proviene de la enología y significa el vino hecho con las mejores uvas.
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Maria Alice Rocha
Recife, Brasil
Se llevó a cabo una edición más del Salon du Vintage en el último día de la semana de la moda en París, Francia, un evento dedicado a los productos que, definitivamente, parecen que jamás dejarán de ser moda: los dichos vintage. La definición proviene de la enología que significa el vino hecho con las mejores uvas, o sea, de una zafra especial.
Volviendo a la moda, o a las prendas, la segunda edición del salón en París es un desdoblamiento del éxito alcanzado en el tradicional Mercado de Moda Vintage que se lleva a cabo en la ciudad, también francesa, de Lyon. La importancia de esa noticia es su natural vinculación con el anuncio de la subasta del acervo de arte de Yves Saint Laurent y Pierre Bergé, previsto para el próximo año.
La colección de arte que la pareja reunió en los últimos cincuenta años, está formada por cerca de 700 obras, y se la estima en 200 a 300 millones de euros. La casa Christie's, responsable por las ventas, cree que la cifra recaudada será superior a ese monto. Para algunos especialistas, al evento, que se realizará el próximo 23 al 25 de febrero de 2009, en el imponente Grand Palais, en París, ya se le está llamando la "venta del siglo" dadas las exóticas ofertsa: piezas arqueológicas, arte asiático, renacentista, déco y arte moderno.
Según Pierre Bergé, además de los Picasso, Goya, Matisse y Mondrian, se venderán, incluso, los muebles de época y todo lo recaudado se invertirá en la Fundación Pierre Bergé-Yves Saint Laurent, creada en 2002, para el soporte a las investigaciones científicas relacionadas con el Sida. La moda perderá un conjunto de obras de arte que inspiraron a uno de los más importantes costureros franceses, pero que con seguridad ganará en el ítem responsabilidad social.
Otra subasta bastante esperada se llevará a cabo el domingo también en París, vinculada al salón Rendez-Vous, que en esta edición tiene como tema la moda vintage y contemporánea. Se golpeará el martillo para 400 piezas de alta costura, prêt-à-porter, y accesorios firmados por grandes nombres como: Yves Saint Laurent, Céline, Christian Dior, Helmut Lang, Emilio Pucci, Alaïa, Kenzo, Chanel, Gaultier, Lanvin, Jean Charles de Castelbajac, Marc Jacobs, Maison Martin Margiela, Hermès, Louis Vuitton, entre otros.
En tiempos que la preocupación ambiental rechaza el consumo de lo desechable, nada más digno para una industria que tiene ciclos de vida tan cortos. Las prendas para que se vuelvan ropas usan tierras productivas para generar fibras textiles naturales. Las fibras manufacturadas vienen de fuentes de hidrocarburos y muchas veces usan procesos industriales contaminantes.
Y a esa ropa, producida con m´petodos obsoletos, normalmente se la desecha no porque está rasgada, gastada o manchada, sino por haber pasado de moda. La valoración del vintage o del reuso da fuerza para una nueva corriente que se está convirtiendo en una tendencia entre los estilistas: la moda récup, un apodo francés para la recuperación y reciclaje de aquello que "naturalmente" se desecharía.
Para los profesionales que expusieron sus creaciones en el último salón del Prêt-à-Porter París siguiendo esa línea, es el consumidor quien está demandando colecciones de moda más ecológicas, más conscientes. Entonces, nada más apropiado que utilizar materiales ya existentes, lo que ya fue una ropa puede volverse otra. La pieza puede incluso dejar de existir, pero el material permanece y su historia lo acompaña.
Ya existen creaciones que aprovechan toallas de hospitales, uniformes militares, forro de asiento de autobuses y una infinidad de materiales textiles resistentes que se pueden reaprovechar. Todo con "certificado" de origen. La previsión es que, en breve, empiecen a surgir piezas récup oriundas de la transformación de ropas baratas, como aquellas producidas en los países asiáticos y que han inundado los roperos de los cuatro rincones del planeta.
Comprar por el precio bajo se ha vuelto aburrido, sin gracia, sin encanto. La velocidad del mundo permanece en ritmo acelerado. La moda pasa entonces a considerar dos opuestos: invertir en un clásico o reciclar algo banal, anticuado, transformándolo en al algo más actual. En ambos casos, el reuso, la segunda mano se vuelve palabra de orden.
Hay un viejo refrán que parece encajarse en el nuevo espíritu del tiempo: "Se van los dedos, pero se quedan los anillos", que se pueden volver pulseras o collares.
Terra Magazine
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