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La iniciativa de censar a los gitanos en Italia fue criticada por la Unión Europea y por el parlamento europeo.
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Vera Gonçalves de Araújo
Roma (Italia)
El escenario parece el de una película neorrealista de los años 50, pero tuvo lugar hace un par de semanas. Fue en la periferia de Roma, en un campamento de gitanos Rom, a la sombra del enorme edificio Corviale -un complejo habitacional de un kilómetro de longitud y nueve pisos de altura, hijo de una utopía arquitectónica inspirada en el proyecto de Brasilia. Pretendía albergar comercios, gimnasios deportivos, piscinas, etc. Terminó como un monumento al vandalismo y la inseguridad social, con sus pasillos sombríos donde los habitantes son asaltados cada tanto.
Afuera de la mole de cemento, la confusión alegre y desesperada de la comunidad de gitanos llegados desde Bosnia huyendo de las guerras de los años 90, que acampan sin agua, ni luz, ni gas, en un terreno baldío. Los líderes de la comunidad negocian con los voluntarios de la Cruz Roja, que llegaron para realizar un nuevo censo de comunidades gitanas en Roma. Nombre y apellido, nacionalidad, escolaridad y situación sanitaria. Por el momento, prescindieron de las impresiones digitales. El personal de la Cruz Roja jura que las fichas no irán a parar a la policía.
En otras ciudades como Nápoles y Milán fue la policía quien realizó las operaciones de identificación decretadas por el gobierno de Silvio Berlusconi. Bajo la presión de sus aliados racistas de la Liga del Norte, el primer ministro otorgó prioridad a este asunto. En Nápoles, por ejemplo, el registro fue mucho más completo que el de Roma: preguntas detalladas sobre la religión y los grupos étnicos presentes en las comunidades, e impresiones digitales hasta de los niños.
La iniciativa fue criticada oficialmente por la Unión Europea y por el parlamento europeo, y fue discutida hasta en las Naciones Unidas. Según los diputados europeos, la toma de impresiones digitales de los gitanos Rom constituye "un acto de discriminación directa" basado en la raza y el origen étnico. Presionado por la opinión internacional, el gobierno italiano suavizó un poco su actitud. Roberto Maroni, ministro del interior (de la Liga del Norte) declaró que serán archivadas sólo las impresiones digitales de los mayores de 14 años. Los niños menores sólo serán registrados en casos especiales. Para cerrar la boca a los críticos, Maroni llegó a decir que a partir de 2009 todos los italianos deberán registrar sus impresiones digitales.
Este nuevo censado de las comunidades Rom no fue una tarea simple. En algunos núcleos habitacionales irregulares hubo golpes e incendios. Mientras la opinión pública mundial acusa a Italia de aplicar métodos nazis de discriminación racial, los italianos parecen indiferentes o satisfechos con la ofensiva contra los campamentos de gitanos. Uno de los casos más tristes de esta semana tuvo lugar en una playa de Nápoles. Un grupo de niñas gitanas llegó a la playa a vender chucherías, y resolvió bañarse en el mar. Dos de ellas murieron ahogadas: los dos cadáveres quedaron expuestos sobre la playa durante horas entre los bañistas indiferentes, que continuaron tomando sol o sacaban fotos con los celulares.
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