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Música con la arquitectura:
Playing the Building de David Byrne

Cortesía
Playing the Building es una obra singular en el trabajo de Byrne y está a medio camino entre la instalación, la escultura, la música y el performance.

Naief Yehya
Nueva York (Estados Unidos)

Virtualmente colgado de uno de los rincones poco explorados del bajo Manhattan, a un lado de la terminal del ferry de la isla del Gobernador, y a unos pasos del monumento a los veteranos de la guerra de Vietnam, se encuentra el Battery Maritime Building, el viejo edificio del ferry que el siglo pasado llevaba pasajeros al sur de Brooklyn. Esta es una fabulosa construcción de 1909, en el estilo beaux-arts que cuenta con una elegante fachada de hierro fundido, decorada con elaboradísimos detalles y delicados ornamentos de metal y yeso.

La sala de espera para pasajeros de este majestuoso edificio, que quedó abandonado en 1938, es un amplio salón de unos 5,000 metros cuadrados, de alrededor de 12 metros de altura, con enormes columnas de hierro fundido, que era iluminado por un enorme tragaluz, cuyo vitral desapareció hace muchos años. Tras décadas de deterioro, en que numerosas organizaciones han tratado de apropiarse de esta construcción, finalmente el edificio será convertido en un centro comercial de lujo y hotel boutique.

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Pero mientras tanto, el músico, escritor, cineasta, artista plástico y ex integrande del grupo Talking Heads, David Byrne, tuvo la oportunidad de convertir temporalmente al edificio en un enorme instrumento musical. La obra Playing the Building, es un intento más por parte de este creador de mostrar que las formas rígidas de entender la música, sus espacios, su reproducción y sus procesos son anticuados. En la era de la cultura digital, cualquiera con una computadora y software adecuado puede hacer y distribuir música, cine, imágenes o sonidos interesantes gracias al prodigioso poder que da la tecnología.

El edificio de Byrne, con otro tipo de recursos, permite hacer algo semejante al ofrecer los medios para reconsiderar el significado de la belleza y el uso de los efectos sonoros, obligar a escuchar atentamente y dejar crear música a partir de una paleta de sonidos mecánicos. De acuerdo con Byrne, ésta es una estrategia para combatir, modestamente, a la cultura del consumo, si no destruyéndola, sí promoviendo un acercamiento entre quien produce y crea, y quien consume.

En esta pieza que se exhibe ahora en Manhattan, como en su anterior encarnación en el Färgfabriken, de Estocolmo, Suecia (2005), Byrne emplea un simple, rudimentario y bastante acabado órgano Webster de iglesia, reacondicionado para controlar desde su teclado una variedad de motores que vibran sobre columnas, compresoras de aire que soplan en las tuberías de agua y de calefacción creando sonidos de alientos espectrales, martillos que golpean radiadores y otras superficies como si se tratara de diminutos robots en una misión destructora. La obra es simple ya que no depende de amplificación, alguna, ni de dispositivos electrónicos, computadoras, samplers o sintetizadores. En gran mediada es un instrumento que emplea tecnología victoriana para crear ruido, que puede evoca a John Cage o simplemente al estruendo y caos callejero. Pero no hay que perder de vista que se trata de una demostración de acústica arquitectónica, de las posibilidades sonoras de una estructura, de exprimir y controlar los sonidos que acompañan a una construcción física y estática.

Debido a sus características, esta pieza recuerda el trabajo de Brian Eno y su ¿música ambiental¿. Byrne piensa que cada construcción ¿desea¿ un determinado tipo de sonidos y música, además de que nos incita a movernos, hablar y comportarnos de manera específica. En este contexto austero podemos apreciar como el sonido puede dictar estados de ánimo, emociones y hasta recuerdos. Hay pocas distracciones visuales por lo que podemos enfocarnos en una ¿gramática auditiva¿, en un lenguaje del ruido que a menudo nos rodea y en el que pocas veces nos concentramos.

Playing the Building es una obra singular en el trabajo de Byrne ya que se encuentra a medio camino entre la instalación, la escultura, la música y el performance, ya que el hecho de que el público se forma para tocar implica que uno escucha las creaciones de los demás y éstos a su vez lo escuchan a uno. De esta forma la pieza es un experimento estético, auditivo y social, que da lugar a experiencias comunitarias, interacciones curiosas e inesperadas entre la gente que a menudo aplaude las improvisaciones de otros asistentes. Es un sistema musical autogenerado, en el sentido de que el creador no planifica el resultado, aunque predispone los elementos para un cierto ¿orden¿ al limitar las posibilidades.

Lo que ofrece Playing the Building es la oportunidad de participar al estilo ¿Wiki¿ en una obra, de crear, de involucrarse, de romper con la noción de que la música es algo predigerido que debe rellenar espacio, como telón auditivo. Aquí la música de fondo es el protagonista, el centro de la atención y el eje del interés.

A este artista, debido a la fama que alcanzó con los Talking Heads, no le gustaba mezclar la música con el resto de sus intereses. Por temor a que cualquier cosa que hiciera fuera puesta en la categoría de ¿la estrella de rock también hace arte¿, y por tanto no ser tomada en serio, Byrne mantenía una distancia entre sus actividades rockeras o musicales y el resto de su producción. Por tanto Byrne no compuso música para su edificio ni ha considerado tocarlo en público.

Sin embargo, Byrne señala que últimamente se preocupa menos por ese tipo de percepciones y mezcla con más libertad sonidos e imágenes. El mundo ha cambiado, la memoria de los Talking Heads va quedando relegada al dominio de los nostálgicos y el mundo del arte se ha extendido por los dominios de la cultura popular hasta rincones inimaginables. Por tanto, ya nadie se sorprende con las transgresiones que en su momento hicieron a Byrne una figura controvertida. Aunque Byrne sigue siendo un artista revolucionario, hoy puede viajar en el metro de Nueva York sin llamar más la atención que el cowboy desnudo que canta música country a los turistas en Times Square.

Las opiniones expresadas aquí son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente están de acuerdo con los criterios editoriales de Terra Magazine.

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