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AFP
Los 4.000 millones de dólares que ha invertido Venezuela en armas, aún están muy lejos de los 28.000 millones gastados por Brasil.
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Oscar Raúl Cardoso
Buenos Aires, Argentina
Se ha transformado casi en una costumbre. En los últimos años ha habido, para esta misma época, anuncios sobre la inminencia de una carrera armamentista en América Latina, práctica alarmista que puso en marcha el ex presidente de Costa Rica y premio Nobel de la Paz, Oscar Arias, durante una conferencia en el 2006. El 2008 no tenía porque ser la excepción.
La región es, sin embargo, en el planeta la que menos dinero fiscal destina a la defensa. Pero, aun así, ¿es sensato desactivar toda alarma? Esta es una duda que asuela a los expertos, lo admitan o no.
Veamos la dualidad. En su informe para el corriente año el SIPRI (siglas que identifican al Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo) señaló que "el volumen de trasferencias internacionales de armas a América del sur fue, en el período 2003-2007, superior en un 47% que en tramo 1998-2002".
Los investigadores hallaron también "alguna evidencia de comportamiento competitivo" entre países como Brasil, Colombia y Venezuela por "la naturaleza y el momento de las Comoras", pero concluyeron "es improbable que América del Sur esté en medio de una carrera armamentista tal y como se la define clásicamente". Se compran más armas en la región, pero no hay carrera armamentista.
EL SIPRI es una de las voces más respetadas en la materia, pero otras igualmente consideradas dan matices diferentes. El Servicio de Investigación del Congreso de Estados Unidos, por ejemplo, llamó la atención en un reciente estudio sobre los 4.400 millones de dólares que Venezuela invirtió en armamento 2003-2006, según los cálculos de la organización.
Con Hugo Chávez Venezuela se ha convertido en el país que, creen los observadores, puede dar la medida de ese fantasma del armamentismo en América Latina. Por eso el reciente anuncio del presidente venezolano según el cual viajará a Rusia en la segunda quincena de julio para analizar la posibilidad de nuevos encargos de defensa a aquel país genera ahora titulares múltiples.
Si el año pasado fueron los fusiles Kalashnikov y los submarinos de la clase Kilo y Amir -con 6.000 millas de autonomía- los que llevaron a Chávez hasta Moscú, esta vez son los sistemas digitales de defensa aérea y de inteligencia.
Pero no es Venezuela -en estos tiempos siempre bajo la lupa- el único agente que ha aumentado su gasto en defensa. Brasil invertirá este año aproximadamente el 55% (algo menos de 28.000 millones de dólares) del total del gasto en defensa de la región (50.000 millones de dólares), suma que no tiene precedente en la pasada década. La Argentina será, con excepción de Uruguay, la nación que en el 2008 tendrá un menor incremento en su presupuesto de defensa.
Pero una cosa es considerar montos y porcentajes cual si los tuviéramos aislados en una probeta de laboratorio y otra es revisarlos a la luz de las viejas y nuevas tensiones que se dan en la escena internacional y que pueden involucrar a América Latina.
Un ejemplo claro de factores imponderables es la incursión este año de tropas colombianas en territorio ecuatoriano y en la crisis que amagó con volverse militar entre Colombia, Ecuador y Venezuela. Aunque la tensión se disolvió, en gran parte por intervención de las diplomacias latinoamericanas, varios "casus belli" mantienen su vigencia en el trío.
Por ejemplo, dos investigadores -Carlos Malamud y Carlota García Encina- del Real Instituto El Cano advirtieron en mayo pasado sobre las consecuencias de un posible desmembramiento de Bolivia que, dijeron en un estudio, "amenazaría la seguridad de la Argentina y Brasil" y también podría afectar a Chile y Perú.
Uno de los peligros que enumeran es el de las oleadas migratorias para escapara a la supuesta guerra civil. En ese trabajo citan maniobras del Ejército brasileño cuyo objetivo fue "resguardar" a la población del sur del país de aquellas oleadas.
Otros factores que los expertos consideran parte del problema son los aumentos en el petróleo y alientos que están alterando las economías y la tranquilidad social de muchos países. América del sur es por su potencial productivo de esas "commodities" (petróleo en Venezuela y Ecuador, carnes y granos en la Argentina y el Uruguay) candidata a quedar en el vértice de cualquier conflicto que se genere a partir de los recursos básicos, incluyendo el que pueda tener un costado militar.
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