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Irak, el terrorismo y la imagen de Obama

EFE
El candidato demócrata debió campear dos crisis de gran dimensión durante un fin de semana sumamente agitado.

Pablo Calvi
Nueva York, Estados Unidos


"El senador Obama les dirá que no podemos ganar en Afganistán sin perder en Irak, pero de hecho es exactamente al revés", dijo el martes en un discurso altamente provocador el senador y candidato republicano John McCain. "Yo sé cómo ganar una guerra y si me eligen haré lo mismo en Afganistán que en Irak, crearé una estrategia para salir victoriosos".

La fanfarronería de McCain, claro, tuvo como eje las declaraciones del candidato presidencial Barack Obama, quien afirmó el lunes que la guerra que se podía ganar no es la de Irak sino la de Afganistán. Obama había propuesto además hacer un esfuerzo en la frontera de Pakistán para desmantelar las redes más peligrosas del terrorismo internacional.

En sus declaraciones de ayer, McCain agitó con fuerza la bandera de la experiencia y la capacidad de conducción en un momento en que los ánimos están más que caldeados en el corazón financiero de los Estados Unidos, con el derrumbe de las entidades de préstamos hipotecarios Fannie Mae y Freddie Mac y los principales inversionistas y agentes financieros clamando por un nuevo presidente con agallas y vocación de liderazgo.

En sus declaraciones el martes, que sembraron más dudas que certezas en Wall Street, el presidente George W. Bush aseguró que la estructura financiera de los Estados Unidos es sólida e insistió en levantar las restricciones para la exploración petrolera en las plataformas submarinas del Atlántico, el Pacífico y Alaska, que hasta hoy están prohibidas por ley.

"Seguramente no se producirá ni un barril mañana, les concedo, pero creará un efecto de sicología inversa", se despachó llanamente el saliente Bush en una conferencia televisada desde la Casa Blanca. Apenas cerraron las emisiones en cadena desde Washington, Wall Street experimentó un retroceso de varios puntos en sus acciones líderes. "No estoy seguro tampoco de que el gobierno deba intervenir en el rescate de fondos privados", había deslizado Bush, casi como desembarazándose de un problema que deberá afrontar la próxima administración.

En este contexto las críticas de McCain a Obama no hacen más que debilitar la imagen del senador por Illinois, quien además debió campear dos crisis de gran dimensión durante un fin de semana sumamente agitado.

Ambas crisis estuvieron justamente relacionadas con uno de los puntos más delicados para el candidato demócrata: la imagen. La primera de las escaramuzas estalló luego de una nota publicada por el matutino New York Daily News el viernes. Según el periódico neoyorquino, Obama estaba a punto de patrocinar un automóvil de carreras en las ultrapopulares series de carreras Nascar.

"La campaña de Obama está sumamente interesada en mostrar su logo y los nombres de algunos simpatizantes para la carrera del tres de agosto", decía el director de Marketing de Obama Meaghan Burdick en un fax que misteriosamente se filtró hasta la redacción del diario.

La posible vinculación del candidato demócrata con la famosa corporación Nascar por la friolera de 800.000 dólares puso en pie de alerta a muchos de sus simpatizantes, sobre todo a quienes tienen como prioridad la reducción inmediata en las emisiones de monóxido de carbono, que figura como uno de los temas centrales en la plataforma del candidato.

El sábado, Obama logró fintear la controversia con cierta elegancia dando por terminadas las negociaciones con Nascar. Sin embargo, una explosión de mayor magnitud sacudió nuevamente al equipo demócrata, esta vez el domingo, cuando la prestigiosa revista The New Yorker publicó en la tapa una caricatura del candidato y su mujer vestidos como terroristas.

"Publiqué las caricaturas no para llamar la atención gratuitamente, sino porque tenía algo que decir", justificó en una entrevista televisada por CNN el editor de la publicación, David Remnick. "La ilustración tiene una intención irónica... eso es lo que hacemos en la revista desde siempre", concluyó.

A pesar de que el matrimonio Obama se mantuvo en silencio, la respuesta desde los cuarteles demócratas no se hizo esperar.

"Hemos recibido miles de comentarios de mucha gente y nuestros votantes están enojados", dijo el jefe de campaña de Obama David Axelrod en una entrevista con la cadena MSNBC. "Las caricaturas son sumamente ofensivas", agregó Axelrod, quien además aseguró que hay una delgada línea entre la sátira y la agresión, mientras ponía énfasis en la ametralladora AK47 que el caricaturista Barry Blitt puso en manos de la mujer del candidato.

Las opiniones expresadas aquí son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente están de acuerdo con los criterios editoriales de Terra Magazine.

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