Terra
Terra
 
 

Terra Magazine

› Terra Magazine › Columnistas › Thomas L. Friedman

Interpretando la naturaleza

The New York Times
Thomas L. Friedman.

Thomas L. Friedman
De The New York Times

PLANICIES DE JAO, Botswana ¿ ¿Quién diría que en las áreas más remotas del Delta de Okavango, en Botswana, donde no hay carreteras asfaltadas, teléfono o TV, podríamos encontrar un periódico matutino en el lado de afuera de la carpa con noticias frescas, previsión del tiempo y resultados deportivos? ¿Quién lo diría?

Claro que este no es cualquier periódico. El periódico en cuestión aquí de las Planicies de Jao, en el Noroeste de la región pantanosa de Okavango, se lo publica literalmente en la carretera. Los pantanos están cortados por senderos de hipopótamos y caminos estrechos con la arena blanca del Desierto de Kalahari. Y todas las mañanas, cuando usted salga para investigar la vida salvaje local, no se asombre si el guía turístico se ladea en su jeep analizando las huellas de animales e insectos y diga que está "leyendo las noticias matutinas".

Para nuestra suerte, el guía es Map Ives -un señor de 54 años, director de sustentabilidad del Wilderness Safaris, que apoya el ecoturismo en Botswana- y fue realmente fascinante verlo interpretar los jeroglíficos de la madre naturaleza.

Después de analizar aquel trecho, Ives nos informa que las "últimas noticias" son que algunos leones tuvieron que huir apresuradamente de aquel lugar, conclusión a la que él llegó por las huellas profundas y espaciadas de los animales. Ellos salieron corriendo. La "previsión del tiempo" era de viento oeste, nos lo dijo, señalando hacia el lado en el que las huellas estaban más borradas. Los pantanos estaban llenos en aquella mañana, porque las huellas de las hienas tenían fallas, indicando que sus patas estaban mojadas. ¿En la sección de "deportes"? Bien, aquí las hienas habían capturado su "presa", probablemente un antílope, como indica el rastro en la arena que sigue hasta unos 40 metros en dirección a los arbustos. En cada kilómetro se puede leer un nuevo periódico.

Acompañar a Ives, que fue criado a orillas del Delta de Okavango, es algo mentalmente extenuante. Cada dos segundos él señala nuevos servicios que la naturaleza nos presta gratuitamente: las plantas limpian el aire; el papiro y los juncos filtran el agua.

Las palmeras crecen gracias al cimiento construido por las termitas. Dios bendiga las termitas. Ellas formaron todas las islas verdes del delta. Las termitas mantienen su base caliente. Solo atrae animales cuyo estiércol se transforma en semilla y fertilizante para ayudar en el crecimiento de los árboles. Ives puede estar hablando de cebras, pero, si un pajarito pasa cerca, él sólo comenta "estornino de ojos azules" en el medio de la frase y sigue el asunto de las cebras.

"Si usted pasa el tiempo suficiente en la naturaleza y si se permite permanecer en paz con el ambiente a punto de activar sus sentidos, con exposición y práctica, podrá comprender significados en la arena, en el césped, en los arbustos, en los árboles, en el movimiento del viento, en la intensidad del aire, en los sonidos de las criaturas y en los hábitos de los animales con los cuales usted está dividiendo el espacio", dice Ives. Los seres humanos tienen esa capacidad innata.

Desafortunadamente, dijo él, "la velocidad con la que los humanos desarrollaron tecnologías desde la Revolución Industrial atrajo mucha gente a las grandes ciudades y ofreció recursos naturales "procesados", lo que hizo con que esa nueva capacidad innata de entender la naturaleza "desapareciera tan rápido como la biodiversidad".

Y ahora llegamos al tema de esta columna. Estamos intentando trabajar con esa gama de problemas interconectados -los cambios climáticos, las fuentes de energía, la pérdida de la biodiversidad, la pobreza y la necesidad de producir comida para alimentar el planeta- de forma aislada. Aquellos que luchan contra la pobreza antagonizan los defensores de los cambios climáticos, que a su vez raramente mencionan la biodiversidad en sus conferencias; los especialistas ocupados en exterminar el hambre tienen ciertas reservas contra los protectores de la biodiversidad.

Toda esa gente debería hacer un safari junta.

"Debemos parar de pensar en esas cuestiones como si las mismas fueran aisladas y tratar de ellas de forma integrada, ya que ellas ocurren en la misma cadena natural", dijo Glenn Prickett, vicepresidente sénior de la Conservation International. "Tenemos el vicio de pensar en los cambios climáticos como una cuestión de energía, pero también es una cuestión de aprovechamiento del suelo: un tercio de las emisiones de gas que causan el efecto invernadero viene de la deforestación y de la agricultura. Entonces, necesitamos preservar los bosques y otros ecosistemas para resolver la cuestión de los cambios climáticos y no sólo para preservar especies en extinción."

Pero también necesitamos doblar la producción de alimentos para suplir nuestra población que no para de crecer. "Y eso debe hacerse sin deforestar más ni tampoco drenar nuestras fuentes naturales de agua, lo que quiere decir que los hacendados necesitarán nuevas tecnologías para plantar más en el mismo espacio de tierra que tienen hoy, y con menos agua. Los bosques, los pantanos y las praderas sanas, no sólo preservan la biodiversidad y almacenan carbono, sino también ayudan a amenizar los impactos de los cambios climáticos. Lo que me hace pensar que resolver todas esas cuestiones de suma importancia depende de que establezcamos soluciones integradas y sustentables."

En resumen -y cualquier lector de los "periódicos" de Okovango concordaría conmigo- necesitamos garantizar que nuestras políticas relacionadas a esos asuntos sean tan integradas como la propia naturaleza. Lo que no ocurre hoy en día.

Las opiniones expresadas aquí son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente están de acuerdo con los criterios editoriales de Terra Magazine.

Terra Magazine

Terra Magazine América Latina, Vea las ediciones en español