
|
The New York Times
Thomas L. Friedman.
|
Thomas L. Friedman
De The New York Times
Asistir a los desdoblamientos en Teherán me llevó a tres preguntas: ¿Fue el Facebook para la Revolución Moderada de Irán lo que fue la mezquita para la Revolución Islámica iraní? ¿Sería el Twitter para los iraníes moderados lo que fueron los muecines para los mulás iraníes? Y, finalmente, ¿representa eso algo positivo para los judíos -especialmente para el primer ministro de Israel, Bibi Netanyahu?
Pregunto eso por lo siguiente: en los últimos ocho años en Irak, en el Líbano, en los territorios palestinos, y, con menos intensidad, en Egipto, hubo más espacio para las elecciones democráticas. Lo que es una buena noticia. Infelizmente, los grupos que tuvieron el apoyo y la movilización popular -y los defensores más enérgicos- para sacarle ventaja a ese nuevo espacio fueron los islamitas. Es decir, el Hezbollah en el Líbano, el Hamás en Gaza y en Cisjordania y varios partidos suníes y chiitas en Irak, además de la Hermandad Musulmana en Egipto. La opinión de centro no se encontraba en ningún lugar.
Una de las razones más grandes por las cuales los islamitas lograron organizarse, movilizarse y prepararse para cuando sus sociedades fueran un poco más flexibles, es porque ellos tenían la mezquita -un lugar para encontrarse, educar e inspirar a sus seguidores- totalmente separada del estado.
En casi todos esos casos, los islamitas fueron demasiado lejos. En el Líbano, el Hezbollah llevó el país a una guerra desastrosa. Lo mismo hizo el Hamás en Gaza. Los islamitas suníes y chiitas en Irak intentaron imponerles un modo de vida religioso a las comunidades y los mulás de Irán censuraron a los reformistas. El año pasado, sin embargo, las autoridades línea dura de esos países recibieron "en la misma moneda" de las mayorías centristas, que detestan a los grupos islamitas.
El Hezbollah fue derrotado en las elecciones libanesas. El Hamás debe encarar un Fatah fortalecido en Cisjordania y pierde cada vez más popularidad en Gaza. Los suníes de Irak eliminaron a los yihadistas gracias al movimiento tribal Despertar, mientras el partido más grande pro iraní en Irak fue derrotado en las recientes elecciones distritales.
Y en Irán, cientos de miles de iraníes con sed de libertad apoyaron públicamente al candidato Mir Hussein Moussavi, forzando al presidente Mahmoud Ahmadinejad a robar en las elecciones. (Si él realmente ganó la elección iraní con un margen de dos por uno, como él mismo lo dice, ¿No pediría él el recuento de los votos para vanagloriarse ante todo el mundo? ¿Por qué no lo hizo?) Lo que es fascinante para mí es la cantidad de tecnologías que las fuerzas más seculares de moderación utilizan en Irán y en el Líbano, como Facebook, Flickr, Twitter, Blogger, los mensajes de texto y su mezquita virtual, lugar donde pueden reunirse, movilizarse, planificar, informar y fortalecer a sus simpatizantes, separado del estado.
Por primera vez, los moderados -siempre perdidos entre los regímenes autoritarios, con plenos poderes bajo el estado, y los islamitas, que tenían plenos poderes en la mezquita- ahora tienen su lugar para encontrarse y proyectar su poder: internet. The New York Times relató que el grupo de seguidores de Moussavi sólo en Facebook llegó a 50.000 miembros. Ese número ciertamente no cabría en una mezquita, una de las razones por las cuales el gobierno intenta bloquear esos sitios web.
Pero mientras esas tecnologías colocan a los moderados en igualdad con los islamitas, en lo que se refiere a la capacidad de comunicación, todavía no ha llegado el momento de festejar. Primero porque "moderados" es un término relativo. El primer ministro de Irak, Nouri Kamal al-Maliki, aunque más secular y nacionalista que los islamitas iraquíes, quiere centralizar el poder y solidificar su grupo Dawa como el partido del gobierno.
Segundo, aunque sean derrotados en la elección, los islamitas y sus regímenes tienen un comodín: las armas. Las armas son más poderosas que los teléfonos móviles. Una bala hiere más que el mensaje escrito en el Twitter. El movimiento suní Despertar, de Irak, tuvo éxito porque los moderados de allá tienen armas. Dudo que Ahmadinejad se rinda pacíficamente.
Lo que me lleva a Netanyahu. Los eventos en el Líbano y en Irán tomaron por sorpresa a Israel. Los oficiales israelíes empezaron a decir que preferían mucho más que Ahmadinejad ganara en Irán ¿no que los israelíes lo prefieran, sino porque creen que él y su postura cobarde y antisemita reflejan la personalidad inmutable y verdadera del régimen iraní. Los israelíes temen que los moderados tomen el poder y no causen verdaderos cambios en Irán, o en sus ambiciones nucleares, sino que solamente ayuden a disfrazarlas mejor.
Pero hay señales, aunque débiles, de que se esté formando otra tendencia en la región. El régimen iraní parece estar dividiéndose en el tope. Eso puede amenazar el plan de seguridad de Netanyahu. Israel no puede ser seducido y tampoco debe ser indiferente a esas señales. La nación debe estar abierta a ellas y debe entender que su relación con los palestinos y los asentamientos puede ayudar esas tendencias - aunque de forma indirecta. Pero mucho puede empezar de forma indirecta.
"La ascensión de esas fuerzas moderadas, en el caso de que sean reales y sustentadas, tendrá una mayor contribución a largo plazo para la seguridad nacional de Israel", dijo Gidi Grinstein, presidente del Instituto Reut, un think tank. "Si algunas de esas fuerzas moderadas empezaran a convergir, entonces el panorama de la seguridad en Israel cambiaría radicalmente." Es muy temprano para saber, dijo, "pero Israel debe ser un organismo vivo en este proceso y no debe simplemente depender de su estructura antigua."
Terra Magazine