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The New York Times
Thomas L. Friedman.
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Thomas L. Friedman
De The New York Times
Confieso. Soy un fan de elecciones libres y justas. Me conmueve ver a las personas depositando sus votos en una caja para expresar su deseo, especialmente en una región en la que esto raramente sucede. Entonces vine al Líbano, el domingo, para ver a los libaneses que realizaban su elección nacional. Pretendía ser libre y justa, no como la elección de mentira que veremos en Irán, en la que sólo pueden participar candidatos aprobados por el Líder Supremo. No, en el Líbano fue verdadera y los resultados fueron fascinantes. El presidente Barack Obama derrotó al presidente de Irán, Mahmoud Ahmadinejad.
Ya lo sé. Ninguno de los dos estaba en la elección, pero no hay dudas sobre cuál visión ganó aquí. En primer lugar, una mayoría consistente de cristianos libaneses votó contra la lista de Michel Aoun, que quería aliar a su comunidad con la del partido chiita Hezbollah, y tácitamente con Irán, pues él los veía más capaces de proteger los intereses de los cristianos, y no el Occidente. En vez de eso, la mayoría cristiana votó por los que querían preservar la soberanía del Líbano y su independencia de cualquier poder regional.
En segundo lugar, una amplia mayoría de todos los libaneses -musulmanes, cristianos y drusos- votó por la coalición del 14 de marzo, liderada por Saad Hariri, hijo del primer ministro del Líbano asesinado, Rafik Hariri. Esta coalición apoyada por los Estados Unidos ve el futuro del Líbano como un estado independiente de la influencia siria e iraní y comprometido con su pluralismo, educación moderna, una economía moderna y un panorama progresista.
Saad Hariri, con 71 de las 128 sillas del parlamento, probablemente será el próximo primer ministro. Sabe que su gabinete deberá incluir elementos significativos de la facción Aoun y del Hezbollah. Pero a medida que cualquiera saliese de esta elección con la autoridad moral de conducir el próximo gobierno, fue la coalición que quiso que el Líbano fuera dirigido por y para los libaneses, no para Irán, no para Siria y no para combatir a Israel.
Infelizmente, el Líbano todavía está lejos de tener un gobierno estable, y el Hezbollah sigue siendo una fuerza armada y poderosa fuera del estado libanés. Sin embargo, algo importante sucedió aquí: La comunidad libanesa, armada solamente con votos, y no con balas, venció.
"Votaron por su país y modo de vida", dijo el historiador libanés Kemal Salibi. "Había una obstinación. Fue un triunfo de la esperanza y del coraje".
Los votos eran las únicas armas que la coalición del 14 de marzo tenía contra la alianza Irán/Hezbollah/Siria, que se sospecha ampliamente que está involucrada en el asesinato de Rafik Hariri, como también de otros seis miembros progresistas del último parlamento y dos de los mejores periodistas del Líbano -Gebran Tueni y Samir Kassir- porque insistieron en la independencia de su país. Y, aún así, los aliados, hijos y, en un caso, hija -Nayla Tueni- de estos políticos asesinados defendieron las elecciones y vencieron.
Vi la votación en una escuela en la villa de Brummana, en las montañas. Las personas llegaban en su automóvil, en sillas de ruedas, a pie, jóvenes, ancianos y enfermos. Una señora muy anciana entró con un pequeño tanque de oxígeno. El tubo estaba en su nariz para ayudarla a respirar. Un joven cargaba el cilindro plata de oxígeno a su lado y, del otro lado, una joven la ayudaba a apoyarse. Pero, por Dios, ella iba a votar.
"Las personas nunca se reunieron de esta forma antes", me dijo Sebouh Akharjelian, un empresario de 29 años que estaba en la fila de la votación. "Las apuestas son muy altas. O es rendirse a Ahmadinejad, o quedarse en el grupo pro Occidente".
Me impresionó cómo fue conciliatorio el líder del Hezbollah, Hassan Nasrallah, en su discurso de reconocimiento el lunes. Toda la retórica exaltada y las amenazas de las semanas anteriores habían desaparecido. No tengo dudas de que hará todo lo que Irán le imponga. Pero ya no puede fingir que tiene algún mandato para arrastrar al Líbano a la guerra con Israel nuevamente. Esto demuestra que hay un poder en todas estas personas, en todas las pequeñas señoras que votaron en contra de él, y parece que él lo sabe.
Mientras los libaneses merecen el 95% del crédito por esta elección, el 5% es para dos presidentes de los Estados Unidos. Como más de un libanés me susurró: Sin George Bush para resistir a los sirios en 2005 ¿y forzarlos a salir del Líbano después del asesinato de Hariri¿ esta elección libre no hubiese sucedido. Bush ayudó a crear el espacio. El poder hace la diferencia. Obama ayudó a despertar la esperanza. Las palabras también hacen la diferencia.
"La capacidad de los estados de dominar todo y realizar elecciones falsas agotó demasiado a las personas de esta región", dijo Paul Salem, analista del Centro Carnegie para la Paz Internacional. "Y en la mayoría de las veces, el mundo nunca se preocupó con esto. Y entonces llegó este hombre (Obama), que vino hasta ellos con respeto, hablando sobre los valores profundos, sobre su identidad y dignidad y su progreso económico y educación, y esta persona les mostró que el mundo no es esta pequeña prisión en la que las personas viven aquí. Aquel cambio era posible".
Nuevamente, no vamos a exagerar lo que sucedió aquí. Pero en una región en la que extremistas tienden a ir hasta el fin y los moderados tienden a simplemente irse, ver a los moderados mantener su posición y ganar en algún lugar -con votos, y no con balas, sorprendentemente- bueno, vale la pena aplaudir.
Terra Magazine