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The New York Times
Paul Krugman
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Nuevas proyecciones presupuestarias muestran un déficit acumulado para los Estados Unidos de 9 mil millones de dólares a lo largo de la próxima década. De acuerdo con muchos comentaristas, ese es un número alarmante, que exige una acción drástica, especialmente, claro, cancelar los esfuerzos para apalancar la economía y cancelar la reforma de la salud.
La verdad es más complicada y menos asustadora. En verdad, los déficits actuales están ayudando a la economía. Los déficits aquí y en otras grandes economías, incluso, salvaron el mundo de una recesión mucho más profunda. La perspectiva a largo plazo es preocupante, pero no exactamente catastrófica.
La única razón para la preocupación está en la política. Los EE.UU. sólo podrán administrar sus deudas en el caso de que políticos de ambos partidos estén dispuestos a mostrar un mínimo de madurez. ¿Hace falta decir más?
Empecemos entonces por los efectos del déficit de este año.
Hay dos motivos principales para el aumento de los números negativos. En primer lugar, la recesión provocó una disminución acentuada en el ingreso tributario y un aumento de gastos con seguro de desempleo y otros programas sociales. Además de eso, los rescates financieros fueron muy caros. Son contados como parte del déficit, aunque a cambio el gobierno haya adquirido activos y deba recibir al menos parte de su dinero.
Eso nos dice que, en este momento, el déficit es algo positivo. Imagínese lo que sucedería si el gobierno americano y sus contrapartes alrededor del mundo hubiesen intentado equilibrar sus presupuestos, como hicieron al inicio de la década de 1930. Mejor ni pensarlo. Si los gobiernos hubiesen aumentado los impuestos o cortado los gastos por cuenta de la recesión, en el caso de que se hubiesen negado a rescatar a las instituciones financieras en dificultades, podríamos ahora estar viviendo una repetición de la Gran Depresión.
Como dije, los déficits salvaron el mundo.
En realidad, sería mejor para todos si los gobiernos estuviesen dispuestos a incurrir en déficits incluso más grandes a lo largo de uno o dos años. La previsión oficial de la Casa Blanca muestra el país preso en el limbo por un período prolongado, con el alto desempleo persistiendo por años. En el caso de que eso esté correcto -y justamente es ese mi miedo- deberíamos estar haciendo más, y no menos, para apoyar la economía.
Pero, ¿y toda esa deuda a la que estamos incurriendo? Eso es malo, pero es importante mantener alguna perspectiva. Los economistas normalmente evalúan la sostenibilidad de la deuda viendo la relación entre ella y el PIB. Y, a pesar de que 9 mil millones de dólares son un importe asombroso, nuestra economía también es gigantesca, lo que significa que las cosas no son tan asustadoras así.
Vea por la siguiente perspectiva: hubo un aumento en la relación deuda/PIB de cerca de 40 puntos porcentuales. El interés real sobre esa deuda adicional (se resta la inflación) debe quedar alrededor del 1% del PIB, o del 5% del ingreso federal. Eso no me parece un fardo insostenible.
Claro, eso en el caso de que el crédito del gobierno americano permanezca bueno, para hacer préstamos con tasas de interés relativamente bajas. Hasta ahora todo parece bien en ese sentido. Pesa a la perspectiva de grandes déficits, el gobierno logra hacer préstamos a largo plazo y con tasas de interés de menos del 3,5%, lo que es bajo incluso para los estándares históricos. Las personas que apuestan con dinero real no parecen preocupadas con la solvencia americana.
Los números lo explican mejor. Según las proyecciones de la Casa Blanca, hasta 2019, la deuda neta federal será de aproximadamente el 70% del PIB. Eso no es bueno, pero está dentro de los límites históricamente administrables para los países avanzados, incluso aquellos con gobiernos relativamente débiles. Al inicio de la década de 1990, Bélgica -que está profundamente dividida por fronteras lingüísticas- tenía una deuda neta del 118% del PIB, mientras que Italia -que es, bueno, Italia- tenía una deuda neta del 114% del PIB. Ninguna necesitó enfrentar una crisis financiera por eso.
Entonces, ¿no hay con qué preocuparse? Sí lo hay, pero el peligro está en la política y no en la economía.
Como dije, esas proyecciones de 10 años no son tan malas como dicen por ahí. Sin embargo, el gobierno americano podrá tener grandes problemas -en un futuro muy distante- en el caso de que no promueva algunos cambios significativos. En especial, debe contener el crecimiento de los gastos con los programas Medicare y Medicaid. Eso no debe ser difícil en el contexto de una reforma general de la salud. Al fin y al cabo, los Estados Unidos gastan mucho más con la atención de salud que otros países ricos, sin resultados mejores, de modo que deberíamos ser capaces de dejar nuestro sistema más productivo y menos caro.
Pero eso no sucederá, claro, si incluso los intentos más tímidos de mejora del sistema sean barrados por la demagogia de los conservadores, acabarán vistos como una iniciativa para "apagar los aparatos de la abuela".
Por lo tanto, no se preocupe con el déficit de este año; el déficit federal en este momento es necesario y seguiremos necesitándolo hasta que la economía esté en franca y sólida recuperación. Y esa deuda extra debe ser administrable. Si se transforma en un problema, no será porque la economía no puede tratar una deuda más. Será culpa de la política.
Terra Magazine