Terra
Terra
 
 

Terra Magazine

› Terra Magazine › Columnistas › Paul Krugman

La eutanasia republicana

The New York Times
Paul Krugman

Paul Krugman
The New York Times

"Estoy en esta disputa porque no quiero que la nación pase el próximo año luchando en Washington las mismas batallas de la década del 90. No quiero una disputa entre la América Azul y la América Roja. Quiero gobernar los Estados Unidos".

Fue eso lo que dijo Obama en noviembre de 2007, convenciendo a los demócratas a nombrarlo, en detrimento de sus rivales, porque sólo él podría libertar a la nación del separatismo amargo del pasado.

Algunos de nosotros vieron esa declaración con escepticismo. Algunos meses después del discurso de Obama observé que su visión de "un tipo diferente de política" era una esperanza vana, que cualquier demócrata que llegase a la Casa Blanca enfrentaría "una sucesión de acusaciones jocosas y escándalos fabricados, viabilizados por los principales medios de comunicación que no tienen coraje de hacer directamente tantas acusaciones falsas".

¿Y ahora?

El presidente Obama seguramente enfrenta el mismo tipo de oposición que el presidente Bill Clinton enfrentó en el pasado: una derecha colérica que no acepta la legitimidad de su presidente y que difunde en altos gritos los rumores forjados por los medios de comunicación de derecha.

Es imposible calmar esa oposición. Algunos formadores de opinión dicen que Obama polarizó el país siguiendo pautas exageradamente liberales, pero la verdad es que los ataques al presidente no tienen relación alguna con sus hechos y propuestas.

En este momento, el asunto que más deflagra acusaciones es la reforma de la salud, que, según Sarah Palin, generará "el cuadro de muerte", anticipando la muerte de ancianos y otros ciudadanos. Eso es una farsa, claro. El proyecto que exigía que Medicare pagara el apoyo psicológico a los ancianos fue presentado por el senador Johnny Isakson, republicano -sí, leyó bien, republicano- de Georgia, que dice que es una "locura" siquiera pensar en la eutanasia.

Y hace muy poco tiempo, algunos de los más tórridos entusiastas de la eutanasia, incluyendo a Newt Gingrich, ex vocero de la Casa Blanca, además de la propia Palin, apoyaban las llamadas "directivas avanzadas" de los profesionales de salud en el caso de que el paciente estuviera incapacitado o en coma. Era exactamente eso que se proponía, y que ahora, después de toda la histeria, fue retirado del proyecto de ley.

Asimismo, la mancha sigue difundiéndose. Como muestra el ejemplo de Gingrich, ese no es un fenómeno aislado: antiguos personajes republicanos, incluso los supuestos moderados, endosaron la mentira.

El senador Chuck Grassley, de Iowa, es uno de esos supuestos moderados. No sé decir de dónde viene esa reputación centrista, al final de cuentas, fue él que comparó los críticos de Bush a Hitler, de todas formas, su papel en el debate del cambio en el sistema de salud es absolutamente despreciable.

La semana pasada, Grassley alegó que el tumor en el cerebro de su compañero Ted Kennedy no sería tratado de forma adecuada en otros países, porque ellos prefieren "gastar dinero con personas que pueden contribuir más con la economía".

Le dijo, la semana pasada, a una platea "ustedes tienen todo el derecho de temer", y nosotros "no podemos tener un plan de salud administrado por el gobierno que nos diga cuándo apagar los aparatos de nuestras abuelas".

Recordando, esas son las palabras de un supuesto republicano centrista, miembro del Bando de los Seis, y parece que, intentando formular un plan de salud de dos partidos.

Y se va el sueño de Obama de sobrepasar las fronteras políticas.

La verdad es que los factores que influyeron más negativamente en la política de la era Clinton -la paranoia que tomó cuenta de una vasta mayoría de americanos, alimentada por republicanos gobernantes- siguen más vivos que nunca. En realidad, la situación tiende, incluso, a empeorar, porque el colapso de la administración Bush dejó a los republicanos sin líderes, a no ser Rush Limbaugh.

La pregunta ahora es: ¿cómo tratará Obama la muerte de su sueño de política extra partidaria?

Hasta ahora, por lo menos, la reacción de la administración Obama ante el odio de la derecha radical es absolutamente impasible. Es como si los oficiales del gobierno estuvieran paralizados de sorpresa al reconocer que ese tipo de reacción sucede con otros políticos además de los Clinton, como si sólo estuvieran esperando que pase la discusión.

¿Y qué debe hacer Obama? Sería bueno, en primer lugar, que diera explicaciones más claras y concisas sobre su plan de salud. Incluso, mejoró mucho ese aspecto en las últimas semanas.

Lo que falta todavía es un sentido de pasión y urgencia, pasión por el objetivo de garantizarles salud a todos los americanos y urgencia para acabar con las mentiras y el fomento del miedo que se está usando para destruir ese objetivo.

¿Logrará Obama, tan elocuente en los mensajes de apoyo a su pueblo, deshacer los nudos dados por la oposición furiosa e irracional? Sólo el tiempo lo dirá.

Las opiniones expresadas aquí son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente están de acuerdo con los criterios editoriales de Terra Magazine.

Terra Magazine

Terra Magazine América Latina, Vea las ediciones en español