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The New York Times
Paul Krugman.
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Paul Krugman
De The New York Times
El panorama político cambió inmensamente desde que el último presidente demócrata intentó reformar el servicio de salud. La situación de la salud es la siguiente: Con los costos altísimos y la cobertura cada vez más limitada, no se puede decir exactamente que la salud en los Estados Unidos está en buenas condiciones. Y si tenemos en cuenta las encuestas realizadas por The New York Times/CBS divulgadas la semana pasada, los electores están listos para apoyar un cambio radical.
El tema, ahora, es si ese intento de renovación tendrá éxito, ya que algunos senadores demócratas están actuando como en 1993.
Sí, leyó bien, senadores demócratas. Los republicanos, salvo algunas excepciones, decidieron hacer lo posible para transformar la administración Obama en un fracaso. Su rol en el debate de la salud es ir en contra y siguen gritando los mismos clichés -¡sistema de salud federal! ¡Socialismo! ¡Europa!-esperando que alguien todavía les preste atención.
Las encuestas sugieren que casi nadie se las presta. Los electores, por lo que parece, apoyan con todas sus fuerzas una garantía de cobertura y aceptan bien la idea de que son necesarios más impuestos para obtener esta garantía. Además, ellos apoyan, de forma casi unánime, una propuesta demócrata, acusada por los republicanos de "medicina socialista" -la creación de una opción de sistema de salud público que compita en el mercado con los seguros de salud privados-.
Es decir, en la práctica, los electores apoyan el plan de salud propuesto por los tres comités de la Casa Blanca la semana pasada, que consiste en una combinación de subsidios y regulaciones para llegar a una cobertura de salud integral y que introduce un plan de salud público que pueda competir con las aseguradoras con bajos costos.
Pero también es muy probable que la reforma no suceda, como en varias ocasiones en el pasado.
La cuestión de los costos no me preocupa. Sí, los costos de los planes del Senado divulgados por el Departamento Presupuestario del Congreso fueron más altos que lo esperado y causaron preocupaciones considerables la semana pasada. Pero el hecho fundamental es que podemos pagar por el sistema de salud integral, incluso los cálculos más altos fueron inferiores a los costos de US$ 1,8 billones de los cortes de impuestos de la era Bush.
Además, los líderes demócratas saben que ellos deben aprobar el proyecto de la reforma de la salud para poder supervivir. De una forma o de otra, el presupuesto se ajustará.
El riesgo verdadero aquí es que la reforma de la salud será perjudicada por los senadores demócratas "centristas" que intentan impedir la aprobación del proyecto o insisten en cambios de puntos vitales de la reforma. Uso comillas en "centristas" porque si consideramos que el centro es donde está la mayoría de los americanos, entonces esos dichos centristas son, en realidad, de extrema derecha.
Lo que los demócratas testarudos están determinados a hacer es acabar con la opción por el sistema público, eliminándola completamente o haciendo esquemas traicioneros para transformar esta capacidad de elección en algo inútil. Para que conste, ni las cooperativas de salud regionales ni los planes de salud estatales -ambos sugeridos como alternativa- tendrían la estabilidad financiera o el poder de negociación necesarios para disminuir los costos de salud.
No se sabe qué motiva a esos demócratas, ya que no explican sus razones en público.
Entonces, el senador Ben Nelson de Nebraska declaró inicialmente que la opción pública -que, recuerden, tiene el apoyo popular -era una "dificultad" para aprobar el proyecto. ¿Por qué? Porque creía que las aseguradoras privadas podían competir: "Al fin y al cabo, los planes públicos salen ganando". Pero, ¿la propuesta de la reforma de salud es para proteger a los ciudadanos americanos o a las aseguradoras?
Nelson amenizó su posición después que los apoyadores de la reforma hicieron una campaña pública teniéndolo como blanco y divulgando su posición públicamente.
Y el senador Kent Conrad, de Dakota del Norte, sugiere un argumento bastante circular: No podemos tener una opción pública de salud, porque, en el caso de que la tuviéramos, la reforma de la salud no recibiría los votos de los senadores como él. "En una situación de 60 votos", dijo (rechazando implícitamente la idea apoyada por el presidente Barack Obama, de ir directo a la votación cuando sea necesario), "debemos atraer algunos republicanos y también mantener a todos los demócratas unidos y eso, me parece que no será posible con una opción puramente pública de salud".
Francamente, no entiendo cuál es el objetivo de demócratas como ese. Sí, algunos de esos senadores testarudos reciben importes altos en contribuciones de la industria médica, pero, ¿cuáles políticos no los reciben? Si tuviera que adivinar, diría que los demócratas conservadores todavía tienen el viejo sueño de construir líderes, de recrear el centro de ideologías partidarias compartidas que solía mandar en los Estados Unidos.
Pero esa fantasía no puede interferir en la aprobación de la reforma que los Estados Unidos tanto necesitan. Esta vez, el centro no puede prevalecer.
Terra Magazine