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The New York Times
Noam Chomsky.
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Noam Chomsky
De The New York Times
Un titular de CNN sobre los planes de Obama para su discurso en El Cairo dice: "Obama quiere tocar el alma del mundo musulmán". Tal vez la frase capture su intención, pero más significativo es el contenido que la postura de la retórica oculta o, más precisamente, omite.
Sobre Israel-Palestina -el discurso no ofreció nada sustancial sobre otros tópicos- Obama incentivó a los árabes e israelíes a no "señalarse con los dedos" uno al otro y a no "ver este conflicto sólo desde un lado o desde el otro".
El tercer lado, sin embargo, es Estados Unidos, que tiene un papel decisivo en el mantenimiento del conflicto. Obama no indicó que el papel de EE.UU. debe cambiar o debe ser reevaluado.
Obama, una vez más, elogió la Iniciativa Árabe de Paz, diciendo que los árabes deberían considerarla como "un importante inicio, pero no el fin de sus responsabilidades". ¿Cómo debería verla la administración de Obama?
Obama y sus consejeros están conscientes de que la Iniciativa reitera el consenso internacional, desde hace mucho tiempo, que demanda el acuerdo con la creación de dos países en la frontera internacional (antes de junio de 1967), tal vez con "pequeñas y mutuas modificaciones", para prestarse el lenguaje usado por el gobierno de Estados Unidos. La Iniciativa Árabe de Paz convoca a los países árabes a normalizar las relaciones con Israel en el contexto del consenso internacional.
Obama pidió que los países árabes prosigan con la normalización, ignorando cuidadosamente el crucial acuerdo político, que es una precondición. La Iniciativa no puede ser el "comienzo" si EE.UU. sigue negándose a aceptar sus principios fundamentales o, incluso, a reconocerlos.
¿Qué debe hacer Israel en retribución a los esfuerzos de los países árabes para normalizar las relaciones? La posición más fuerte enunciada hasta ahora por la administración Obama es que Israel debe cumplir la Etapa I del Road Map 2003: "Israel debe paralizar todas las actividades de asentamiento (incluso el crecimiento natural de los asentamientos)".
Lo que no se trató en el debate sobre los asentamientos es que, incluso si Israel aceptara la Etapa I, eso pararía todo el proyecto de asentamiento que ya fue desarrollado, con el soporte clave de EE.UU. Los asentamientos garantizan que Israel tomará la valiosa tierra dentro del ilegal "muro de separación" (incluyendo las fuentes primarias de agua de la región), como también el Valle de Jordán, aprisionando a los palestinos dentro de un territorio limitado que, además de eso, se está dividiendo en cantones por la invasión de asentamientos/infraestructura que se extienden mucho hacia el Este.
Tampoco se mencionó que Israel está tomando el Gran Jerusalén, el lugar de sus principales programas de desarrollo actuales, desplazando a muchos árabes, de forma que lo que les reste a los palestinos será separado del centro de su vida cultural, económica y sociopolítica.
Y esta actividad de asentamiento viola la legislación internacional.
Vale recordar que hubo un quiebre en el apoyo EE.UU. - Israel que bloqueó el consenso internacional. El Presidente Clinton reconoció que los términos que había ofrecido en las reuniones fracasadas en Camp David, en 2000, no eran aceptables para ningún palestino y, en diciembre, propuso sus "parámetros," que avanzaron en la dirección de un posible acuerdo. Entonces, anunció que ambos lados habían aceptado los parámetros, pero ambos con reservas.
Los negociadores israelíes y palestinos se reunieron en Taba, en Egipto, para resolver las diferencias, e hicieron considerables progresos. En su última rueda de prensa, anunciaron que podrían llegar a una resolución total en pocos días. Sin embargo, Israel canceló prematuramente las negociaciones, que no fueron formalmente reanudadas.
Esta única excepción indica que si un presidente americano estuviera dispuesto a tolerar un acuerdo diplomático significativo, este probablemente pueda ser alcanzado.
La administración Bush I fue un poco más allá de las palabras en la objeción a proyectos israelíes de asentamientos ilegales, al negarles el apoyo económico de EE.UU. En contraste, las autoridades de la administración de Obama afirmaron que esas medidas "no están en discusión" y que cualquier presión sobre Israel para que cumpla los términos del Road Map será, "en gran parte, simbólica", tal como lo anunció el New York Times.
En los bastidores del viaje a Medio Oriente está la meta de la administración Obama, enunciada claramente por el senador John Kerry, presidente del comité de relaciones exteriores del senado, de forzar una alianza entre Israel y los países árabes "moderados" contra Irán. La mencionada alianza serviría como un baluarte para la dominación de EE.UU. sobre las regiones vitales de producción de energía.
(De todos modos, el término "moderado", no tiene nada que ver con el carácter del país, pero demuestra su intención en cumplir las demandas de EE.UU.).
Los servicios sin paralelo que Israel les ofrece a las agencias de inteligencia y a los militares de EE.UU., como también a la industria de alta tecnología, proporcionan cierta libertad de acción para desacatar las órdenes de Washington, aunque con el riesgo de ofender a su patrocinador. El extremismo del actual gobierno está siendo controlado por elementos más serios.
En verdad, en el caso de que Israel vaya más lejos, eso podrá dar inicio a un enfrentamiento de la política entre EE.UU. e Israel, como el que muchos comentaristas notan hoy en el discurso de El Cairo o en otro lugar, hasta ahora, con poca base factual. El pronóstico para la política de EE.UU. en el área Israel-Palestina probablemente presentará más de lo mismo.
Terra Magazine