Terra
Terra
 
 

Terra Magazine

› Terra Magazine › Columnistas › Christopher Hitchens

Negociar con Irán: sexo con alguien que te odia

The New York Times
Christopher Hitchens.

Christopher Hitchens
The New York Times

Azar Nafisi escribió en su libro, Leyendo Lolita en Teherán, que "vivir en la República Islámica es como tener sexo con alguien a quien odias". Ese veredicto ha ganado cada vez más fuerza y acritud conforme pasan los años y a más mujeres se apedrea, ahorca, golpea, viola y silencia. Las últimas noticias dicen que a los hombres iraníes también se los está violando en la prisión por intentar ejercer su derecho al voto. Y ahora el gobierno de los Estados Unidos llegó al punto en el que se debe preguntar: ¿Cómo es negociar con un hombre que te odia y todos los viernes conduce oraciones públicas pidiendo tu muerte?

Los titulares del viernes pasado anunciaron que la administración de Obama aceptó la invitación de Teherán, hecho el miércoles anterior, para que tengan lo que The New York Times llamó de "conversaciones incondicionales". Después, se anunció que la administración llevó "menos de 48 horas" discutiendo si debería aceptar o no la invitación, lo que resalta un detalle sencillo, aunque interesante, de que esta debe haber sido la decisión más significativa tomada por el equipo del presidente Barack Obama en el octavo aniversario de los ataques del 11 de septiembre.

Yo apoyo completamente esas conversaciones sin condiciones preestablecidas. Ya dije varias veces que yo creo que debemos ofrecer nuestra cooperación a los iraníes en una variedad de tópicos, especialmente el de "preparar" Irán contra el terremoto eminente que podría devastar su capital. Es posible que haya un interés en potencial en que tengamos enemigos en común en Talibán y en Al-Qaeda.

Pero las cosas cambiaron un poco desde que el presidente y su secretaria de estado fueron contendientes sobre la palabra "incondicional" en las primarias. Primero, está cada vez más claro que el programa de centrifugación y enriquecimiento de uranio de Irán hizo posible su capacidad de armamento nuclear. Segundo, quedó obscenamente obvio que la teocracia está preparada para gobernar puramente por la fuerza y tomar las medidas más atroces para permanecer en el poder sin necesitar de mandato.

Por lo tanto, sería bueno saber, incluso sin "condiciones preestablecidas", si la administración llevó dos puntos en consideración. El primero es: ¿Será que podemos realmente esperar que la República Islámica negocie honestamente las condiciones relacionadas a su programa nuclear? Y la segunda es: ¿Qué sabemos sobre el efecto de esas dichas conversaciones para la moral y el liderazgo de la oposición iraní?

Se puede presumir que el regime del presidente Mahmoud Ahmadinejad haya tenido sus propias razones para colocar en pauta un documento proponiendo negociaciones e incluyendo el Reino Unido, Francia, Rusia, Alemana y China -justamente los países que tienen relaciones comerciales con Irán- en la invitación. La carta fue enviada en el mismo período en que el gobierno ruso se opuso a hacer sanciones a Irán por falta de cooperación, en el mismo período en que Ahmadinejad anunció que Irán nunca haría su programa de combustible nuclear y a las vísperas de la aparición de Ahmadinejad en el podio de las Naciones Unidas al final de este mes.

Perdone mi escepticismo, ¿pero no será posible que esa iniciativa de Teherán sea otro intento de ganar tiempo?

Mientras tanto, no hay dudas de que por lo menos a tres de los seis países abordados se los esté invitando a negociar con cierta coerción. En una violación imperdonable de inmunidad diplomática (una expresión un tanto familiar), a empleados de las embajadas de Francia y del Reino Unido en Teherán se los aprehendió y juzgó públicamente desde el levante que resultó del golpe tramado por la Guardia Revolucionaria en junio. Y al corresponsal iraní de la revista Newsweek -que también tiene ciudadanía canadiense- lo mantuvieron prisionero por casi el mismo período de tiempo. Sin querer insistir en las "condiciones preestablecidas", no parece mucho exigir que el régimen iraní no mande invitaciones a países cuyos ciudadanos o diplomáticos estén siendo mantenidos como rehén.

Y en la más relevante cuestión de la omisión del Irán con relación a sus avances en producir armas nucleares, y del silencio diplomático inconcebible de hablar de su propio programa, la declaración de la embajadora de los Estados Unidos en las Naciones Unidas, Susan Rice, n fue muy reconfortante. Ella declaró que la administración de Obama no impondrá "plazos artificiales" a Ahmadinejad. ¿Por que eso no es reconfortante? Porque es imposible saber o que ella quiso decir por "plazo artificial". ¿Quién preferiría un plazo "real" en que, por ejemplo, las Naciones Unidas exigiera que Irán demostrara el cumplimiento de las resoluciones de proliferación nuclear del Consejo de Seguridad -y todos saben que hay muchas de ellas- o enfrentar sanciones impuestas por la ONU? Claro que nadie, pero no parece que era eso a lo que Rice se refería.

A lo que todo indica, entonces, parece ser una más de aquellas tramoyas de los mulás. ¿Y será que el Departamento de Estado o la CIA se dieron el trabajo de, en aquellas 48 horas en las que la decisión se estaba discutiendo, tomar declaraciones de los líderes de la sociedad civil iraní? Llevando en cuenta el plazo tan corto, parece que ni siquiera se les ocurrió esa idea. Aquí está lo que oí del profesor Abbas Milani, director del departamento de estudios iraníes de la Universidad de Stanford:

"Cuando lea la carta iraní y note cómo está vacía de imparcialidad, lo que de hecho es, no restará otra opción a no ser concluir que ellos están contando con su aliado en la Rusia de Putin para prohibir cualquier resolución contra ellos. Para que los rusos puedan inclusive pretender ser serios en su discurso contra imponerle más presión al régimen, Teherán también necesitó fingir que esa era una negociación seria". Ese análisis parece englobar todos los hechos disponibles sobre la cuestión. Tal vez excesivamente parecido con hacer sexo con alguien que te odia.

Christopher Hitchens es columnista de la revista Vanity Fair y de Slate Magazine (www.slate.com), donde la columna FIGHTING WORDS aparece originalmente. Hitchens ha enviado reportajes desde más de 60 países y ha escrito más de una docena de libros. Los trabajos de Hithcnes han sido también publicados de manera regular en The Atlantic, The New York Times Book Review, Harper's, Newsweek International y The New York Review of Books. Es autor de "Thomas Jefferson: Author of America", publicado por Atlas Books. Su último libro es "God Is Not Great: How Religion Poisons Everything" (Twelve). Artículo distribuido por The New york Times Syndicate.

Las opiniones expresadas aquí son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente están de acuerdo con los criterios editoriales de Terra Magazine.

Terra Magazine

Terra Magazine América Latina, Vea las ediciones en español