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El hombre más buscado de Irán

The New York Times
Christopher Hitchens

Christopher Hitchens
The New York Times

El elegido por Ahmadinejad para ser Ministro de Defensa es buscado por la Interpol por planificar un ataque a bomba a una sinagoga argentina.

El presidente Obama dijo que quiere que "la República Islámica de Irán" sea recibida de nuevo en la "comunidad de naciones". Desafortunadamente, es justo el hecho de ser una república islámica que excluye a Irán de tal consideración.

Un recuerdo evidente de eso fue ofrecido la semana pasada, cuando el presidente del país, Mahmoud Ahmadinejad, hace poco salido de su reciente golpe militar, nombró su elegido para ministro de defensa, Ahmad Vahidi, que, si confirmado, será el único titular del cargo en todo el mundo que será simultáneamente buscado por la Interpol.

Vahidi solía ser el jefe de la llamada Fuerza Quds, un brazo sombrío de la Unidad de la Guardia Revolucionaria Iraní, que realiza operaciones secretas en el extranjero. En 1994, de acuerdo con una acusación argentina adoptada por la alerta roja de la Interpol, o lista de los más buscados, él fue uno de los responsables por "idear, planificar, financiar y ejecutar" la demolición del centro cultural de la comunidad judaica en Buenos Aires (AMIA). Hubo 85 muertes y centenas de heridos.

Entre los cinco coconspiradores citados en esta atrocidad estaba Mohsen Rezai, ex jefe de la Guardia Revolucionaria y, más recientemente, candidato a la presidencia, y el fallecido Imad Mugniyeh, el líder con base en Damasco del ala militar del Hezbollah, él propio un representante declarado de la República Islámica.

En la época, el secretario general de la Interpol, Ronald K. Noble, dijo que "una alerta roja enfría los viajes -limita los viajes- y coloca el gobierno en el poder en riesgo de explicar porqué una persona a quien se le emite una alerta roja puede andar libremente".

Una versión diferente de este mismo punto sucedió con una fuerza específica a servicio del ministro de las Relaciones Exteriores de Canadá en 2006. Su gabinete notó que un cierto Saeed Mortazavi tenía un viaje marcado de Irán, vía Frankfurt, para Ginebra. Mortazavi era y sigue siendo el procurador general muy detestado y temido de Teherán, cargo en que fue supervisor de la violación y del asesinato de una ciudadana canadiense, una fotoperiodista llamada Zahra Kazemi, en 2003.

Él también había libertado a sus violadores y asesinos después que dos comisiones independientes habían declarado que ellos eran los responsables. (¿Hace falta añadir que Mortazavi estaba a camino de Ginebra como integrante de la delegación oficial de Irán al Consejo de Derechos Humanos?) El ministro de las Relaciones Exteriores, Peter MacKay, llamó por teléfono a sus compañeros para hacer que se arrestara a Mortazavi y se lo extraditara a Canadá, pero él no fue suficientemente rápido.

Hay, realmente, una acumulación impresionante de casos que se deben considerar. En 1997, un tribunal alemán declaró que el fusilamiento de varios kurdos iraníes en el restaurante Mykonos en Berlín, en 1992, había sido aprobado y ordenado por un comité del gobierno iraní que incluía el Líder Supremo" Ali Khamenei y el entonces presidente Rafsanjani.

Esta no sería la primera vez que una investigación criminal interactuaba con los hombres que están al frente del estado iraní: Mark Bowden dio una declaración convincente, tal vez conclusiva, de que Mahmoud Ahmadinejad estaba entre los tomadores de rehenes y secuestradores que violaron la inmunidad diplomática en la embajada estadounidense en Teherán, y hay legisladores en el parlamento austríaco que exigieron una investigación sobre su papel como líder de la Guardia Revolucionaria al suministrar las armas y el dinero que usó un escuadrón de la muerte iraní para asesinar al líder kurdo iraní Abdul-Rahman Ghassemlou en Viena, en 1989.

El término Guardia Revolucionaria no era, hasta recientemente, el objeto de interés en el que se transformó desde entonces. Pero el golpe militar de este año en Teherán, del cual esa organización fue el motor principal, se colocó en la línea de frente de nuestra atención. La violación y la tortura de jóvenes iraníes, la intimidación pública sádica, y algunas veces el asesinato, de mujeres, el cierre de periódicos y la falsa incriminación en un juzgamiento con veredicto predeterminado, para fines propagandísticos, de políticos e intelectuales de la oposición. Todo eso es fruto de la actividad y de la ambición de la Guardia Revolucionaria. Podemos estar limitados cuanto a nuestra ayuda y defensa de los iraníes que están confinados dentro de sus propias fronteras.

Pero, con seguridad, llegó el momento de que la comunidad internacional hable con una sola voz y diga que los líderes de ese grupo criminal deben quedar dentro de sus propias fronteras también. Tal vez menos invitaciones para que el "Presidente" Ahmadinejad dé conferencias en la Universidad de Columbia y tal vez con menos países extendiéndole la alfombra roja a su ministro de defensa.

Cuanto al envío de supervisores conocidos de asesinato y tortura a las reuniones de cumbre de los derechos humanos en Ginebra, puede ser que eso se vuelva una sutil prohibición también. Algunas de esas personas tienen cuentas bancarias en el extranjero como resultado de años de fraude a la desamparada y apática economía iraní: Congelen esas cuentas o confísquenlas y manténgalas en depósito para el día en que la democracia llegue.

Escondidas en algún lugar en Irán hay personas que fueron pagadas por su gobierno para cometer asesinatos sectarios en el Líbano y en Irak, y que organizaron y realizaron asesinatos e intentos de asesinato contra los redactores y los editores de Salman Rushdie, un escritor que vivía en Londres en aquella época. Todo el mundo puede ve ahora que el gobierno iraní perdió toda la legitimidad en casa. De igual importancia es el hecho de que presenta la cara de una empresa criminal al mundo exterior también.

No hay ninguna familia de naciones, excepto en el sentido informal de "familia del crimen", a la que pueda ser invitado a pertenecer. Debemos, primero, restringir sus líderes, exigir la extradición de sus muchos cómplices buscados y cobrar pesadas multas de sus organizaciones representantes en el extranjero.

La semana en que el gobierno de Obama fue tan elocuente sobre la humillación británica, en las manos del coronel libio Gaddafi, es un excelente momento para recordar nuestras propias responsabilidades en este sentido, incluyendo nuestro deber con nuestros vecinos canadienses. Pero recuerde: Gaddafi, después de la caída de Bagdad, por lo menos decidió entregar sus materiales nucleares. En el caso de Irán, no demorará mucho tiempo para que los bandidos teocráticos, tramposos y asesinos tengan su propia capacidad de fisión nuclear y de misiles nucleares. Tenga esto en mente, ya que ellos obviamente ya lo tienen.

Christopher Hitchens es columnista de la revista Vanity Fair y de Slate Magazine (www.slate.com), donde la columna FIGHTING WORDS aparece originalmente. Hitchens ha enviado reportajes desde más de 60 países y ha escrito más de una docena de libros. Los trabajos de Hithcnes han sido también publicados de manera regular en The Atlantic, The New York Times Book Review, Harper's, Newsweek International y The New York Review of Books. Es autor de "Thomas Jefferson: Author of America", publicado por Atlas Books. Su último libro es "God Is Not Great: How Religion Poisons Everything" (Twelve). Artículo distribuido por The New york Times Syndicate.

Las opiniones expresadas aquí son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente están de acuerdo con los criterios editoriales de Terra Magazine.

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