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Un pésimo trabajo

The New York Times
Christopher Hitchens

Christopher Hitchens
De The New York Times.

¿La visita de Bill Clinton a Corea del Norte valió la pena? De ninguna manera.

Me gustaría llamar la atención para un pequeño detalle sobre lo ocurrido con Laura Ling y Euna Lee, las dos periodistas americanas que fueron arrestadas sin justificativos, detenidas ilegalmente y liberadas aleatoriamente por la familia criminal que controla el norte da península coreana. La misma familia que trata a sus habitantes como esclavos prisioneros y a todos los vecinos como rehenes, en el blanco de sus misiles.

A las dos jóvenes fueron arrestadas en marzo y sueltas en agosto, eso significa que pasaron casi medio año en prisiones norcoreanas. Sin embargo, a juzgar por las fotografías divulgadas, que las muestran retornando al suelo estadounidense, mantenían el mismo aspecto físico de cuando las detuvieron ilegalmente.

Yo, sin embargo, pasé mucho menos tiempo disfrutando de la honrosa hospitalidad norcoreana y aún así perdí peso. La estadística sorprendente y ampliamente divulgada sobre Corea del Norte es que sus ciudadanos son en promedio cinco centímetros más bajos que los surcoreanos. Y aunque sea "un promedio", el número se observa incluso en los soldados. Cuando se llega a medir ese déficit de crecimiento de los hijos de la última generación, que pasó hambre en el país, la situación se muestra más preocupante.

Es difícil imaginar, por lo tanto, lo que ocurre con los prisioneros de los gulags norcoreanos. Hay un régimen de inanición que bordea el sistema esclavista. Aún así, quedó claro que Ling y Lee no fueron maltratadas, ni tampoco pasaron hambre, como le ocurriría a cualquier civil norcoreano, o prisionero común del régimen.

La conclusión lógica de eso es obvia. El bando de Kim Jong II siempre planeó soltarlas. Ellas fueron arrestadas para que las soltaran posteriormente y se las mantuvo en buenas condiciones para cuando llegara la hora exacta.

Pero, ¿será que saber eso no diluye nuestra alegría de verlas volviendo a casa? ¿Será que el "querido líder" no se dio ínfulas de superioridad porque su truco funcionó? ¿Será que el pueblo norcoreano no está siendo constantemente recordado, a través de los megáfonos esparcidos por el país, que el mundo gira alrededor del ombligo de su gobernante, y que hasta un poderoso estadista estadounidense compareció al aeropuerto trayendo sus disculpas, elogiando y aceptando la custodia de las invasoras de su paraíso socialista?

Por más que la prensa local no le haya hecho reproches a la situación, nada fue tan elogioso como lo que dijo Lanny Davis, ex consejero de Bill y Hillary Clinton. Recomiendo que lea atentamente su artículo y note el servilismo de Davis. Aquí está un trecho: "La liberación de las dos periodistas en Corea del Norte... fue un hecho extraordinario, proveniente de la combinación del talento y liderazgo político de tres grandes figuras de nuestro tiempo: la Secretaria de Estado Hillary Rodham Clinton, su marido, el ex presidente Bill Clinton y el Presidente Barack Obama. Sin el talento y la unión mágica resultante del trabajo conjunto de esos tres..."

Vamos a parar por ahí. Usted necesita leer todo el artículo y ver con sus propios ojos.

Davis es un conocido adulador de los Clinton, pero fue superado por Henry Kissinger en su artículo en el Washington Post del último domingo. Nuestro ex secretario de estado, mal informado y aburrido como siempre, enumeró una lista de preguntas retóricas sin siquiera darse al trabajo de responderlas: "Se espera que en situaciones en las que a las personas se las mantiene rehenes y las condiciones inhumanas sean impuestas para impedir juicios críticos. Es ahí donde el verdugo gana su poder de negociación. Por otro lado, hay siempre varios millones de americanos viviendo o visitando el exterior. ¿Cómo garantizamos su protección? ¿Esta lección nos mostró que cualquier grupo, o gobierno inescrupuloso, puede exigir un encuentro con nuestros líderes, amenazando tomar nuestros ciudadanos como rehenes, o someterlos a malos tratos? ¿Será que si justificamos a Corea del Norte como un caso especial, por causa do su poderío nuclear, no estaríamos creando incentivos para la proliferación del mal?"

Lo que aparece en este artículo es la retórica vacía, tal vez porque él y Kim Jong II compartan los mismos amigos, clientes y aliados de negocios en Beijing (razón por la cual él habla tan brevemente sobre las cuestiones de derechos humanos de la crisis). Pero por lo menos las preguntas, que él no se dio el trabajo de responder, son válidas, y al parecer las dos últimas respuestas son "sí".

Desde que Bill Clinton empezó sus "relaciones" con Corea del Norte, hace una década, nada de lo que el régimen hacía era considerado posible de castigo. Desde que se firmó el "acuerdo de los seis", en febrero de 2007, en Beijing, Corea del Norte no sólo violó la cláusula de pruebas nucleares y producción de armas plutonio, sino también ignoró solemnemente todas las soluciones sugeridas por la ONU. Esas políticas agresivas y arrogantes fueron llevadas adelante sin ningún castigo.

Mientras tanto, a la población civil de Corea del Norte se la mantiene en régimen de esclavitud y hambre, con la ayuda de alimentos de otros países conseguida exactamente por chantajear y hacernos cómplices de ese nauseabundo juego. Mientras a los civiles de Corea del Sur se les amenaza de exterminio sangriento caso ofrezcan cualquier resistencia al chantaje nuclear que mantiene el terror.

Entonces, desde la semana pasada, resultado de una inmensa inversión de tiempo, energía, prestigio y un poco de cortesía forzada, podemos decir que redujimos el número de prisioneros de Corea del Norte en dos, que serían libertadas de todos modos. A cambio, le dimos nuestra inmensa gratificación y adulamos al hombre que secuestró a esas personas, y que se burla diariamente de las leyes internacionales. Hubo expresiones de "remordimiento". ¿Adivinen de quién? Con seguridad no del dictador que hace que en su territorio sea imposible entrar o salir.

Un pésimo trabajo.

Christopher Hitchens es columnista de la revista Vanity Fair y de Slate Magazine (www.slate.com), donde la columna FIGHTING WORDS aparece originalmente. Hitchens ha enviado reportajes desde más de 60 países y ha escrito más de una docena de libros. Los trabajos de Hithcnes han sido también publicados de manera regular en The Atlantic, The New York Times Book Review, Harper's, Newsweek International y The New York Review of Books. Es autor de "Thomas Jefferson: Author of America", publicado por Atlas Books. Su último libro es "God Is Not Great: How Religion Poisons Everything" (Twelve). Artículo distribuido por The New york Times Syndicate.

Las opiniones expresadas aquí son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente están de acuerdo con los criterios editoriales de Terra Magazine.

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