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El hogar del hombre es su castillo constitucional

The New York Times
Christopher Hitchens

Christopher Hitchens
De The New York Times

Existen cosas que usted puede hacer cuando un policía lo confronta, y hay otras que jamás debería osar. En el feriado del Día del Memorial, estaba pasando en un taxi por el Memorial del Vietnam en Washington cuando una patrulla de la policía pasó cortando el tránsito, lo que hizo con que todo el tráfico parara repentinamente. Cuando abrí la ventana del coche y pregunté cuál era el problema y cuánto tiempo duraría, una policía con semblante de bestia rubia y rata vieja gritaba hacia mí, como si hubiera esperado el año entero por la oportunidad de descargar su rabia en alguien (ella vestía un uniforme que yo ayudé a pagar con mis impuestos).

Generalmente es difícil para mí mantener la boca cerrada, pero cuando vi que aquella criatura estaba loca para provocar una confusión, noté que la discusión sería inútil y llevaría días (creo que fue la forma agresiva como ella gritaba ¿¡Porque nosotros podemos!¿ y ¿¡Porque estamos mandando!¿). La situación, especialmente mi pasividad hedionda, me asombra hasta ahora. Pero, no sé si usted me entendería, no reforzó mi humillación. Yo incluso me había olvidado de la historia, hasta hace poco.

Un día de esos, yo caminaba por un suburbio tranquilo de California, reflexionando sobre un artículo que estaba escribiendo. De repente, un coche de policía se me acercó silenciosamente con sus luces parpadeando. ¿¿Qué está haciendo usted?¿ No sé bien qué me pasó ¿tal vez la seguridad del aeropuerto que me había atrasado el viaje aquella semana- pero yo decidí que no estaba con paciencia para aquel tipo de autoridad y respondí "¿Quién quiere saber?" y continué caminando.

¿¿Dónde vive usted? Dijo la voz. ¿¿Qué le importa?¿, respondí. ¿¿Qué tiene debajo de su saco?¿. ¿¿Sospecha de algo concretamente para querer saber?¿ Yo estaba prácticamente embriagado por mis derechos constitucionales. Hubo una pausa y entonces el policía, casi acusándome, me preguntó cómo él sabría que yo no era un asaltante. ¿No podrá saberlo¿, le dije. ¿A mí me toca saber y averiguar, a usted. Espero que usted sospeche de algo en concreto¿. El coche me acompañó un poco más y después desapareció. No hay dudas de que el policía quería averiguar, pero no volvió.

Ese tipo de hechos refuerza la idea, que todos ya saben, que hay muchos desajustados, inmaduros y desequilibrados que acaban trabajando en las fuerzas policiales. Además, descubrí que un buen policía, incluso en la oscuridad de la noche, utiliza su juicio, aunque ¿el desdeñoso¿ sea un insoportable como yo. Pero, convengamos, ¿usted realmente cree que me habría ido tan bien -o que lo hubiera intentado- si yo fuera negro?

La cuestión racial la determina tanto lo que puede ocurrir, o lo que no ocurre o lo que normalmente ocurre. Colbert I. King, del Washington Post, escribió una vez en su columna que sus padres siempre lo educaron para ser extremadamente puntual. El motivo era que si él estuviera atrasado, acabaría teniendo que correr y un negro corriendo por las calles podría acabar detenido por la policía antes de llegar a su destino de derecho.

Yo consigo fácilmente entender que un vecino negro puede haber llamado a la policía cuando vio al profesor Henry Louis Gates Jr. intentar abrir la puerta de su propia casa con aparente violencia, y también consigo imaginar a un policía negro agresivo respondiendo al llamado. Y también me imagino el tiempo que llevó para que se resolviera el malentendido. Pero Gates es cojo y tiene un comportamiento modesto y discreto. Además, lo que sea que él le haya dicho al policía fue en la privacidad de su propia casa. Me parece una monstruosidad que un ciudadano pueda, en su propia casa, ser esposado y llevado a la jefatura, después de haber probado por varios modos ser el dueño de la casa.

El presidente Obama seguramente debería haberse quedado con la boca cerrada sobre lo ocurrido -él es un ex policía, que tiene un serio compromiso con la imparcialidad y no debe meterse en problemas domésticos- pero después de ya haber dicho que la conducta de la policía fue "torpe", él debería haber mantenido su opinión, incluso frente a las justificativas patéticas y oportunistas del Departamento de Policía de Cambridge. Lo que hace que un ciudadano sea soberano en su casa y en la privacidad de su hogar es la Constitución y no un aglomerado de comunidades o electores. No hay cualquier exigencia legal que nos obligue a que seamos educados en la defensa de nuestros derechos. Y esos derechos no pueden ser negociados tomando una cerveza en la Casa Blanca.

Raza y color son elementos secundarios en esa situación. Una vez me asaltaron en el Lower East Side, en Nueva York, y cuando llegué a la jefatura me mostraron un álbum con fotos de probables sospechosos y todos eran negros. Lo absurdo de todo esto está no sólo en el hecho de que la fuerza policial es mal entrenada y sin cultura, a punto de creer en lo que yo estaba diciendo, sino en la seguridad de que su estupidez estaría ayudando a los verdaderos culpados a salir ilesos. Gates debería haber construido su defensa basándose en la Ley de los Derechos Civiles y no en el color de su piel o del policía que lo aprehendió. Y, si el no tuvo la presencia de espíritu para tanto, eso no debería inhibirnos al resto de nosotros.

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