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The New York Times
Christopher Hitchens.
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Christopher Hitchens
De The New York Times
A veces creo que las grabaciones de Nixon nunca cesan de revelar cosas interesantes. Yo todavía estaba en la facultad cuando Richard Milhous Nixon fue electo presidente por primera vez, y todavía recuerdo el disgusto y la aversión que yo tenía sólo de ver, u oír, a aquel hombre y su adlátere, el asqueroso Henry Kissinger. La gente mayor y sabia dirá que las emociones y las opiniones intensas de la juventud se calmarán con la edad y la madurez traerá una cierta tranquilidad, pero la imagen de Nixon y su banda en la Casa Blanca todavía me infunde un odio indescriptible y me dan ganas de vomitar cosas que no me acuerdo haber comido antes.
Basta que consideremos las grabaciones de los primeros meses de 1973, recientemente liberadas por la Biblioteca y Museo Presidencial Nixon. Lo más impresionante es que hasta en los mejores detalles, la inmoralidad clamorosa y la criminalidad de la situación como un todo se trasparentan. La obscenidad moral de Nixon no era "compartimentada" entre una cuestión y otra. Por ejemplo, en la posición de Republicano defensor de los "valores familiares", se quedó chocado con la decisión de la Suprema Corte en el caso de Roe contra Wade. Pero, como cualquier persona, conseguía imaginar situaciones en las que el aborto podría ser justificable, o incluso deseable.
"Hay momentos en los que el aborto es necesario", dijo. "Yo lo sé. En el caso de blancos y negros. O de violación". La asociación de ideas entre el primer argumento y el segundo, si no fuese tan odiosa, sería patética y risible en cualquier individuo, pero en el presidente de los Estados Unidos se vuelve una cosa alarmante. En varios casos, sus observaciones sobre los negros americanos son crudas y casi siempre de tono sexual, al paso que sus insinuaciones sobre los compatriotas judíos son todavía más siniestras. Y, como siempre, las peores instancias de antisemitismo ocurren cuando Nixon conversa con su amigo Billy Graham.
En aquella época -febrero de 1973- los dos colegas están discutiendo la oposición judaica al movimiento evangélico Cruzada del Campus. Lo que los judíos no entienden, dice Nixon, es que ellos reflejan el odio en sí mismos. Vea la historia -odiados en España e incluso en Alemania. Los EE.UU. pueden ser los próximos. "Lo que yo realmente creo es que en el fondo hay mucho antisemitismo en este país, y esa su actitud sólo aumentará el prejuicio". Después de eso (situación en la que él probó que el antisemitismo "en este país" no está tan "en el fondo", ya que él mismo lo reprodujo en el Despacho Oval), él añade: "es posible que sean suicidas. Hace siglos que ese es el problema de nuestros amigos judíos".
En debates con religiosos, no paro de escuchar que aunque las creencias sean sobrenaturales difíciles de convencer, se puede decir, por lo menos, que la religión incentiva la moralidad y hace que las personas se comporten mejor. En cada una de las grabaciones de Nixon hasta ahora liberadas, él muestra su lado más bajo, feo y deshumano cuando lo anima, incita y a veces lo supera el más famoso cristiano nacido en los EE.UU. Prefiero no hablar al respecto.
Por peor -y más reveladora- que sea esa demostración de libertinaje e hipocresía, nada puede ser más brutal y cínico que las conversaciones sobre Vietnam. Nixon adoptaba un tono más severo en dos aspectos del asunto. A Charles Colson -otro cristiano férreo que le servía de consejero- le dice que el bombardeo implacable de los civiles vietnamitas del norte sería vengado y que aquellos que se opusiesen serían considerados "traidores". (Se puede oír en las grabaciones a su famosa secretaria, Rose Mary Woods, expresando el mismo deseo de castigo a los senadores y congresistas desleales.)
Pero era cuando conversaba con su colega más degenerado, Henry Kissinger, que mostraba su lado más cruel y depravado al expresar su intención de torturar a los vietnamitas del sur. Si el presidente de Vietnam del Sur, Nguyen Van Thieu, no concordase en firmar la versión de Nixon del acuerdo llamado en el futuro de "paz con honor", Nixon gritaba en las grabaciones de 1973 que "lo decapitaría si fuera necesario". Por lo tanto, se perdieron innumerables vidas de soldados de los EE.UU. y un número incalculable de vietnamitas para que la guerra terminase de la forma más vergonzosa, como propuesto en 1968 (cuando Nixon se juntó a Kissinger y a Nguyen para sabotear y oponerse contra sus propios términos; pero para saber más sobre eso, lea mi libro El Juicio de Henry Kissinger).
Y lo fue, de cierta forma, bueno para los republicanos que esas recientes cintas hayan sido liberadas en una semana en la que otros "escándalos" más entretenidos y divertidos nos distraían a todos. (Por lo menos nadie jamás acusó a Nixon o a Kissinger de tener cualquier clase de vida sexual mientras ocupaban sus cargos públicos, aunque esa falta de sexo se pueda notar en varios momentos de las grabaciones.)
El problema que permanece -para aquellos republicanos que ven la unificación de las opiniones del partido, apelando a un "centro" o un ¿punto común¿, como la única forma de mantener el partido vivo- es que el presidente más escandaloso y villano de la era moderna y su comparsa de política externa "realista" basaron su apelo exactamente en eso. El destino, y el proceso de revelación de documentos otrora confidenciales, decretó que recibiremos más y más pruebas nauseabundas de eso cada año hasta que todos los que se puedan acordar del antihéroe del "republicanismo moderno" y la mayoría silenciosa de los americanos de clase media llegó a un punto que ni Billy Graham puede molestarlos más.
Terra Magazine